Opinión

La inversión responsable no es una moda

Ascenso imparable de la inversión responsable

La inversión responsable, impulsada por la crisis Covid-19, no es una moda, sino una tendencia hacia la que se dirige la gestión de patrimonios y carteras de clientes, las cuales pueden transformarse en inversiones con criterios ASG (medioambiente, sociedad y gobernanza) y expectativas de mejora de la relación rentabilidad/riesgo.

Hay que tener en cuenta que desde los años 80 hemos pasado de la era de creación de valor para el accionista, cuando Tierra y sociedad era secundarios respecto a beneficios empresariales, a un sistema de creación de valor en el que los negocios operan dentro de los límites de la sociedad y el planeta que hace posible la vida. De igual manera hemos pasado de un modelo de consumo lineal a uno circular y de un mundo opaco a otro abierto y abundante en datos, donde la diseminación de información es instantánea. Incluso las familias están cada vez más interesadas en un enfoque holístico, con canales complementarios, desde filantropía hasta responsabilidad social empresarial e inversión sostenible.

Al respecto los consultores, sometidos al deber fiduciario, debemos formular recomendaciones respecto a una amplia gama de productos y servicios de inversión. Efectivamente, podemos facilitar una inversión ASG de mayor calidad, con información sobre sus características y ayudar a los inversores a comprender y cuantificar riesgos como el cambio climático para sus carteras, además de evaluar el valor añadido de los gestores de fondos y si proporcionan lo que prometen.

Es necesario evaluar la idoneidad de los gestores y verificar la información que suministran

Hay que tener en cuenta que la integración de factores ASG influye en el perfil rentabilidad/riesgo. Es el caso de activos relacionados con combustibles fósiles, que en la transición a una economía baja en carbono ya no pueden generar rentabilidad económica. La Comisión Europea quiere que el objetivo de reducción de emisiones de CO2 de la UE para 2030 pase de 40% actual a 55% respecto a 1990 y plantea destinar 37% de 750.000 millones del Plan de Recuperación contra la pandemia a cumplir objetivos ambientales del Pacto Verde. 30% se logrará mediante de bonos verdes, respecto al que la UE trabaja en un estándar europeo. Además se reformará el mercado de CO2 para incluir el transporte y otros sectores difusos, como edificación. Así que la UE está en camino de ser climáticamente neutral en 2050, esto es, que emita solo el CO2 capaz de absorberse en el territorio. De manera que para 2030 el ritmo de despliegue de capacidades eólica y solar debe duplicarse.

Además los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas para 2030 implican una amplia gama de oportunidades. Es el caso de tecnologías de prevención en ciencias de la vida, fuentes de energía sin carbono, redes inteligentes y vehículos eléctricos, gestión de aguas y residuos y economía circular, reducción de pérdidas desde la cosecha y conservación de ecosistemas naturales así como inteligencia artificial, protección de datos y ciberseguridad.

Activos relacionados con combustibles fósiles no pueden generar rentabilidad

Para abordar esta inversión los inversores particulares pueden delegar la asignación estratégica de activos, de manera que se sustituyen sus activos convencionales por equivalentes sostenibles, a través de fondos y ETF, evaluados y seleccionados con criterios de sostenibilidad, ya sea integración de factores ASG, selección de mejores empresas por sector, participación activa y/o votación y temas relacionados con sostenibilidad, como agua o energías limpias, así como inversión de impacto (bonos verdes, bonos de desarrollo sostenible, microfinanzas). Asimismo, el inversor particular puede querer disponer de una estrategia de inversión responsable propia, como mandatos relacionados con inversiones de impacto. Ello incluye inversiones alternativas de valor a largo plazo, como capital privado, bienes inmuebles y hedge funds.

Activos relacionados con combustibles fósiles no pueden generar rentabilidad

En cualquier caso, hay que evaluar la idoneidad de los gestores y verificar la información que suministran, su política y prácticas de inversión responsable, la integración ASG en sus proceso de inversión y su política de propiedad activa y delegación de voto, con supervisión. De hecho los gestores líderes, con mayor puntuación en inversión responsable, son precisamente los que medio plazo tienden a generar mayor exceso de rentabilidad respecto a riesgo asumido.

Además la inversión directa ASG se está desarrollando. En cualquier caso en España la mayoría de clientes son personas físicas, para quienes es mucho más atractivo fiscalmente la inversión en fondos. Pero existen carteras con valores, especialmente acciones, que cumplen criterios de sostenibilidad.

El resultado es que, aplicando criterios ASG, hasta 85% de los activos de una cartera de inversión diversificada globalmente puede ser de inversión responsable. Apenas quedan fuera títulos de deuda pública, necesarios en una distribución de activos óptima, como bonos de EEUU, Bunds o sociedades de inversión del sector inmobiliario que cotizan en bolsa, como REITS de EEUU o SOCIMI en España.

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