Opinión

El BCE a por la inflación

Christine Lagarde, presidenta del BCE

Todos los principales bancos centrales se han concienciado, por fin, que no se puede ningunear el proceso inflacionista en el que estamos inmersos en estos momentos. El BCE transmitía muy recientemente mensajes sobre un alza pasajera que se corregiría rápidamente. En su discurso aparecía la palabra "transitoria", ahora bien, ¿desde cuando la inflación no es una cuestión transitoria en el tiempo? No existe una inflación perenne en el tiempo; como casi todo en economía, todo es cíclico.

El BCE no quiso hacer caso a las señales que previamente al estallido de la invasión de Rusia a Ucrania existían. El alza de precios previo al conflicto bélico, especialmente significativo el de la inflación subyacente y el aumento de precios de las principales materias primas, nos alertaba sobre que tal transitoriedad era un espejismo. Hoy se habla de la imprevisibilidad de la aparición de la cesta de la compra debido al alza de petróleo y gas por las medidas tomadas por Rusia, sin embargo, ya teníamos señales preocupantes.

Se puede aludir a una inflación por costes, si bien Japón y Suiza no han sufrido este estallido, al igual que hay países en el área euro que mantienen un elevación de precios más suave que otros, caso de España. La inflación más allá de lo que se pueda decir, en mi opinión, se ha larvado por la actitud sumamente laxa, la emisión de dinero y tipos negativos y la política monetaria llevada por el BCE durante mucho tiempo. Hay que recordar que la primera misión de nuestro BCE, como era otrora la del Bundesbank, es cuidar los precios y, en segundo lugar, el crecimiento.

Desde hace poco tiempo el BCE, al igual que otros bancos centrales, ha variado considerablemente su mensaje; ahora sí reconoce su preocupación por las cifras de incremento de los mismos y ha desenterrado el hacha de guerra. Esa firme decisión va a traer un daño a la producción que no es otro que una fuerte desaceleración de la producción –PIB-: alguna zona de Europa está probablemente en recesión si bien todavía no está confirmado, pero ya se saben al menos dos trimestres de retroceso del PIB. Desde luego, nuestro país no escapa de esa posibilidad, una posibilidad alta o muy alta me atrevo a pronosticar a pesar del optimismo que nos quiere insuflar nuestro trapacero Gobierno. Se avecina un otoño y un invierno gélido y ya empezamos a tener señales, índices de confianza empresariales, ventas al pormenor, una campaña veraniega peor que la esperada y sobre todo unos datos de empleo que bien leídos y analizados son malos; ya basta de paños calientes hay que decir la verdad aun cuando incomode.

Pues bien, vamos con la actuación de nuestro banco central ayer jueves. Mucho se había especulado con un alza significativa de los tipos de interés, se había fijado el alza esperada en 75 p.b. aún cuando algunos situaban el movimiento en un cuartillo menos -50 p.b.-. Sin embargo, el movimiento ha sido el más esperado y por tanto el más contundente, subida de tipos de tres cuartillos de punto porcentual, situando el principal tipo de referencia en el nivel de 1,25%. Por fin el BCE deja de procrastinar frente al grave problema de la inflación, tarde pero por fin se da cuenta del grave problema por el que atraviesa la zona euro.

Después de anunciar la subida era el momento de esperar la rueda de prensa de la Gobernadora, Christine Lagarde. No solo valía con subir tipos, si el BCE quería recuperar su maltrecha reputación lo debía dejar claro y no, no ha defraudado. Conforme a las palabras de la Gobernadora "seguiremos subiendo tipos, la inflación es muy alta". Por si a alguien no le quedaba claro añadía "en las próximas reuniones, el Consejo de Gobierno espera aumentar aún más los tipos de interés para frenar la demanda y protegerse contra el riesgo de un aumento persistente de las expectativas de inflación" ¡Vaya, ya no es temporal sino persistente!

Las próximas subidas, desde ahora hasta final de año se establecen en 100 p.b. Esta decisión como ya reconoce el BCE recorta las previsiones de crecimiento, si bien sigue dando una cifra positiva: 3,1% en este 2022 y un escuálido incremento del 0,9% en 2023. Veremos si esa cifra del 0,9% no se transforma en periodos de recesión, desde luego y recogiendo las previsiones del BCE ya podemos hablar de estanflación para el área euro.

Atención por tanto a la inflación subyacente, a los indicadores adelantados, a los datos de venta tanto internos como externos para tener una mayor base para hacer previsiones. Por cierto, veremos que ocurre con las primas de riesgo de España e Italia.

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Vamos por el buen camino, luchando contra la inflación y recompensando a los ahorradores (también empresas), por fin podrán gastar. Esperemos llegar al 3,75 rápidamente.

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