Opinión

Fusión CaixaBank y Bankia: positiva pero con cambios inevitables

José Ignacio Goirigolzarri, presidente de CaixaBank

A la vista de la próxima integración de CaixaBank y Bankia ¿cómo está afectando a los distintos estamentos políticos, económicos y sociales el nacimiento del mayor banco de nuestro país?

Otrora las fusiones eran muestras de poder de la entidad compradora hacia el resto de los competidores, así como de fortaleza ante el mercado, pero tras la gravísima crisis financiera de 2008 esta práctica se realiza más por compromisos políticos que por motivos estratégicos de crecimiento de cuotas de mercado. Es probable que con la fusión de CaixaBank y Bankia estemos asistiendo a la creación de un gigante financiero impulsado por ambas fuerzas, la política y la estratégica. Pero no todos los afectados ven con los mismos ojos esta unión dentro del proceso de consolidación bancaria.

Desde luego, numerosos círculos financieros han mostrado su satisfacción con la fusión e incluso no han escatimado en elogios y premios, como los otorgados recientemente por "Euromoney", "Global Finance" o la revista "PWM", perteneciente al grupo "Financial Times", reconociendo esta operación como la "Mejor Transformación Bancaria del Mundo" o la nueva entidad como "El mejor Banco en Europa Occidental".

Sus directivos se congratulan del nacimiento de la nueva CaixaBank, y su presidente, José Ignacio Goirigolzarri, ve en esta fusión una oportunidad de afrontar el futuro desde una posición privilegiada para superar los desafíos existentes en el sector financiero. Por su parte, Gonzalo Gortázar, consejero delegado, profundiza en la posición de liderazgo y fortaleza financiera de la nueva entidad en el panorama bancario. Es indudable que su entusiasmo tiene una buena base, ya que con esta fusión CaixaBank ha alcanzado una cuota de mercado del 25% en depósitos y créditos, del 29% en ahorro a largo plazo y del 24% en financiación a empresas. Y todo ello consiguiendo la cifra de diez millones de clientes digitales en España.

Los accionistas del banco también deberían estar satisfechos, ya que la acción se ha revalorizado tras el anuncio de la fusión. El Estado español es, a través del FROB, uno de los máximos accionistas de CaixaBank por la participación que tenía como consecuencia del rescate de Bankia, así que toda revalorización de la acción es una gran noticia para el erario y los contribuyentes ya que veremos cómo se recupera algo del millonario rescate bancario de los últimos años.

¿Y qué pasa si ponemos en contexto esta revalorización bursátil de CaixaBank con el resto del Ibex y de sus principales competidores financieros? Para ser justos, probablemente un año sea poco tiempo para ver la evolución de la nueva entidad en bolsa pero, si hacemos el análisis, constataremos que se ha revalorizado aproximadamente un 40% frente al 25 % del Ibex, si bien está muy lejos respecto a sus competidores, cuya valoración en bolsa ha crecido por encima del 110%, en el caso de BBVA, o del 70% en el del Santander desde aquel mes de agosto de 2020 en que dieron oficialmente pistoletazo de salida a las negociaciones.

¿Y qué ocurre con los empleados y con los clientes, pilares fundamentales de la entidad y locomotora del funcionamiento diario del banco? La digitalización supone un avance incuestionable y necesario cuya consecuencia en el empleo bancario es la apuesta por perfiles laborales técnicos, como ingenieros, en detrimento de las fuerzas laborales con perfil comercial, los cuales llevan viendo amenazado su puesto de trabajo desde el año 2008. Haciendo gala de una gran capacidad de adaptación al nuevo entorno, algunos bancarios se han lanzado a buscar nuevas oportunidades laborales en otras empresas, o como autónomos y empresarios emprendedores. Esto se ha traducido en que son 8.246 los empleados de CaixaBank que han solicitado acogerse de forma voluntaria al ERE frente a la salida pactada de 6.542 personas, que la entidad ha negociado junto con los sindicatos, es decir, hay 1.704 trabajadores que aunque han solicitado abandonar CaixaBank no podrán hacerlo. Aun así, cabe destacar que este es el mayor ERE de la historia de la banca, aunque los sindicatos defiendan haber conseguido la voluntariedad total y la mejora de las condiciones económicas.

Los empleados de banca tienen ya cierto hartazgo y cansancio acumulado por una década de continuos ajustes laborales en el sector. No hay más que poner de relieve los dramáticos datos de empleo que asolan a este colectivo, cuyo número se ha reducido un 35% llevándose por delante casi 90.000 empleos en tan solo 10 años. Las fusiones son la consecuencia del continuo letargo producido por una crisis financiera cuyo fin parece nunca llegar, y rematada por una pandemia en un entorno de tipos bajos que ha hecho inevitable buscar eficiencia en los costes ante la dramática reducción de ingresos. Ello se traduce en el cierre de 19.000 oficinas en la última década, dejando su número en niveles no vistos desde 1976, según datos y registros del Banco de España, algo que repercute directamente en el cliente.

Es el propio Banco de España quien emite un informe con datos difíciles de encajar en un país desarrollado, advirtiendo que el cierre de oficinas bancarias está provocando vulnerabilidad por problemas de acceso al efectivo a 1,3 millones de personas que se concentran principalmente en la España vaciada. Para que lo entendamos mejor, la España vaciada está formada por aquellas personas que, pagando similares impuestos, tienen una carestía desproporcionada de servicios públicos. Sin duda, las oficinas de los bancos no son un servicio público, pero sí tienen una utilidad básica cuya ausencia ahonda un poco más la brecha cada vez mayor entre quienes deciden desarrollar su vida en el mundo rural y los que optan por la vida en las ciudades.

Bajo mi punto de vista, la fusión entre CaixaBank y Bankia es positiva y básica para que el sector financiero español siga teniendo la fortaleza necesaria para competir en los mercados, ya que posiciona a la nueva entidad como un referente en el sector bancario europeo. Pero como cualquier operación de tal magnitud, siempre habrá daños inevitables que, entre otros, afectarán a una parte de los empleados y de los clientes. Estoy absolutamente convencido de que la situación que están viviendo muchos trabajadores está siendo extremadamente dura, y de que la adaptación de algunos clientes a la nueva forma de entender la banca en muchos casos es problemática. Pero sus directivos se siguen esforzando en recuperar el vuelo y devolver a los bancos a la senda de crecimiento que los lleve a ser dinamizadores de la economía real, labor por la que son premiados y reconocidos en los círculos financieros, mientras una parte de los empleados y de los clientes comienzan un nuevo camino que hace 10 años nunca se imaginaron que deberían emprender.

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