Opinión

Finanzas: volverse verde estando en números rojos

Europa, dispuesta a enseñar el camino a seguir en finanzas sostenibles

El dinero habla, pero también tiene que escuchar la demanda de cambio a un sistema financiero que tenga en cuenta las cuestiones no financieras, desde el cambio climático hasta la inclusión social. Vivimos unos tiempos sin precedentes: una pandemia que nos está obligando a replantearnos cómo vivimos, trabajamos y actuamos, y una crisis climática que requiere atención urgente. Según la Comisión Europea, la economía de la UE se contraerá más del 8% este año.

Nos encontramos a la vez ante una emergencia climática, como declaró el Parlamento Europeo en diciembre, casi al mismo tiempo que aparecían las primeras señales del coronavirus. Nunca ha sido más grande la necesidad de solidaridad de la UE y de colaboración mundial.

Acertadamente, Europa no está utilizando la crisis de la COVID-19 para retrasar la actuación contra el cambio climático y en favor de la transición ecológica. El compromiso con el Pacto Verde Europeo sigue siendo firme, para que nos ayude a afrontar los retos climáticos y medioambientales, a estimular el crecimiento sostenible y la recuperación. Por primera vez en su historia, la Comisión Europea ha empezado a contraer empréstitos para financiar la recuperación. Se movilizará la enorme cantidad de 750.000 millones de euros, en forma de subvenciones y préstamos, para ayudar a los Estados miembros a salir de la crisis. La Comisión ha propuesto que el 37% de los fondos para la recuperación se destine a proyectos ecológicos. En este sentido, la presidenta Ursula von der Leyen ha propuesto que el 30% del dinero obtenido para financiar la recuperación proceda de bonos verdes.

Europa está mostrando el camino al resto del mundo respecto a la sostenibilidad

Esto contribuirá a seguir movilizando el sistema financiero con el fin de proporcionar los recursos necesarios para que tengan lugar la recuperación y la transición climática. Los primeros signos son prometedores: la reciente emisión de bonos por parte de la Comisión en apoyo del empleo en la UE generó un enorme interés en el mercado.

Las inversiones que integran factores medioambientales y sociales han superado al resto del mercado durante la crisis. Cada vez más fondos de pensiones y otros inversores piden a las empresas declaraciones expresas sobre su posición ante las cuestiones climáticas, medioambientales y otros aspectos no financieros.

Aunque la reorientación del sistema financiero hacia la sostenibilidad es todavía incipiente, sabemos que no tenemos tiempo que perder para evitar la destrucción masiva provocada por el cambio climático, la degradación del medio ambiente y la pérdida de biodiversidad.

Tenemos que replantearnos todo. Las finanzas sostenibles deben generalizarse para que tengan un impacto transformador en la sociedad y en el planeta, produciendo al mismo tiempo elevados rendimientos.

Europa muestra el camino. Los trabajos sobre una estrategia renovada de finanzas sostenibles progresan rápidamente en la Comisión Europea. Esta estrategia se pondrá en marcha a principios de 2021 e incluirá objetivos bien definidos, con plazos claros, para garantizar que permanezcamos en la buena senda. Los comentarios públicos recibidos hasta la fecha confirman un amplio apoyo a nuestros ambiciosos planes.

La política no debe penalizar injustamente a las industrias contaminantes

Ya estamos desarrollando la taxonomía de las finanzas sostenibles, la divulgación de información relativa a la sostenibilidad por parte de las empresas y los inversores, los índices de referencia climáticos y las próximas medidas para los bonos verdes y las etiquetas ecológicas de las inversiones.

La taxonomía de las finanzas sostenibles clasifica las actividades ecológicas. Pero también tenemos que decidir cómo ayudar a los sectores y las industrias a que abandonen las prácticas insostenibles para reducir los daños.

Algunos piden una lista negativa que determine lo que es insostenible hoy en día. Otros advierten de que este enfoque puede dar lugar a que empresas y proyectos tengan dificultades para acceder a la financiación de la transición hacia actividades con un impacto bajo, y en última instancia positivo, en la sostenibilidad. La nueva Plataforma sobre las Finanzas Sostenibles está estudiando estas cuestiones.

¿Qué papel desempeña la tecnología de transición? Las políticas no deben penalizar injustamente a las industrias contaminantes y a las personas cuyos medios de subsistencia dependen de ellas, sino más bien incentivarlas y orientarlas para que corrijan su conducta.

La agenda de finanzas sostenibles no es solo ecológica, sino también social. La crisis de la COVID ha centrado su atención en la importancia de unos sistemas sanitarios públicos resilientes. Ha puesto de manifiesto que las personas con los empleos peor remunerados, a menudo mujeres, son las más vulnerables. Los jóvenes también se ven gravemente afectados. Tenemos que afrontar estas realidades en nuestra futura agenda de inversiones. Europa no puede hacerlo sola: estamos trabajando con la Plataforma Internacional sobre las Finanzas Sostenibles. Esperamos que el presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, apoyará la agenda de finanzas sostenibles como parte de su claro compromiso de lucha contra el cambio climático.

La UE se ha comprometido con la neutralidad climática de aquí a 2050, en solo 30 años. Ya se ha fijado un objetivo mucho más elevado de reducción de las emisiones de CO2 de aquí a 2030. Para conseguirlo es necesario realizar enormes inversiones.

Hay detractores que abortarían esta agenda antes de que viera la luz, presionando en su lugar a favor de una recuperación que mantenga el statu quo. Ello supondría un despilfarro en prácticas insostenibles y perjudiciales para el clima.

No hay tiempo que perder. Toda empresa, grande o pequeña, que no tenga en cuenta los riesgos climáticos y medioambientales en sus operaciones tendrá pronto un balance muy desequilibrado. Un marco normativo y político sólido, proporcionado por la Estrategia revisada de finanzas sostenibles, garantizará que el dinero fluya hacia los proyectos sostenibles. Volverse verde estando en números rojos no solo es posible, sino que es esencial.

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