Opinión

Aún estamos a tiempo de frenar el calentamiento global

El planeta necesita que se rompa el binomio crecimiento con carbono

Este mes de octubre se conmemora la lucha contra el cambio climático, una de las mayores amenazas para nuestra especie, si no, la más importante. Y es que, a medida que la población y las economías crecen, también lo hace el nivel acumulado de gases efecto invernadero. De hecho, y debido a esta acumulación, la temperatura de la Tierra, que no había cambiado mucho en 10.000 años, ha aumentado significativamente en estos últimos 150 años.

La crisis del coronavirus, durante la cual se han reducido las emisiones de estos gases y se ha devuelto a la naturaleza hábitat perdido, ha puesto de manifiesto que nuestro planeta está estresado y reclama su espacio. Conscientes de ello, Gobiernos como el español y organismos como la UE trabajan en medidas que potencien una economía sostenible, a través de por ejemplo la Ley de Cambio Climático y el Pacto Verde Europeo, respectivamente.

Sin embargo, las empresas también tenemos un papel muy importante en la aceleración de este crecimiento sostenible. Y, en particular, los bancos en nuestro rol de intermediarios contribuyendo a cambiar el rumbo del capital. Así lo creemos en ING, donde ya hace tiempo que trabajamos con nuestros clientes para apoyarles en la transición a modelos de negocio más sostenibles, ayudándoles a entender los riesgos y oportunidades que ofrecen los actuales desafíos medioambientales. Fortalecer su resiliencia al cambio climático es primordial para las empresas, pero también es de interés para nuestros accionistas y, a fin de cuentas, un beneficio para toda la sociedad. Definitivamente, es un "win-win-win".

En 2020, se espera que las emisiones globales desciendan un 8% debido a la pandemia del Covid-19, aunque estas deben descender anualmente un 7.6% en esta década para cumplir con el objetivo que se acordó en la COP de París. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) afirma que la transición a un futuro con bajas emisiones de carbono y resiliente al clima, requerirá que se inviertan más de 30 billones de euros en energía limpia e infraestructura eficiente para el año 2035. Pero esto es algo que ningún sector, ni mucho menos un banco, puede hacer solo. Necesitamos un esfuerzo colectivo a través de la colaboración de todos los agentes implicados. Y es aquí, donde entra nuestro enfoque Terra.

Hace solo unos días hemos actualizado el informe Terra, en el que reflejamos la alineación de nuestra cartera de préstamos de 600.000 millones de euros con los objetivos del Acuerdo de París de mantener el calentamiento global por debajo de los 2ºC. En él analizamos los avances que hemos hecho durante el último año en la ruta de descarbonización de los sectores más responsables del cambio climático. En concreto, el sector del automóvil, la generación de energía, el inmobiliario residencial, el inmobiliario comercial, el cemento, los combustibles fósiles, la aviación, el acero y la navegación. Y nos comprometemos a reducir la financiación de petróleo y gas en un 19% para 2040, a partir de los niveles de 2019, de acuerdo con el Escenario de Desarrollo Sostenible (SDS) de la AIE.

Al fin y al cabo, las decisiones que tomamos como prestamistas importan, y queremos asegurarnos de que orientamos nuestra cartera hacia el mundo con bajas emisiones de carbono que necesitamos. Pero Terra también es un marco colaborativo, un estándar de código abierto que promovemos para toda la industria, que aumentaría la transparencia, y nuestra eficacia colectiva en la lucha contra el cambio climático.

Como se está demostrando en estos tiempos, no podemos paralizar nuestra actividad, pero sí necesitamos impulsar decididamente un cambio en la economía y romper el vínculo entre crecimiento y carbono. Una recuperación social y verde será imposible, si no llevamos a cabo una transformación profunda de nuestro comportamiento individual, colectivo y de nuestra forma de hacer negocios.

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