Opinión

Liderazgo político necesario en el BCE

Lagarde tiene el reto de promover estímulos fiscales en la eurozona

Cuando Christine Lagarde fue elegida presidenta del Banco Central Europeo, sus detractores se apresuraron a argumentar que su nombramiento fue un error. Aunque ha tenido una distinguida carrera como ministra de finanzas francesa y directora gerente del Fondo Monetario Internacional, nunca lideró un banco central ni ha recibido formación como economista. Sin esa experiencia, ¿cómo podría estar a la altura del trabajo?

Esa crítica está muy lejos de abordar el fondo de la cuestión. Lo que se necesita ahora en el banco no es un dominio pleno de la política monetaria. El BCE cuenta ya con un gran número de expertos en esa materia. Más importante es la habilidad política que se requerirá para reconstruir la confianza y el consenso en un momento de mayor contención.

El presidente saliente del BCE, Mario Draghi, ha preparado sin querer a Lagarde para un comienzo difícil. Como una de las últimas grandes decisiones de su mandato, convenció al Consejo de Gobierno del banco para que tomara medidas audaces y reactivara la expansión cuantitativa, una política poco convencional que permite al banco central comprar valores masivamente deuda con el fin de fomentar los préstamos y la inversión.

La institución afronta retos que van más allá de las sutilidades de la política monetaria

Draghi hizo este último esfuerzo para asegurar que Lagarde no tenga que comenzar su mandato con nuevas acciones de política monetaria. Pero eso la deja a cargo de la gestión de las reacciones de algunos de los políticos más agresivos del banco, sobre todo de los alemanes. Sus reticencias probablemente socavarán la eficacia de estos estímulos y exigirán esfuerzos de gran intensidad a Lagarde para que no queden en vía muerta.

La definición de la política monetaria está dividido por el disenso interno y la rebelión abierta de sus halcones. Algunos miembros de esta última facción pueden incluso intentar hacer retroceder los poderes del presidente del BCE.

Afortunadamente, Lagarde está bien cualificada para afrontar esta situación. Tiene una sólida capacidad de liderazgo desde su época en el FMI y el Ministerio de Finanzas francés, donde estableció relaciones sólidas con sus contrapartes alemanas. Estas ventajas no deben ser subestimadas, y le darán un estilo de liderazgo distintivo desde el principio.

Lagarde está bien cualificada para abordar la división interna que el banco central presenta

Sin duda, las incuestionables credenciales como experto en política monetaria de su antecesor, que fue gobernador del Banco de Italia le permitieron impulsar decisiones de política monetaria sin precedentes, innovadoras y altamente eficaces.

Durante su presidencia, el BCE asumió un papel cada vez más político. Junto con la Comisión Europea y el FMI, formó parte de la Troika, el trío de instituciones que navegaron por la zona del euro a través de las crisis financiera y de deuda soberana.

Fue Draghi quien declaró que el banco haría "lo que fuera necesario" con su promesa de 2012 de proteger la moneda común de los especuladores del mercado. Esta audaz declaración fue seguida rápidamente por el programa de operaciones monetarias directas, que prometía liberar el poder de fuego ilimitado del BCE en apoyo de cualquier país que aceptara un paquete de rescate de la eurozona.

Su intervención consiguió ganar tiempo para que la eurozona hiciera reformas. Sin embargo, tuvo un alto costo político, incluyendo la renuncia de los miembros del Consejo de Gobierno alemán y el creciente escepticismo de los halcones del BCE.

Draghi comprendió que una acción de política monetaria eficaz requiere habilidad en la negociación política propiamente dicha. Pero a medida que la crisis fue avanzando, fue incapaz de frenar la creciente disensión que surgió en el Consejo de Gobierno.

Las dificultades del economista italiano ilustran por qué la experiencia política de Lagarde es tan importante. La gestión de uno de los dos bancos centrales más importantes del mundo ya no es un asunto de debates desde torres de marfil sobre las sutilezas técnicas de la fijación de objetivos de inflación. El jefe del BCE debe gestionar una cartera cada vez mayor de responsabilidades en materia de política monetaria y banca, al tiempo que negocia las tareas de gestión de crisis con sus homólogos de todo el mundo y con los gobiernos de la UE.

Y lo que es aún más importante, Lagarde tendrá que gestionar la difícil 'política de la política monetaria' en un momento en que los tipos de interés se acercan a cero o incluso son negativos. Como jefa del BCE, tendrá que trabajar en estrecha colaboración con los gobiernos de la zona euro, no sólo para arreglar las cosas, sino también para garantizar que los estímulos fiscales pueda desempeñar su papel en la reactivación de la economía.

Al final, lo que determinará su éxito es si puede forjar un consenso entre los gobiernos de la zona euro y elaborar políticas fiscales que preparen al continente para la próxima recesión. Serán sus habilidades como política, más que nada, las que definirán su mandato en el BCE y el futuro de la zona del euro.

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