Opinión

El imparable gasto público

La deuda, una carga cada vez más pesada para España

En 2020, el gasto público en España alcanzó 586.389 millones de euros, 62.948 millones más que los 523.441 millones de 2019. El alza, pues, del gasto público en 2020 respecto a 2019, en términos porcentuales, es del 12%. Si en 2019, el gasto público representaba el 42,05% del PIB, en 2020 ha saltado al 52,28%, lo que da idea del peso que tiene el conjunto del Estado en la economía, convirtiéndose consiguientemente en el principal agente. Eso podría ser bueno, por la labor benefactora del Estado, pero, al propio tiempo, plantea serias dudas acerca de cuál es el papel que está desempeñando el Estado en nuestra economía, suscitando el interrogante de si la economía española está fuertemente intervenida.

Ese intervencionismo que posiblemente se detecta a través de las interminables páginas del Boletín Oficial del Estado y de los correspondientes Boletines autonómicos y provinciales, más la inclinación reguladora de los ayuntamientos, provoca un alud de miles de leyes y un laberinto legal de difícil salida y, con frecuencia, demasiados titubeos interpretativos. Uno se pierde entre tanta cascada de normas legales de todo rango, con la fatídica costumbre, además, de nuevas leyes que derogan parcialmente a las precedentes y para su oportuna interpretación es obligado montar un puzle en el que se acaba pisando terreno inseguro. La premura con que entran en vigor las disposiciones aprobadas es otra presión añadida para ciudadanos y empresas. Otrosí, cada Comunidad Autónoma dispone de amplias potestades normativas, generándose conflictos de regulación legal entre territorios. La unidad de mercado es un reto que no puede demorarse más ante la marejada reguladora que padecemos en España.

En el capítulo de los ingresos, éstos en 2020 ascendieron a 463.317 millones de euros, por debajo de los 487.804 millones de 2019. Así, mientras el gasto público aumentaba en el último año en los mencionados 62.948 millones de euros, los ingresos se encogían en 24.487, confluyendo en que la necesidad de financiación según la Intervención General de la Administración del Estado (IGAE) que en 2019 fue de -35.637 millones de euros, en 2020 se concretó en -123.072 millones.

Si en los ingresos la caída responde primordialmente a los impuestos, cuya cuantía de 277.483 millones de euros en 2019 desciende a 255.809 millones en 2020, o sea, 21.674 millones, no cabe decir lo mismo de las cotizaciones sociales que en 2020 se elevaron a 161.898 millones cuando en 2019 sumaron 160.667 millones. La contracción de ingresos públicos se remacha con la reducción de otros recursos que bajan de 49.654 millones en 2019 a 45.610 millones en 2020.

En lo referente al gasto público, en 2020 han aumentado los consumos intermedios a 66.024 millones versus 63.982 millones de 2019 y suben las remuneraciones de asalariados de 134.463 millones a 140.470 millones en 2020.

Es preciso pensar en que, en algún momento, habrá que devolver las montañas de deuda

Por suerte, la política financiera acomodaticia del Banco Central Europeo ayuda no solo a mantener, sino a rebajar los intereses de la deuda pública, que de 28.349 millones en 2019 descienden a 25.192 millones en 2020. Claro que las ventajosas condiciones de los actuales tipos de interés no se eternizarán y, aunque no puede precisarse cuándo, se irán ajustando a niveles pertinentes. Por ende, hoy por hoy los tipos desempeñan un factor atípico favorable: más deuda pública y, sin embargo, menos intereses. Ésta es la ventaja de la vigente política monetaria del BCE que premia el endeudamiento. Empero, hay que pensar en que algún día habrá que devolver las montañas de deuda. Veremos cuándo y si a la larga, como solución más o menos disfrazada, se reconvertirá deuda pública en deuda perpetua que es un juego malabar para seguir endeudado, no preocuparse por su vencimiento y simplemente atender la pertinente carga financiera.

Las subvenciones se han incrementado de 12.523 millones de euros en 2019 a 21.420 millones en 2020 y, desde luego, el gran salto del gasto público en 2020 se explica por las prestaciones sociales que de 196.839 millones de euros en 2019 pasan a 228.115 millones en 2020. En parte, esa subida responde a los acontecimientos que han marcado el devenir del pasado año y, en parte, también, a la generosa política progresista implantada por el gobierno, con gasto público desprendido.

Si ésos son los rasgos más significativos sobre los ingresos y los gastos públicos de 2020, sí cabe agregar una ulterior reflexión acerca de la tendencia creciente del gasto público en porcentaje sobre el PIB, con sus pertinentes interrogantes. ¿Será soportable tanto gasto público en el futuro? ¿Esa propensión alcista del gasto seguirá implicando más y más subidas de impuestos? ¿La capacidad económica de los españoles, ciudadanos y empresas, permitirá sobrellevar más aumentos tributarios? O, en cambio, el crecimiento del PIB, tímido en los próximos años, ¿facilitará mejorar la recaudación tributaria? Y otra incógnita: ¿el abundante gasto público que entraña el estado del bienestar será sostenible?

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forum Comentarios 10

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Luis
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Es lo votado no? si se vota comunismo, habrá comunismo, ya si eso que pague otro

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#1
GRD
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Totalmente de acuerdo con su artículo señor Liébana.

Nuestro futuro pinta negro, pero el de nuestros hijos y nuestros nietos es ya indescriptible, les vamos a dejar una montaña de deuda inmanejable, por triste que sea su mejor opción para tener una vida digna será abandonar nuestra querida España y emigrar, no quedará otra.

