Economía

La industria valenciana huye de probar la semana laboral de cuatro días

  • Sólo pymes de servicios y menos de 40 empleados optan a la ayuda autonómica
  • La mayoría son consultoras con parte de la plantilla que no está a jornada completa
Una línea de producción de una factoría valenciana.
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Los socios del Gobierno de Pedro Sánchez y también del Gobierno valenciano saliente de Ximo Puig en la Comunidad Valenciana han apostado por el impulso de la semana laboral de cuatro días y 32 horas semanales como una de sus medidas estrella para el futuro del mercado laboral. Sin embargo, los hechos demuestran que su aplicación no atrae a las empresas de grandes sectores imprescindibles para el empleo de calidad, como la industria.

Los resultados de la última convocatoria de subvenciones públicas la Generalitat Valenciana para la implantación de esta jornada laboral hablan por sí solos. Ninguna empresa valenciana de la industria ha solicitado estas ayudas. Además, tampoco se han presentad compañías de grandes motores de la actividad valenciana, como el sector agroalimentario y la construcción.

Según los datos hecho públicos por la Consejería de Economía, un total de 41 pymes valencianas se han presentado a las subvenciones públicas convocadas para impulsar esta medida laboral. Todas ellas son empresas del sector servicios y, además, con una fuerte concentración en una actividad, la consultoría. Así, más de la mitad de las solicitudes corresponden a consultoras especializadas sobre todo en gestión empresarial, consultoría de informática y márketing. Apenas 14 de las solicitudes recibidas tienen vinculación con otro tipo de servicios distintos.

La propia Generalitat reconoce que "no se han recibido solicitudes de empresas del ámbito de la construcción, industrial o agrario", lo que deja claro que las compañías de estos sectores no ven viable aplicarla en su actividad.

La mitad, de menos de 5 empleados

Otro punto en común que genera dudas sobre la efectividad real de aplicar la semana de cuatro días es el tamaño de las compañías que están dispuesto a implantarlas. Todas las firmas que concurren tienen menos de 40 empleados. Es más, la mayoría de las solicitudes corresponde a micropymes, ya que en 35 de las 41 solicitudes no se llega siquiera a la decena de trabajadores y más de la mitad no superan los cinco empleados contratados a tiempo completo. Un síntoma de que quienes solicitan estas ayudas contratan personal que ya habitualmente no trabaja todas las horas de una jornada y salario completo.

Según la Generalitat Valenciana si finalmente se aceptan todas las solicitudes presentadas, las subvenciones para reducir la jornada laboral a 32 horas a la semana se aplicarían a un total de 204 trabajadores, que no verían mermada su retribución, según las condiciones de la convocatoria pública.

Sin embargo, la experiencia de la primera convocatoria hace prever que ni mucho menos se alcance esa cifra. El año pasado el Gobierno autonómico apenas concedió estas ayudas a tres de las 45 empresas que lo solicitaron formalmente, en la mayoría de los casos porque no cumplían la totalidad de los requisitos exigidos, lo que muestra también la complejidad de las condiciones.

En el caso valenciano, la semana laboral de cuatro días es una reivindicación defendida fundamentalmente por Compromís, que hasta ahora ha sido responsable el departamento de Trabajo de la Generalitat de Ximo Puig. Las subvenciones planteadas desde el Gobierno valenciano suponen aportar hasta 9.611 euros por empleado que está acogido a esa jornada de 32 horas durante tres años. Su presupuesto total es de 1,5 millones de euros.

El piloto de Valencia

También otro de los líderes de Compromís, el hasta hace unos días alcalde de Valencia, Joan Ribó, promovió lo que calificó como una experiencia piloto mundial de la jornada de cuatro días. Una iniciativa que básicamente consistió en cambiar la fecha tradicional de un día festivo local para que durante el mes de abril y la primera semana de mayo hubiese cuatro días laborables en lugar de cinco.

Una experiencia que sin embargo se limitaba a estudiar los posibles efectos sobre el ámbito medioambiental, de tráfico rodado, el comercio o el turismo, sin entrar en los efectos laborales y empresariales. Además, la patronal y otros agentes consideraron que al tratarse de días festivos contemplados en el total anual se estaba transmitiendo una imagen engañosa ya que realmente se trabajan las mismas horas que en el resto de ciudades españolas.

Cuando se aplica: Erte

Paradójicamente, que algunas industrias muy conocidas de la Comunidad Valenciana trabajen cuatro días a la semana no es precisamente una realidad nueva. Las crisis recientes han llevado a marcas como el fabricante de porcelana Lladró o la textil Marie Claire a trabajar un día menos a la semana durante meses para ajustar su producción a la baja con Ertes.

Una situación que supone recortar actividad y también las nóminas, que ningún político ha planteado como piloto para medir los efectos reales de reducir la jornada laboral semanal pese a que en estos casos también suponía trabajar sólo cuatro días a la semana.

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