Opinión

Ómicron elevará la inflación y los cuellos de botella

Una semana después de la aparición de la nueva variante ómicron del coronavirus ya se pueden empezar a sacar las primeras conclusiones: el efecto en la economía va a ser menor que en otras ocasiones, entre otras cuestiones, porque parece que los pacientes afectados tienen síntomas leves y que, en cualquier caso, no se trata de una cepa con una tasa de mortandad superior a las anteriores.

Su propagación es muy rápida. La mayoría de los países reaccionaron interrumpiendo los vuelos procedentes de Sudáfrica y de sus países limítrofes, lo que ha servido de poco. La agencia de salud pública europea (ECDC) vaticina que se extenderá a la mitad de la población y, probablemente, escape al control de las vacunas actuales, que tardarán unos meses en tener preparadas las nuevas dosis.

Alemania impuso el confinamiento de facto para los no vacunados, Italia vuelve a las mascarillas y Estados Unidos hará cribas masivas para detectar el virus. Hay un incremento de las restricciones, pero es improbable que se produzca un cierre de fronteras como en la anterior ocasión. En general, se trata de medidas para impulsar la vacunación. Ya existen algunas evidencias de que la tercera dosis produce un potente incremento de antígenos, lo que se llama hipermutación somática, efectivos contra la ómicron.

La OCDE vaticina que la recuperación "perderá impulso", pero seguirá en marcha. "Preocupa que la nueva variante aumente los grados de incertidumbre, lo que podría suponer un riesgo para la recuperación", en opinión de su economista jefe, Laurence Boone. En este sentido, el organismo con sede en París redujo en más de un punto la previsión de crecimiento de sus países miembros para el próximo año, hasta el 5,5%. La recuperación española también perderá fuerza, con dos puntos menos de PIB previsto para este año y uno para el que viene.

La segunda incógnita que comienza a disiparse es la de la inflación. Lo paradójico de la situación actual es que aunque la actividad afloje, los precios al consumo no lo harán, incluso subirán más que este año.

Después de meses deshojando la margarita sobre si iba a ser transitoria o no, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, concluyó esta semana que la inflación será "persistente". Tras escuchar sus palabras, varios bancos de inversión pronosticaron que la retirada de estímulos (tanto de bonos del Tesoro como de otros activos respaldados por hipotecas) se duplicará de 15.000 a 30.000 millones de dólares mensuales e, incluso entidades como Goldman, Citi o Deutsche pronostican ya que la primera alza de tipos, en 25 centésimas, se podría ver a la vuelta del verano de 2022.

Estados Unidos toma así la delantera a Europa, debido a que allí la recuperación es más intensa y las ayudas fiscales llegaron antes a la población. La semana pasada, el Congreso aprobó más de un billón para infraestructuras. Pero en Europa, tarde o temprano, seguiremos su camino.

El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, es de la misma opinión que Powell. Considera que la inflación ni está controlada ni va a ser coyuntural, por la escasez de suministros que está tensando las cadenas de producción globales.

La OCDE advierte en su informe presentado el miércoles que el problema está en "los cuellos de botella" de los suministros de algunos componentes fundamentales, lo que presiona al alza sobre los costes. De hecho, los precios en los países de la OCDE repuntarán hasta el 4,4% el próximo año, según el organismo. En nuestro país, la previsión también es que pasen del 2,9% al 3,2%.

Un informe de la consultora internacional Deloitte apunta a que "la escasez de semiconductores durará hasta principios de 2023. Las empresas tendrán que seguir esperando entre 10 y 20 semanas para adquirir determinados tipos de semiconductores imprescindibles para su trabajo. La falta de chips mermará casi el 10% la producción de automóviles en 2021 y restará 1,5 puntos a economías como la alemana. España, segundo productor europeo de automóviles, está también muy afectada. Hay más de 100.000 vehículos vendidos sin entregar a sus futuros propietarios, según Anfac. Consecuencias parecidas se observan en otros sectores, como química, plásticos o caucho.

El coste energético, otro de los factores que agobia a las empresa, tampoco tiene visos de resolverse a corto o medio plazo. Naturgy comenzó a romper los contratos de suministro de gas para subir lo precios, ante la falta de soluciones a la vista. Los precios industriales crecieron el 6,1% solo en octubre y suben el 32% en tasa anual por los cuellos de botella en los suministros, lo que augura otro año muy complicado.

La crisis del coronavirus ha hecho saltar por los aires la globalización. Los países están aprendiendo la lección de que ya no pueden confiar en deslocalizar su producción a otras zonas del mundo con mano de obra más barata, porque en los momentos complicados no podrán contar con estos. Ocurrió con las mascarillas o los respiradores en el comienzo de la pandemia y ahora con elementos más sofisticados de alta tecnología.

La Unión Europea dio luz verde hace unas semanas a subvencionar la producción de chips, que está en su mayor parte en manos de empresas taiwanesas, surcoreanas, chinas o americanas. Solo existe una multinacional europea en este sector, la holandesa ASML. Asimismo, el presidente francés, Enmanuel Macron, y el primer ministro italiano, Mario Draghi, firmaron esta semana una alianza que prevé, entre otras cosas, la cooperación en materia industrial.

El gobernador volvió a la carga el jueves con un informe del Banco de España que calculaba que esta falta de suministros puede mermar más de un punto de crecimiento durante el próximo año.

Los efectos de segunda ronda no solo se darán en los precios, también la actividad económica sufrirá retrocesos. Si no es porque España espera recibir el año que viene más de 40.000 millones procedentes de los fondos Next Generation, la economía se sumergiría en un letargo, que la conduciría a la estanflación. Es decir, bajas tasas de crecimiento con elevados precios al consumo.

En este contexto, el gobernador hizo un llamamiento a evitar una equiparación de los salarios a la inflación, que considera muy dañino para la recuperación. En la patronal se respira calma, de momento, porque se piensa que el 2% de incremento pactado por los trabajadores del metal en Cádiz después de semanas de disturbios marca un tope para los incrementos salariales del año que viene. Ojalá acierten.

Todo esto es contando con que la variante ómicron se vaya controlando sin recurrir a los confinamientos. En tal caso, el escenario empeorará considerablemente.

PD.- El nombramiento de Marta Ortega en la presidencia de Inditex en lugar de Pablo Isla a partir de abril es la noticia de la semana. La salida de Isla estaba prevista desde antes del verano. Las diferencias con el fundador de Inditex, Amancio Ortega, sobre la velocidad de implantación del modelo de digitalización, así como sobre el número de enseñas del grupo hacía tiempo que fracturó la relación.

En la separación fue clave la intención de la hija de Ortega y de su esposo, Carlos Torretta, de ganar peso en la toma de decisiones. Torretta se había incorporado hace un par de años al departamento de marketing de la firma textil "como un empleado más", según señaló entonces su entorno, mientras que la hija del propietario de Inditex lleva más de 15 años trabajando en el grupo para adquirir experiencia y prepararse para el momento actual.

Debutará como presidenta no ejecutiva con un consejero delegado de su entera confianza, Óscar García Maceiras, abogado del Estado como Isla, aunque con mucha menos experiencia en gestión empresarial. El mantenimiento de los márgenes en torno al 16% en un mundo tan competitivo como el textil será clave para determinar su éxito.

El relevo en Inditex es similar al de otras empresas familiares como El Corte Inglés, en las que el propietario se pone al frente. La diferencia, en esta ocasión, es que Isla lo aceptó con la naturalidad y discreción que le caracterizan y no tuvo, además, problema en reconocerlo públicamente, en vez de oponerse. Un gesto que lo honra.

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