Economía

Los laboristas británicos, en crisis por el Brexit: crecen los rumores sobre una escisión

  • La fecha escogida para la ruptura sería el próximo día 28
  • May sufre otra derrota: el Parlamento rechaza su renegociación
El líder laborista, Jeremy Corbyn. Foto: Reuters.

Mientras la primera ministra británica, Theresa May, sufre lo indecible para mantener unidas a las dos alas del Partido Conservador en torno a su plan para el Brexit -que ambas rechazan por motivos antagónicos-, la oposición laborista no puede sacar pecho. Al contrario, las divisiones internas sobre si oponerse al Brexit o solo a la versión de May amenazan con destruir el partido y provocar una escisión, que cada vez parece más inmediata.

Según The Guardian, hasta 10 miembros de la dirección del grupo parlamentario podrían dimitir si su líder, Jeremy Corbyn, no acepta apoyar la convocatoria de un segundo referéndum. Corbyn retiró una declaración a su favor de una carta escrita por su portavoz sobre el Brexit, Keir Starmer, dirigida al Gobierno. "Siento que nuestros líderes nos están tomando por tontos", se quejaba el diputado Chris Leslie.

Pero la mayor amenaza para el veterano izquierdista no es solo las dimisiones de protesta, sino el riesgo de una escisión completa. Según BuzzFeed, entre 7 y 10 diputados estarían pensando formar su propio grupo parlamentario independiente, molestos por la "inacción" de Corbyn ante el Brexit y sus escándalos de antisemitismo. Aunque algunos hablaban de dar el paso ya hoy, como la "ruptura de San Valentín", la fecha clave escogida finalmente sería el próximo 28 de febrero, en la siguiente votación clave sobre el Brexit.

Centrismo "estilo Macron"

Esos rumores se unen a un movimiento que crece en las últimas semanas, a favor de un nuevo "partido centrista" al estilo del presidente francés, Emmanuel Macron. Su idea es atraer a votantes de centro-izquierda y centro-derecha en base a un programa pro-europeo. Entre sus defensores, el exprimer ministro Tony Blair.

Pero la otra opción es la creación de un partido de izquierda que apoye abiertamente la permanencia en la UE y abandone al ala más radical que simboliza Corbyn, un euroescéptico desde el principio de su larga carrera. Las consecuencias, en este caso, podrían ser brutales: en 2016, 172 de sus diputados votaron en contra de tenerle como líder, y si se fueran todos en bloque, podrían convertir a los laboristas en el tercer o cuarto partido del Parlamento.

Por el momento, las amenazas de deserción se mantienen bajas, pero, sin un cambio de política de Corbyn, la cascada de dimisiones podría ser insostenible. El líder laborista "no entiende la furia contra el Brexit que existe entre los votantes liberales", dice el analista Nick Cohen. "Es ardiente y capaz de una destrucción total".

En 1981, el Partido Laborista sufrió una escisión que desembocó en el Partido Social Demócrata, ante la deriva izquierdista del entonces líder de la oposición, Michael Foot. La división del voto progresista favoreció las mayorías absolutas aplastantes de Margaret Thatcher, beneficiada por el sistema electoral. Pero ahora la situación ha cambiado: con los 'tories' igualmente divididos y la aparición de nuevos partidos por la derecha, una reorganización total del mapa electoral podría ser una de las salidas a la parálisis actual.

No a la renegociación

Precisamente, este jueves se vio una muestra clarísima de las divisiones que atenazan a los dos partidos. En una votación sobre el discurso de May del pasado martes, 41 diputados laboristas rompieron filas y votaron a favor de una moción de los nacionalistas escoceses para retrasar la fecha de salida durante "al menos" tres meses, pese a las órdenes de Corbyn de abstenerse. El plan fue rechazado, pero la rebelión ha sido notable.

Pero más preocupante para la primera ministra fue el hecho de que el Parlamento votó en contra de la moción que había apoyado hace apenas dos semanas, retirando el mandato a May de renegociar el acuerdo del Brexit con la UE. Una rebelión entre los brexiteros más duros, que insisten en mantener la posibilidad de una salida sin acuerdo, provocó que May perdiera la votación por 45 votos, 303 a 258. La primera ministra ni siquiera estaba en la Cámara para verlo, como protestó Corbyn, y ningún miembro del Gobierno quiso hacer comentario alguno inmediatamente tras la derrota. Finalmente, unas horas después, el secretario de Estado de Empresa, Richard Harrington, acusó a los brexiteros de "traidores" que "deberían abandonar el partido", y tildó sus planes para un Brexit sin acuerdo de "estupidez".

Con esos mimbres, resulta cada vez más improbable que la UE acepte cambios de calado al acuerdo de salida, como exigía la moción que hoy ha sido rechazada. Y así, a la deriva, las miradas parecen estar fijas en la próxima fecha clave: el 28 de febrero, cuando May anunciará qué hace y Corbyn deberá responder. Según lo que digan, la noche podrá terminar con uno o dos partidos nuevos, convocatorias electorales o una crisis total, si la que hay ya no era suficiente.

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