Opinión

El Euro Digital: un proyecto monetario con varios interrogantes

Dudas en torno al proyecto del euro digital

En los últimos meses se ha estado hablando intensamente sobre la posible introducción de un Euro Digital por parte del Banco Central Europeo (BCE). Esta innovación monetaria se sitúa en un escenario de máxima complejidad geopolítica y financiera. En los últimos meses hemos experimentado una expansión cuantitativa de la oferta monetaria mundial sin precedentes históricos. Al mismo tiempo, las disrupciones en la economía digital, como el de las criptomonedas y la tecnología DLT/Blockchain, se están acelerando y están catalizando muchos otros cambios organizativos y empresariales. En su conjunto, esta situación está motivando una respuesta cada vez más coordinada de las autoridades monetarias, fiscales y bancarias internacionales, entre los que se encuentran los proyectos de monedas digitales de banca central (CBDC). La posible emisión de unos activos dinerarios digitales, programables y criptográficos se topa con no pocos retos tecnológicos, sociopolíticos y regulatorios.

Entre los diversos interrogantes sobre un hipotético Euro Digital está en saber si la moneda virtual europea va a operar como una nueva reserva dentro del balance del BCE. En ese sentido, se plantea la opción de que los usuarios, es decir, los ciudadanos y empresas europeas, puedan solicitar la apertura de cuentas y depósitos directamente en el banco central, reduciendo así el rol de la banca comercial como intermediario. Esta posibilidad teórica supondría una extraordinaria transformación del modelo bancario europeo. De hecho, esta es la vía que está emprendiendo el Banco Popular de China con el Yuan Digital (DC/EP), licitando las licencias para los proveedores de monedero electrónico, plataformas directamente vinculadas a las cuentas de la banca central. Estas licencias recaerán muy probablemente en Wechat Pay y AliPay, que son los sistemas de pago de los gigantes tecnológicos chinos Tencent y Alibaba, respectivamente.

De momento, la razón principal por la que en la UE no se plantearía que el BCE ofrezca directamente acceso a sus fondos de CBDC a sus ciudadanos particulares -a pesar de que la tecnología para hacerlo está disponible-, es sencillamente porque realizar esta operación podría suponer graves consecuencias para la banca comercial europea. No obstante, la hipótesis de que los particulares pudiesen convertir parcialmente sus depósitos bancarios en una moneda digital centralizada con una ecuación de canje 1:1 encontraría sin duda un gran atractivo, máxime en una coyuntura de comisiones bancarias al alza y de tipos de interés nulos o incluso negativos.

Sin embargo, una posible fuga de depósitos desde la banca comercial al BCE podría magnificar los efectos de la crisis actual y poner en mayor peligro la sostenibilidad de las entidades de crédito. En este sentido, resulta de interés rescatar la entrevista a Jens Weidmann, en el diario alemán Handelsblatt, a comienzos de este año. En dicha entrevista el presidente del Bundesbank alemán argumentaba que la introducción de una CBDC podría conducir a un corralito bancario, porque una considerable liquidez del sector bancario se trasladaría al banco central, lo que podría resultar en una falta de financiación para el sector de la banca comercial. "Los depositantes asustados podrían desencadenar una crisis de liquidez en el sistema bancario al retirar su dinero a una cuenta segura en el banco central". En efecto, una CBDC convertible a la divisa fiduciaria bancaria podría provocar un desplazamiento de depósitos bancarios arrastrando graves consecuencias para toda la estructura del sistema financiero. Esto en la práctica dificultaría la capacidad del BCE para cumplir su misión de transmitir su política monetaria a la economía real.

Adicionalmente, en el supuesto de que el BCE tomara depósitos minoristas mediante una nueva divisa digital, quedaría por resolver si también se reserva la facultad de otorgar préstamos. Esto supondría introducirse en líneas comerciales orientadas al cliente, además de asumir la carga del cumplimiento normativo en materia de prevención del blanqueo de capitales, protección de consumidores y confidencialidad. En este sentido, podría argumentarse a favor de otorgar esta facultad al banco central que esta medida ayudaría a la inclusión financiera, además de reforzar la soberanía monetaria, ya que la desintermediación podría hacer más seguro y equitativo al sistema financiero. Desde algunas instancias políticas se está proponiendo construir una suerte de banca pública a través de la banca central, y más concretamente, mediante la introducción de un nuevo activo monetario digitalizado, programable y criptográfico, que se insertaría en la plataforma paneuropea de pagos.

Ahora bien, en sentido contrario, una CBDC a nivel minorista podría crear una concentración desproporcionada de poder en el banco central, lo que en determinados contextos podría generar efectos muy adversos en el sistema financiero, fundamentalmente en el modelo de negocio de la banca comercial. Hay que tener presente que día de hoy los depósitos minoristas representan fuentes de financiación baratas y de alta calidad para los bancos comerciales. Por tanto, si una CBDC se implantara y quitara los depósitos, muy probablemente dejaría la financiación más cara y dependiente de los mercados mayoristas, cortando a su vez el vínculo con los clientes. Si las cuentas corrientes y depósitos bancarios perdiesen importancia por la disrupción de una CBDC, los bancos comerciales podrían convertirse en proveedores de capital de balance solamente y esto dejaría más reducidos sus ingresos por comisiones.

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