Empresas y finanzas

El coste de evitar apagones e integrar renovables se reduce un 60% desde 2010

  • El gasto de REE en los sistemas de ajuste del sistema eléctrico bajan de 1.000 millones a 360 millones el año pasado
Un ciclista delante de un parque eólico. Foto: Archivo.

El coste de los mecanismos de seguridad del sistema eléctrico, los que se activan para evitar apagones e integrar la energía renovable intermitente, se ha reducido un 60% desde 2010, año en que superaron los 1.000 millones de euros, hasta los 360 millones de 2019, reflejando la mayor eficiencia a la hora de desarrollar la energía verde.

Economics for Energy, un think tank ligado a la Universidad Pontificia Comillas, entre otras entidades, publicó ayer el Barómetro de la Transición Energética 2019, un trabajo de periodicidad anual que mide la evolución dicho proceso en España atendiendo a los tres ejes de la política energética europea: la Descarbonización, la Asequibilidad y la Seguridad de suministro.

Para cada uno de ellos aplica indicadores objetivos, todos ellos públicos, que permiten conocer la evolución del proceso desde 2010. Así, en el caso de la Descarbonización usa las emisiones de gases de efecto invernadero y su relación con el PIB; en el caso de la Asequibilidad tiene en cuenta los precios de la energía y el gasto con relación al PIB; y en el de la Seguridad de suministro, la seguridad de las importaciones, la volatilidad de los precios y las reservas eléctricas y su coste.

Estos últimos indicadores, los de las reservas eléctricas y su coste, "nos están diciendo cuánto necesitamos para integrar las renovables; se siguen reduciendo respecto a la demanda y esto es evidentemente algo positivo: cada vez somos más eficientes a la hora de integrar las renovables; cada vez nos hace falta menos reserva", en palabras de Pedro Linares, uno de los autores del Barómetro.

Datos de REE

Ambos indicadores surgen de los servicios de ajuste que aplica Red Eléctrica de España (REE) para garantizar que la producción de electricidad es acorde con la demanda, de modo que no haya apagones ni se desperdicie energía. Incluyen las restricciones técnicas, la regulación secundaria y terciaria, la interrumpibilidad que gozaba la industria y otros mecanismos técnicos.

La gestión del sistema eléctrico resulta más compleja y difícil a medida que hay más generación renovable intermitente, como la eólica y la solar fotovoltaica, porque siempre hay que compensar sus oscilaciones con la producción y el respaldo de otras centrales flexibles, como los ciclos combinados de gas. En ese sentido, la reserva eléctrica necesaria para garantizar el suministro ha bajado un 40% desde 2010.

Y en cuanto al coste, en 2010 los servicios de ajuste del sistema peninsular ascendieron a 3,75 euros por MWh –el 8,3% del precio medio final del mercado–, superando los 1.000 millones de euros; ahora bien, el pasado 2019 se redujeron al 3,6% del precio medio, sólo 1,46 euros por MWh, unos 360 millones.

Linares, no obstante, puntualiza que en la fuerte reducción en términos de coste "uno de los efectos que puede estar participando es el cambio en el régimen de intrrumpibilidad, que ha ido bajando mucho su coste". De hecho, ha pasado de superar los 500 millones anuales a desaparecer en la actualidad.

Es importante destacar que estos cálculos y esta evolución positiva se circunscriben al sistema eléctrico peninsular; los sistemas insulares, mucho más pequeños, tienen problemas añadidos a la hora de encajar la generación con la demanda y garantizar el suministro.

Por lo que se refiere a la evolución de la Transición energética, en general, Econmics for Energy registra una mejora significativa en 2019, por la reducción de las emisiones de CO2 -impulsada por la menor participación del carbón-, la citada tendencia a la baja del coste de integrar renovables y el descenso tanto del gasto como del precio de la energía.

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