Gonzalo Urdiales

Redactor de elEconomista
Observatorio

La actividad principal de sectores vitales como el transporte, la energía, la sanidad y las finanzas depende cada vez más de las tecnologías digitales. La pandemia de Covid-19 ha acelerado esta tendencia, que presenta una contrapartida evidente: la exposición de la economía y la sociedad a un número creciente de ciberamenazas.

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Hace casi 20 años, el escritor Michael Pollan exploró en un libro famoso -El dilema del omnívoro- la manera como nos alimentamos, examinando tres cadenas alimentarias que tienen al hombre en su cúspide: la industrial, la pastoril y la personal. Esta empresa llevó a Pollan a recorrer buena parte de Estados Unidos y conocer un concepto de sostenibilidad que hoy nos parecería pionero: el de los "cultivadores de hierba", pues así se denominaba uno de sus exponentes más destacados: Joel Salatin.

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En los últimos años, la automatización ha cobrado un protagonismo renovado en la información periodística, frecuentemente asociada a consecuencias negativas para el empleo. Así, por ejemplo, un reciente informe de McKinsey Global Institute -el think tank de la consultora homónima- alertaba sobre la posible pérdida de cinco millones de trabajos en España como consecuencia, entre otros factores, de la automatización.

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Aunque nos hemos pasado décadas imaginando cómo cambiaría un futuro más o menos inmediato -al menos, a través de obras de ficción-, la inteligencia artificial (IA) es hoy ya una realidad y una parte casi omnipresente de nuestra actividad diaria. De hecho, es muy posible que estés leyendo esta noticia gracias a ella: si has llegado aquí por una sugerencia de Google o animado por tu feed de Facebook, voilà, la IA ha formado parte del proceso. Puede parecer poco impresionante al lado de creaciones como HAL 9000, la inteligencia de 2001: Una odisea del espacio o Samantha, la asistente virtual a la que Scarlett Johansson ponía la voz en Her, pero lo cierto es que está mucho más presente en tu día a día de lo que te imaginas.

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Hace casi 60 años, el premio nobel de economía Milton Friedman escribió que "existe una y solo una responsabilidad social de las empresas: emplear sus recursos y realizar actividades diseñadas para aumentar sus beneficios, siempre y cuando cumpla las reglas del juego". En otras palabras, Friedman abogaba por que las compañías centraran sus esfuerzos en maximizar el valor para los accionistas, en el entendido de que los buenos resultados reflejarían mejor que ninguna otra magnitud la contribución al bienestar social de cualquier negocio.

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Los tejados pueden ser lugares bastante interesantes. El cine se ha encargado de demostrarlo en repetidas ocasiones: piensa en el comienzo de Batman, en la escena de Matrix en la que Neo esquiva las balas sin mover los pies del suelo, en los consejos fiscales que Tim Robbins le ofrece al alcaide en la azotea de la prisión de Shawshank en Cadena perpetua o en el emotivo final de la futurista Her.

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El hidrógeno es el químico más abundante del universo, nada menos. Júpiter, por ejemplo, está formado en casi un 90% por hidrógeno. En nuestro planeta no hay tanto -en grandes cantidades solo se encuentra en los océanos-, pero tiene muchos usos que quizás no conocías.

Día Mundial del Medio Ambiente

Naciones Unidas estima que la pandemia de Covid-19 redujo cerca de un 7% las emisiones de dióxido de carbono (CO2) el año pasado. Sin embargo, como recoge en su informe anual Emissions Gap Report de 2020, esta caída no tendrá un impacto significativo en el objetivo de limitar el calentamiento global muy por debajo de 2 °C -e idealmente a 1,5 °C- respecto de la época preindustrial establecido en el Acuerdo de París de 2015. Según la Organización Meteorológica Mundial (WMO, por sus siglas en inglés), el cambio climático siguió su curso "sin tregua" en 2020, un año que figurará entre los tres más calurosos de la historia.

Día Mundial del Medio Ambiente

El próximo 4 de noviembre se cumplirán cinco años de la entrada en vigor del Acuerdo de París, un compromiso histórico para combatir el cambio climático y emprender acciones que conduzcan a una economía baja en carbono. Este tratado, adoptado por 195 países además de la Unión Europea en la Conferencia de las Partes (COP21) sobre cambio climático en diciembre de 2015, ha sentado las bases de la conversación global sobre el clima y, sobre todo, ha fijado un objetivo claro: limitar el calentamiento global muy por debajo de 2 °C y hacer todo lo posible por no superar los 1,5 °C respecto a los niveles preindustriales.