Y la actual intervención de los tipos de interés que se mantiene vía compra de deuda por parte del BCE será perpetua, no podrá dejar de hacerse nunca, porque en ese momento quebrarían los estados mas endeudados de la EU (como el nuestro), así que con unos tipos artificialmente bajos, que no se corresponden con la realidad económica, nunca tendremos una economía real, que pueda despegar y comenzar a caminar de nuevo por si sola, intervencionismo para siempre, neo-comunismo, Europa está condenada a la ralentización económica.

Puntuación 18
#2
FELIX
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Esto debe ser el famoso "austericidio" , cada vez menos ingresos pero más gasto público y más subvenciones. Al final tendremos un final a la "griega".

Para repartir hay que producir y para producir hay que incentivar la iniciativa y premiar la eficiencia; ésto es antagónico con un gobierno intervencionista, aquí y en Sebastopol, ahora y en tiempos de las cavernas ( si todos se quedaban en la cueva esperando la caza, se morían de hambre).

Puntuación 16
#3
Holandés Errante
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Política, economía, vida y personas dopadas. Todos sabemos que pasa cuando se acaba la droga. Pues eso... dolor para todos ellos.

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#4
VIO
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Siempre me ha llamado la atención que en cuanto se crea una ley, los primeros en sufrirla sean las empresas y no todos los organismos que dependen del estado. Por ejemplo, debido a la legionelosis se crearon numerosas leyes para mantener por encima de 60ºC la temperatura del agua caliente sanitaria en hostelería y comercio, e inmediatamente las inspecciones se centraron en estos establecimientos y no en aquellos que dependen del estado en un consenso amplio. Parece que los propios funcionarios que se encargan de que se cumplan las numerosísimas disposiciones gubernamentales y autonómicas tiene dos varas de medir: una para las empresas y otra para el propio estado y las autonomías, al fin y al cabo son colegas. Toda ley se debería ajustar primero en la esfera pública, y una vez bien contrastada ampliarla a la esfera privada, y no como se hace actualmente que es justamente al revés. Por otra parte, estoy en total acuerdo en que se puede medir la falta de sintonía de un político con su cargo de dos modos: uno por el número de asesores que tiene, ya que cuantos más asesores necesita mayor es su incapacidad manifiesta para el cargo que desempeña, y otra manera de medir la incapacidad de un gabinete para gobernar es por el número de decretos que envía al boletín oficial por semana, por día o incluso por hora. Es una autentica incontinencia de decretos. Algunos son tan disparatados que llama la atención la completa incapacidad que manifiestan al redactarlos. Respecto a la deuda, que decir, es impagable y todos hacen como que no se enteran y miran para otro lado. Desde luego en el BCE saben perfectamente que no se va a devolver, pero le ponen una vela a santa Rita, y a correr.

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#5
Usuario validado en elEconomista.es
V?ctor
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Reducción gasto público : Eliminación de los parlamentos autonómicos, eliminación del senado, reducir a la mitad el parlamento nacional, eliminar asesores, y enchufados puestos a dedo!!!!! sobra más de la mitad de la clase política!!!!!

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#6
An
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Ami ya me dan igual las extremas que las no extrema

El partido que presente en su programa electoral

Reduccion de politicos

Buena gestión del gasto publico

Le voto

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#7
alf
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Debería existir una ley, cada año que haya déficit, elecciones generales. Si nos van a seguir endeudando, habrá que dar el OK año a año... así se cuidarían un poco más de preservar el equilibrio presupuestario (que sí exigen a los gobiernos locales y autonómicos, o al menos la regla del gasto).

Puntuación 11
#8
btc
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hay que crear un sistema político descentralizado, como se está haciendo en la blockchain.

El sistema político actual esta muerto, kaput, es imposible que resucite porque es un sistema político viciado de errores donde se favorece la dictadura de la mayoría en lugar de representar un equilibrio democrático social.

Al ser el estado el artífice del 52% del PIB, la mayoría es la misma que promueve las políticas que nos llevan al desastre, y puede hacerlo de manera irresponsable porque las cargas siempre se dividirán entre todos los ciudadanos.

Al final esto hará que la gente se canse y se "dé de baja" del gobierno, algo que parece imposible hoy pero en esta decada empezaremos a ver un nuevo movimiento de jóvenes que deciden vivir fuera del sistema.

Cuando tienes 20 años y te ofrecen trabajar para pagar indirectamente la deuda heredada o vivir con lo mínimo y cuidar las gallinas... el humano siempre tenderá a la opción de mínima energía pues nosotros tambien cumplimos las leyes de la termodinamica.

El sistema político y de elecciones está obsoleto y no se va a cambiar porque quienes lo han promovido tienen interés que siga así. En estos casos los cambios solo vienen después de un colapso social como ha pasado tantas otras veces en la historia (de españa)

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#9
JJ
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#5 diga usted que si. La administración amenaza con tremendas multas por incumplimiento a empresas privadas que tienen el malvado animo del lucro, pero mientras tanto en los juzgados de este país (es lo que conozco por mi señora), se trabaja sin mascarilla y el teletrabajo se hace a la buena de Dios, con tus propios medios (pones tu propio ordenador, conexión, etc...). Por supuesto, la productividad ni se controla. Un cach0ndeo total.

Puntuación 0
#10