Opinión

Economía global: razones para un optimismo prudente

El autor invita a ser optimista ante la crisis aunque siempre con cautela

Tras una primera mitad de 2020 en la que hemos asistido a una contracción económica sin precedentes, hay razones para ser moderadamente constructivos de cara al futuro. En concreto, mi escenario central para la economía global es el siguiente: crecimiento intertrimestral significativamente positivo durante la segunda mitad de este año y retorno a los niveles de PIB anteriores a la crisis a finales de 2021 o durante la primera mitad de 2022.

Sin embargo, y aunque estoy más esperanzado que descorazonado, también es evidente que nos encontramos en un entorno muy incierto. En concreto, la posibilidad de una segunda oleada fuerte del virus que pudiera llevar a nuevos confinamientos generalizados es algo que no puede descartarse en absoluto.

Así las cosas, y vista también la fortísima recuperación que han vivido los mercados financieros en los últimos tres meses, éste es un buen momento para hacer una pausa y repasar cuál es, a día de hoy, el balance de riesgos al alza y a la baja.

Es positivo que los bancos centrales sigan dispuestos a mantener el flujo de crédito

En el lado positivo, el primer elemento reseñable es que la apertura de las diferentes economías ha dado lugar en el período reciente a un repunte significativo en los indicadores macro, tanto los de actividad como los de sentimiento económico.

El segundo elemento favorable a destacar es que, en los países en que la apertura se ha hecho con suficiente cuidado y los sistemas de rastreo están funcionando, el virus parece mantenerse bajo control.

El tercer factor positivo es la constatación de que los bancos centrales y las autoridades fiscales de todo el mundo siguen en modo "whatever it takes", dispuestas a hacer todo lo que haga falta tanto para mantener el flujo de crédito hacia la economía real como para incentivar una recuperación rápida de la actividad a través de todo tipo de estímulos monetarios y presupuestarios.

Por último, también es reseñable entre las cosas que parecen ir bien el hecho de que se siguen produciendo noticias sobre avances tanto en tratamiento como en vacunas. Aunque hay obviamente mucha incertidumbre sobre cuándo estarán disponibles con carácter general un tratamiento o una vacuna verdaderamente efectivos, el horizonte temporal de 6-9 meses parece cada vez más factible.

Lo señalado hasta aquí es claramente compatible con lo que dibujado en mi escenario central. En todo caso, y para mantener un cierto grado de prudencia como inversores, conviene que no sólo nos limitemos a constatar lo que ha ido bien sino que nos preguntemos también qué podría ir mal.

Y es evidente, en línea con lo señalado más arriba, que el principal riesgo al que se enfrenta el mundo a día de hoy continúa siendo el de una segunda oleada fuerte del virus que obligara a volver a cerrar un número significativo economías.

En este sentido, es descorazonador observar cómo la primera economía del mundo, EEUU, está siendo muy poco cuidadosa en el proceso de apertura (sobre todo en los estados más próximos políticamente a un Trump que sigue obsesionado con vender éxito económico de cara a las elecciones de noviembre).

En todo caso, y aunque es inevitable no oler a confinamiento cuando uno ve la curva de contagios estadounidense, creo que, incluso en ese país, lo más probable es que se logre evitar un nuevo cierre completo de la economía. ¿Por qué? En primer lugar, porque parte de los estados que forman la Unión lo está haciendo bastante bien en términos de control del virus. En segundo lugar, porque (incluso en los estados donde la evolución de la pandemia es más negativa) la población de mayor riesgo parece estar protegiéndose mejor y eso debería ayudar a evitar un descontrol de la mortalidad. Por supuesto, el aumento de contagios va a implicar también más muertes y más hospitalizaciones, como está ocurriendo ya, pero quizás no lo suficiente como para colapsar del todo el sistema sanitario.

Resulta descorazonador como EEUU descuida su proceso de apertura

Otra cosa que pienso que acabará de forma favorable pero que podría generar ruido durante las próximas semanas son las negociaciones entorno al fondo de recuperación europeo. Así, conseguir un fondo suficientemente grande resulta fundamental, tanto para los países más endeudados y golpeados por la pandemia como para el propio futuro del proceso de integración comunitario.

En cuanto a los riesgos de carácter geopolítico, como pueden ser el Brexit o los conflictos comerciales, desde luego siguen ahí, aunque visto lo incierto del escenario macro actual veo poco apetitivo entre los actores políticos por generar situaciones verdaderamente disruptivas.

Poniendo todo en la balanza, y sin quitar ojo a la evolución del virus, lo más probable es que la economía mundial experimente un crecimiento económico muy significativo durante los próximos dos años, quizás suficiente para retomar, al final de ese período, la senda de PIB previa a la crisis.

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