Opinión

Las alzas fiscales de Biden y sus efectos en bolsa

Las bolsas, ya preparadas para el plan fiscal de Joe Biden

¡Cuidado, inversores!, claman los analistas ante los desorbitados planes del presidente Biden para subir los impuestos, augurando serias dificultades a la economía mundial y a la renta variable en ambas orillas del Atlántico, España incluida; unos planes que dudo que se implanten en todo su alcance, pero que tampoco afectarían a las acciones si así fuera. Veamos por qué.

La dimensión de las ambiciosas propuestas de Biden no conoce precedentes. Seguramente sabrá que pretende financiar un plan de gasto de 1,7 billones de euros o más, aumentando sustancialmente los impuestos sobre la renta de las personas físicas, sobre las ganancias de capital y sobre sociedades, e introduciendo un impuesto mínimo mundial a las empresas, así como tasas digitales.

La ajustada mayoría y las luchas internas paralizan las grandes reformas en EEUU

Muchos gobiernos ávidos de gasto, como el de Pedro Sánchez, parecen haberse adherido a esas propuestas. Algunos inversores temen que se lleven aún más lejos y que en EEUU se promulgue el impuesto a la riqueza y un nuevo impuesto sobre las transacciones financieras como el aplicado en España (tal y como demandan otras voces del Partido Demócrata). A otros les inquieta que el plan de Biden sea retroactivo al pasado mes de enero.

Está claro que a la mayoría de los inversores no les gustan los impuestos, pero creo que este proyecto no tiene visos de prosperar por el siguiente motivo: el bloqueo arraigado en el frente político convierte en quimeras las grandes reformas. Como apunté en diciembre, las ajustadísimas mayorías parlamentarias y las luchas internas en los partidos paralizan el país pese a la ventaja legislativa demócrata. Recientemente mermada por los puestos vacantes, al constituirse el Congreso era de 9 votos en la Cámara Baja, la más exigua desde 1900. Ahora es de tan solo 6.

Con respecto a la viabilidad de un impuesto mundial, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) lleva una década presionando para que se establezca un mínimo no vinculante sin lograr su objetivo, fijado en el 12,5 %. Biden aspira al 21 %. Espere sentado.

Los parqués llevan descontando los planes de Biden desde que los dio a conocer… ¡en 2019!

Aun así, suponiendo que me equivocara, las acciones saldrían indemnes. ¿Por qué? Recuerde que los mercados jamás pasan por alto las noticias impactantes. Los parqués llevan descontando los planes de Biden desde que los dio a conocer… ¡en 2019! De hecho, tanto él como otros miembros de su partido estuvieron pregonando las alzas fiscales durante todo 2020, por lo que solo habrán sorprendido a aquellos inversores que hayan pasado estos últimos años encerrados en un búnker. Y sospecho que no serán tantos como para influir en la bolsa.

Una importante lección de 2020 es que la labor principal de los mercados financieros consiste en descontar la información divulgada ampliamente —como expliqué en marzo, muchos inversores la ignoran—. Tras el protagonismo de los paranoicos de la pandemia, los cazavacunas y los fanáticos de las acciones de valor, les ha llegado el turno a los temerosos de las subidas fiscales de Biden. Asumir que las malas noticias que se comentan por todas partes una y otra vez son un factor bajista da por hecho que los mercados son ineficientes en su práctica totalidad: una premisa que ha llevado a muchos a perder su fortuna —y que ha arruinado la trayectoria de muchos inversores.

Los ajustes fiscales, siempre sometidos a un largo y estricto escrutinio, suelen desatar descontento, como ocurrió con las políticas de austeridad de 2012. Por lo tanto, no es de extrañar que históricamente las acciones los hayan incorporado a sus cotizaciones de forma masiva, mitigando así su efecto.

Fijémonos en la bolsa española. Pese a que con el Gobierno de Sánchez se han aprobado nuevos tributos a las transacciones financieras y los servicios digitales, además de que el presupuesto para 2021 incluye varias subidas de impuestos, el IBEX 35 ha avanzado desde principios de octubre un 31 %, muy por encima del 22 % anotado por la renta variable mundial.

No se trata de un hecho aislado. Analicemos los datos estadounidenses por su disponibilidad de cotizaciones históricas fiables, los cuales se remontan hasta 1925. El Capitolio promulgó 13 subidas del impuesto sobre sociedades y el S&P 500 respondió a ellas con 9 revalorizaciones y 4 caídas doce meses después. La rentabilidad media fue del 11 % (USD), un valor superior a la media anualizada a largo plazo del 10 %.

Por lo que respecta al impuesto sobre la renta de las personas físicas, desde 1925, EEUU decretó 14 incrementos en su tramo superior y, hasta en 10 ocasiones, la bolsa cosechó ganancias el siguiente año, reportando una rentabilidad media del 16,8 %. El régimen moderno del impuesto sobre las ganancias de capital estadounidense comenzó prácticamente en 1954. Tras los 10 aumentos que ha experimentado, las acciones solo se han depreciado una vez y la rentabilidad ha rondado la media a largo plazo de todos los años.

Incluso cuando el Congreso norteamericano ha subido a la vez los tipos de los impuestos sobre sociedades, sobre la renta de las personas físicas y sobre las ganancias de capital —el gran miedo actualmente—, las acciones no se han desplomado. Al menos dos de esos tres tipos se han ajustado al alza simultáneamente 11 veces desde 1925. Los mercados, 12 meses después de cada revisión, registraron una media del 11,8 % y se revalorizaron en 9 ocasiones.

Quiero dejar claro que no sostengo que los fuertes aumentos fiscales sean alcistas, sino que los datos demuestran que no son necesariamente bajistas. Adolecen de la capacidad de sorpresa suficiente.

Quizá piense que subir los impuestos es, por lo general, negativo, que los tipos son demasiado altos —o bajos— o que las alzas son ineficientes económicamente. Sin embargo, los mercados no entienden de justicia y no valoran qué es mejor; solo predicen las posibles consecuencias, casi al instante.

Así que, aunque finalmente la reforma fiscal se plasme en una ley, no se preocupe. Los parsimoniosos movimientos que todo el mundo analiza con lupa carecen de fuerza suficiente para sacudir las bolsas.

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