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La naranja de Sudáfrica amenaza la rentabilidad de la producción española

  • La invasión de Rusia a Ucrania suma un nuevo problema para el sector
  • En los últimos años ha caído el consumo de cítricos en Europa
  • Los agricultores buscan nuevos mercados y se plantean su inversión
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Los agricultores que se dedican a los cítricos en general, y a la naranja en particular, viven tiempos difíciles. Uno de los sectores más emblemáticos y representativos del campo español, por su fama y su rentabilidad, mira con preocupación lo que ocurre en la UE, principal mercado de su producción, por los niveles de consumo y los precios que está pagando.

Productores y comercializadores son pesimistas desde hace años, pero en los últimos meses la situación se ha vuelto aún más complicada si cabe. Si han ido sumando obstáculos que han provocado una especie de tormenta perfecta, un lastre para la competitividad de las naranjas de España, que recordemos, es el 6º mayor productor del mundo. Hay agricultores que incluso se plantean su futuro y las inversiones previstas.

El mayor problema, que se ha recrudecido en la última campaña, es el elevado volumen de cítricos, sobre todo de naranjas, que ha llegado desde Sudáfrica. Un país con estándares sanitarios menos exigentes, mano de obra más barata, y en general menos trabas, lo que reduce mucho sus precios. La Unión Europea ha registrado niveles récord de importación en 2021. Representan un tercio de los más de dos millones de toneladas de estas frutas. En una campaña que se ha retrasado en exceso y que se ha acabado solapando con la española, lastrando los precios de nuestras exportaciones.

No era lo habitual hasta ahora. Sudáfrica lleva años presente en los mercados de la Unión Europea, pero su campaña no coincidía con la española, por lo que no llegaba a afectar a los precios. Pero este año las naranjas sudafricanas han alargado su temporada hasta bien entrado noviembre, dos meses más tarde de lo normal, y a volúmenes nunca vistos. Así, si el pico de ventas de productos españoles comenzaba en octubre, esta temporada ha tenido que retrasarse, o que hacerse a menores precios. A niveles que, incluso, han sido inferiores a los costes de cultivo.

El sector espera y desea que se trate de una situación coyuntural, que solo se haya debido a los problemas que ha vivido la campaña sudafricana, marcada por los disturbios civiles, el cierre del puerto de Durban o los ciberataques contra sus terminales de contenedores, entre otros aspectos.

Invasión de Ucrania

Tampoco ayuda al sector la invasión de Ucrania por parte de Rusia. No porque afecte directamente a las exportaciones españolas, muy minoritarias, sobre todo tras el veto ruso de 2014, sino por el efecto cadena sobre el resto de exportadores del hemisferio sur. De nuevo, con Sudáfrica como protagonista. Si enviar productos a Ucrania ahora es imposible, y si enviarlos a Rusia ha dejado de ser rentable, por las sanciones económicas, la caída del rublo y las dificultades logísticas, estos productores deben encontrar nuevos destinos para sus naranjas. Y la Unión Europea vuelve a ser el favorito.

¿En qué se traduce esto? En más competencia para los productos españoles en el mercado continental. Una mayor presión para reducir los precios.

Hay que sumar también la situación en Reino Unido, tercer principal mercado para las exportaciones españolas de cítricos, tras Alemania y Francia. La incidencia del Brexit ha sido mínima hasta ahora para el sector. Y si se ha producido alguna caída, esperan compensarlas este mismo año, en el que se mantendrá en el podium de los principales destinos. Pero en el nuevo escenario negociador, fuera del corsé de la UE, Londres está abierto a las producciones de terceros países, como pueden ser Sudáfrica, pero también Marruecos, Egipto, Turquía o Israel.

Y, desde mucho antes de la guerra, la naranja también sufre la espiral inflacionista que afecta a todo el campo, con los precios de los insumos agrarios disparados. El precio de los fertilizantes, del gasóleo, el gas, la luz o el agua para el riego reducen los márgenes en los que se mueve el sector. A lo que también se suma la crisis de suministros, que ha disparado los costes del plástico o el cartón, imprescindibles para la distribución.

Descenso del consumo

Hay un factor más, no menos preocupante, que es el importante descenso del consumo. Las empresas llevan denunciando esta situación desde hace años, y reclaman un lobby citrícola, que les represente en España y en Bruselas, que defienda sus intereses, y que además lleve a cabo campañas para impulsar el consumo.

En definitiva, lo que hacen todos los productores mundiales. A la naranja le gusta poner como ejemplo el caso de las manzanas, con una gran promoción de marcas y variedades que hasta ahora no han sabido o no han podido copiar. En este sentido, piden que se emplee parte de los fondos Next Generation para llevar a cabo este tipo de campañas.

Mientras tanto, tratarán de cerrar esta temporada tratando de limitar las pérdidas, pero miran al futuro con incertidumbre. Buscan una solución para las amenazas que se ciñen sobre su producto, y estudian nuevos mercados a los que exportar, como Estados Unidos, Latinoamérica, China, Japón o Corea. Pero de momento se plantean paralizar las inversiones previstas, e incluso apostar por nuevos cultivos.

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