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Tu basura está llena de materias primas (y no lo sabías): la 'magia' de la economía circular

  • La tecnología amplía el alcance del reciclaje y optimiza la gestión de los recursos
Imagen: iStock.
Madrid

Aunque el concepto de economía circular se remonta a los años 60 y 70 del siglo pasado, es posible encontrar ejemplos de este planteamiento mucho más atrás en el tiempo. Al fin y al cabo, la idea básica es sencilla: eliminar los desperdicios, reutilizar los recursos y regenerar la naturaleza, en la definición que ofrece la Ellen MacArthur Foundation, una organización benéfica que promueve este nuevo sistema de producción y consumo.

Así, quizá te sorprendería saber que, ya en el Paleolítico, las herramientas de pedernal más pequeñas se fabricaban a partir de hachas de mano antiguas, o que en el Neolítico incluso las cerámicas, hechas de arcilla y, por lo tanto, disponibles en abundancia, se reciclaban con frecuencia, según cuenta Maikel Kuijpers, profesor asistente en el Instituto Max Planck de Historia de la Ciencia, en The Conversation.

Hoy en día, gracias a la innovación y una adecuada gestión de los residuos, podemos, por ejemplo, transformar ocho botes de conserva en una olla exprés, fabricar una llanta de bicicleta con 80 latas de refresco, extraer de ocho cajas de cereales el material necesario para editar un libro o convertir 22 botellas de plástico en una camiseta.

Alcanzar una economía circular plena, sin embargo, implica transformar cada eslabón del ciclo productivo, incluyendo la gestión de los recursos y la manera en que fabricamos y usamos los productos. Los beneficios son elocuentes: un estudio de la Ellen MacArthur Foundation y Material Economics, una consultora especializada en sostenibilidad, cifra en 9.300 millones de toneladas la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) asociada al diseño de nuevos usos para los desechos y la reutilización de los materiales: el equivalente a las derivadas de todas las formas de transporte a escala global. "No cabe ninguna duda de que este cambio se va a producir, sí o sí. Otra cosa es la rapidez con la que este nuevo modelo de economía circular se asiente de manera generalizada. No se trata de una tendencia, sino de una realidad", asegura Carolina Ibáñez, gerente de Desarrollo Ambiental de Repsol.

El caso de los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) es paradigmático. En Europa, por ejemplo, donde del 20 al 28 de noviembre se celebra la Semana Europea de la Reducción de Residuos (EWWR), se generan cada año 12 millones de toneladas de RAEE o, lo que es lo mismo, más de 16 kg por persona. Y menos del 40% se recicla. Dar una segunda vida a nuestros electrodomésticos, smartphones y ordenadores tendría un impacto muy apreciable: por ejemplo, prolongar un año la vida útil de todos los teléfonos móviles en la Unión Europea (UE) podría evitar la emisión de 2,1 millones de toneladas de CO2 al año en 2030, lo que emite una población de unas trescientas mil personas en un año.

Por descontado, el potencial de la economía circular no se agota en la chatarra electrónica. El reciclaje de envases domésticos en España evitó el año pasado la emisión de 1,67 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera: una cantidad equivalente al consumo en climatización al año de una ciudad como Valencia.

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Lo que probablemente no imaginabas es que otro tipo de residuos como el aceite de cocina usado también pueden tener una segunda vida muy diferente y contribuir a la descarbonización de la economía. De hecho, hay tecnologías capaces de transformarlo en combustibles con un hasta un 90% menos de emisiones y cuyo uso sería inmediato. "La ventaja fundamental que tienen los combustibles líquidos de baja huella de carbono o ecocombustibles es que se pueden utilizar en cualquier vehículo que exista ya, es decir, no hace falta cambiar la tecnología, no hace falta esperar un despliegue desde el punto de vista de nuevos motores, nuevas tecnologías, nuevos puntos de recarga", señala Jaime Martín Juez, director de Tecnología y Corporate Venturing de Repsol. La compañía trabaja ya en la construcción de una nueva planta de biocombustibles con el objetivo de alcanzar una capacidad de producción de 1,3 millones de toneladas en 2025 y más de 2 millones en 2030, de los cuales al menos el 65% serán producidos a partir de residuos. Y está desarrollando también proyectos como el que le llevó a producir en su refinería de Cartagena 10 toneladas de hidrógeno renovable por primera vez a partir de 500 megavatios hora de biometano, obtenido a partir de residuos sólidos urbanos.

Del mismo modo, el desarrollo de nuevas tecnologías podría conseguir que plásticos como los envases alimentarios de un solo uso, los componentes de automóviles reforzados con fibra o la espuma de los colchones -polímeros que muchas veces acaban en vertederos o son incinerados- no solo tengan una segunda vida, sino que puedan utilizarse como si fueran totalmente nuevos.

Así, mediante procesos de reciclaje químico puede transformarse el polipropileno de alta calidad de los vehículos usados para su reaprovechamiento como nuevas materias primas en la fabricación de automóviles, como ocurre con la gama de plásticos reciclados Repsol Reciclex. "Lo importante es entender qué tipo de residuo es y qué tecnología le tenemos que aplicar para poder convertirlo en ese combustible final, en ese plástico o en esa poliolefina", como explica Adriana Orejas, directora de Transformación Industrial y Tecnologías Avanzadas de Repsol Technology Lab.

Otro modelo es posible y la economía circular será una de las grandes herramientas en la lucha contra el cambio climático. Solo hay que mirar con otros ojos los residuos que generamos en nuestra día a día.

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