Opinión

La envenenada herencia de Escrivá

  • Saiz puede manejar realidades y las cuentas o vivir en la política del parche y las ocurrencias
Fotografía de Elma Saiz con el anterior ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá.

Es muy pronto para anticipar la capacidad de Elma Saiz como titular del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Pero lo cierto es que ha sido consejera de Hacienda de Navarra en el gobierno de María Chivite y que en materia de Seguridad Social no se le conoce actividad alguna. Cuando esto ocurre, el sucesor que llega a un cargo sin trayectoria propia en la materia que va a dirigir, suele -no tiene otra posibilidad- realizar una labor continuista. Y en este caso, continuar la labor de Escrivá es seguir en el error.

Porque lo que va a encontrar la nueva ministra en el terreno de la Seguridad Social es un edificio agrietado con muchos riesgos de hundimiento. Nada menos que un agujero financiero inmenso, un déficit de más de 106.000 millones de euros. Esto es, entre otras ruinas, lo que deja el ministro Escrivá, es decir, el doble, exactamente el doble de déficit que lo que él se encontró en 2019 al asumir el cargo. Si Saiz es continuista y hace lo mismo, en 2027, la Seguridad Social contemplará un mortal agujero de más de 200.000 millones de euros.

Un asunto destacado que tendrá que afrontar es la transferencia de la gestión de la Seguridad Social al País Vasco. Esta transferencia está prevista en el Estatuto de Autonomía del País Vasco desde su aprobación y el modo en que se haga, la graduación del traspaso, la dotación de los recursos materiales y humanos para llevarla a cabo y el importante valor simbólico y político que esto conlleva será un desafío en el que Saiz podrá determinar su verdadera talla como ministra de Seguridad Social.

Pero, con todo, importa más todavía la situación financiera del sistema de pensiones, que está peor que antes de la llegada de Escrivá porque es una evidencia que la única medida que se ha aplicado para sanear las cuentas de la Seguridad Social ha sido el incremento de las cotizaciones a empresas y trabajadores, que es como establecer un impuesto adicional a la contratación. Y esto no es una solución, sino un obstáculo para el empleo y por tanto, para la financiación de las pensiones.

Y además, este aumento de la recaudación no alcanzará para cubrir el gasto desbordado, una de cuyas claves estriba en la revalorización automática de las pensiones, una medida nociva que en la Unión europea no tiene equivalente. Tanto la Airef, Bruselas, como entidades especializadas han destacado que, a pesar de los nuevos incrementos recaudatorios, incluido el cambio en la cotización de los autónomos (que ahora cotizarán por sus ingresos reales) los ingresos del sistema serán insuficientes para cubrir el gasto programado, especialmente porque las previsiones del ministerio se basan en que el PIB aumente por encima de lo que es posible y que el paro disminuya a tasas bajísimas, esto es, se basan en dos mentiras.

Saiz puede aterrizar en la realidad y transitar por un ministerio que no necesita mentiras sino reformas legislativas de calado para mantener las pensiones y no hipótesis de fantasía, como la idea de que en los próximos años se triplicará el número de trabajadores entre 65 y 74 años. Saiz puede manejar realidades, hechos y cuentas ciertas o vivir en la política del parche y de la ocurrencia.

Si Saiz continúa la perversa utilización de la Seguridad Social como mecanismo para buscar votos, para hacer política de partido o para exhibir banales logros populistas ineficaces y nocivos, en lugar de ser consciente de que pilota una maquinaria pesada que no puede permitirse errores, no habrá más oportunidades para hacer de la Seguridad Social un instrumento de aseguramiento real de las personas, un sistema justo de protección social con sólidas bases financieras que lo protejan. La herencia de Escrivá es el riesgo de Saiz.

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