Opinión

Al despertar, los dinosaurios de Trump seguirán ahí

Biden mantendrá algunos aspectos de la gestión de la anterior administración

Cuenta Monterroso en el cuento más corto que, "cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí". Cuando concluya el recuento interminable de votos en Estados Unidos, muchos dinosaurios seguirán estando ahí, nos guste o no. Lo que parece claro es que Trump ha perdido las elecciones, pero Biden no va a ser todo lo contrario de Trump, ni en lo positivo ni en lo negativo…

El primer dinosaurio que sigue, siendo con mucha diferencia el peor, es el Coronavirus. Y es un dinosaurio que no se puede comparar con nada. Aquí, efectivamente, el enfoque de Biden frente a la Pandemia es distinto: cree en las medidas de protección y en las mascarillas. Pero en otras cuestiones, no está tan claro que las diferencias sean tan importantes. Y eso se refiere también a dinosaurios como el populismo y el nacionalismo, y su derivado más "trumpiano", el proteccionismo comercial y arancelario.

Por ejemplo, tomen estas declaraciones de Joe Biden, antes no ya de ser investido, sino de que incluso haya comenzado el traspaso de poderes: "No se le dará ningún contrato gubernamental a ninguna compañía que no haga sus productos en América". No hay muchas diferencias entre este tipo de declaraciones y los lemas trumpianos de "Make America Great Again" (Haz América grande de nuevo) y "America First". Y todo esto es una mezcla de populismo, proteccionismo y nacionalismo.

El riego al proteccionismo y a los aranceles se mantendrá con Joe Biden

Es muy complicado encontrar una compañía que realice todos sus productos exclusivamente en Estados Unidos, y mucho menos para todos los productos. Y comprar más caro y de peor calidad, simplemente porque está hecho unos kilómetros más cerca no es eficiente: eso reduce la competencia e incrementa el coste para el Gobierno (igual que lo haría para usted, si siguiese la misma política). Esto no solo supone mayores impuestos para conseguir los mismos servicios públicos, sino que tiene el riesgo de que otros países sigan la misma política, con lo que se acabe reduciendo el bienestar global.

Pongamos un caso extremo: si finalmente la mejor y más pronta vacuna disponible no se fabrica en Estados Unidos, ¿qué hará la próxima Administración Biden, no comprarla? Llevando el tema al límite, si la vacuna se ha investigado en otro país, entonces, ¿tampoco se compra? O ¿se deja que cada americano la pague de su bolsillo?

Cabe esperar que todo esto no sean más que declaraciones, pero eso mismo se decía de Trump hace cuatro años. Y sí, algunas cuestiones, afortunadamente, se han quedado en agua de borrajas, como el famoso muro con México que iban a pagar los propios mexicanos. Pero los aranceles y los obstáculos al comercio sí que se han incrementado. Y todo esto tiene causas fundamentalmente internas.

La primera es que un Presidente puede fijar el nivel de aranceles sin tener que pasar por el Congreso. Sin embargo, para cambiar las leyes en Estados Unidos es necesaria la mayoría en las dos cámaras del Congreso, la de Representantes y el Senado. Los demócratas han mantenido, por los pelos y perdiendo votos y representantes, el control de la Cámara de Representantes. Sin embargo, donde no ha habido un vuelco es en el Senado. En el próximo periodo de sesiones, los republicanos tendrán 50 escaños, los demócratas 46 y hay dos independientes que suelen votar con los demócratas. Si los demócratas ganasen las dos elecciones senatoriales que hay que repetir en Georgia, podrían aspirar a un empate que decantaría la vicepresidenta, Kamala Harris, que constitucionalmente decide en caso de empate en el Senado.

De no ser por su penosa gestión de la pandemia, el republicano habría sido reelegido

Éste es el panorama legislativo al que se va a enfrentar la próxima Administración Biden, que además tiene dos agravantes en cuestiones fiscales: en primer lugar, que si hay una cuestión que cohesiona a los republicanos es su rechazo a las subidas de impuestos. En segundo término, que cada Representante y cada Senador se somete a elecciones en su distrito o Estado con lo que existe mucha menos disciplina de voto que en Europa. Y cuando no se pueden tocar los impuestos internos, se acaban tocando el gasto público y los aranceles.

Además, el sistema político norteamericano prima las zonas rurales y los estados industrializados en declive: en estos lugares los votos valen más, y es ahí donde se ganan o pierden las elecciones. Y en esos lugares, el proteccionismo es más popular, seguramente porque en esos lugares se reflejan con más claridad los costes, que también los tiene, de la globalización.

Clinton ya ganó en voto popular a Trump, y ahora Biden ha aumentado esa ventaja en varios millones de votos. Sin embargo, incrementar la ventaja en millones de votos en California no sirve para nada. Lo que ha permitido ganar a Biden es que cinco estados que votaron a Trump en 2016, no lo hayan votado en 2020: Arizona, Georgia, Michigan, Wisconsin y Pensilvania. Salvo en Michigan, la diferencia en votos en esos Estados ha sido del 1% o menos. También es cierto, que, en Carolina del Norte, por ejemplo, la diferencia de Trump sobre Biden ha sido también muy estrecha. Pero si Trump hubiese logrado mantener Pensilvania, Michigan y Wisconsin, todos ellos Estados industrializados en declive, con fábricas de coches cerradas porque las multinacionales norteamericanas trasladan su producción a México, Trump hubiese ganado las elecciones en el Colegio Electoral, que es donde se elige al Presidente. De hecho, de no haber sido por la Pandemia del Coronavirus y su desastrosa gestión, Trump tenía muchas opciones de salir reelegido.

Tras una noche electoral interminable, Estados Unidos y el mundo, despertarán de la Administración Trump, pero algunos dinosaurios seguirán allí. Uno de ellos, una pandemia, seguramente responsable de que el gobierno de Trump, debido a su desastrosa gestión, termine el 20 de enero seguirá. Pero también, otros dinosaurios, los económicos y políticos de la era Trump, ya estaban aquí y desgraciadamente tampoco desaparecerán como un mal sueño, o siendo optimistas, no desparecerán por completo.

comentariosforum1WhatsAppWhatsAppFacebookFacebookTwitterTwitterLinkedinlinkedin
forum Comentarios 1
Deja tu comentario
elEconomista no se hace responsable de las opiniones expresadas en los comentarios y los mismos no constituyen la opinión de elEconomista. No obstante, elEconomista no tiene obligación de controlar la utilización de éstos por los usuarios y no garantiza que se haga un uso diligente o prudente de los mismos. Tampoco tiene la obligación de verificar y no verifica la identidad de los usuarios, ni la veracidad, vigencia, exhaustividad y/o autenticidad de los datos que los usuarios proporcionan y excluye cualquier responsabilidad por los daños y perjuicios de toda naturaleza que pudieran deberse a la utilización de los mismos o que puedan deberse a la ilicitud, carácter lesivo, falta de veracidad, vigencia, exhaustividad y/o autenticidad de la información proporcionada.

yomismo
A Favor
En Contra

Si el argumento es que el protecionismo encarece los productos, tambien habria que decir que aumentan los salarios. O visto de otra forma, si las empresas han de vender mas barato, necesitaran casi siempre reducir el coste de la mano de obra.

Puntuación 4
#1