Economía

Los cuellos de botella ceban al monstruo de la inflación y ahogan el consumo en EEUU

  • Por el lado de la oferta, los productores son incapaces de seguir a la demanda
  • Ello queda reflejado en unas ventas minoristas que caen en términos mensuales
  • La consecuencia de este desequilibrio es una inflación y precios al alza
El monstruo de la inflación

Tras los sorprendentes datos de inflación de abril y mayo fueron varias las voces que vaticinaron que el auge del IPC podría haber tocado techo en EEUU este 2021. Sin embargo, hay varios factores que amenazan esta hipótesis: los costes de producción mantienen su tendencia al alza para unas empresas que tienen problemas para cubrir sus vacantes, los cuellos de botella también continúan ejerciendo presión en ciertos sectores y la demanda sigue superando a la oferta, aunque sea de forma transitoria. Las consecuencias son evidentes: el consumo de bienes no crece todo lo que podría (impidiendo una recuperación real más rápida) y los precios de lo que se puede producir suben con intensidad. La presión sobre la Reserva Federal de EEUU sigue ganando intensidad.

Los costes de producción para las empresas americanas acumulan ya seis meses consecutivos de subidas. Además, estos ascensos han sido de calado. Hace menos de un año, el Índice de Precios de Producción (IPP) subyacente (excluye comida y energía) se encontraba atascado, rozando una tasa de variación del 0%. En mayo, este indicador se ha situado en el 4,8%, en términos interanuales, rebasando el crecimiento del 4,1% del mes de abril. El IPP es la inflación que aún no ha llegado al consumidor.

ING: "Las tensiones de la cadena de suministro revelan que los fabricantes están luchando por intentar seguir el ritmo de los pedidos. En un entorno de fuerte demanda de los consumidores, esto está provocando cada vez más escasez y el riesgo de precios cada vez más altos"

Por otro lado, el IPP general (pondera todos los componentes) ha avanzado hasta el 6,6%, frente al 6,3% que habían previsto los analistas. Un IPP que crece a un ritmo elevado suele traducirse más tarde en una inflación más alta. Hay que recordar que el IPC en EEUU ya alcanzó el 5% en el mes de mayo.

En términos mensuales, el IPP ha avanzado un 0,8% frente al 0,6% previsto por los expertos. Este mayor crecimiento mensual demuestra que los costes y los precios de producción están aumentando con intensidad en cuestión de semanas y meses. Además, desde ING explican que este mes han sido muchos los componentes que han aportado al crecimiento del IPP "con ganancias considerables, lo que indica que las presiones inflacionarias se están ampliando".

Puede que que la inflación haya tocado techo en mayo (o no), puesto que el efecto base (comparación de los precios con el año anterior) empezará a desinflarse este mismo mes junio, pero aún así la presión seguirá muy presente. Además de todo lo comentado anteriormente, el petróleo no para de subir ante el riesgo de que la producción actual sea insuficiente para cubrir la renovada fuerza de la demanda durante la reapertura de las economías. Millones de personas podrían volver a viajar en verano y la movilidad es, todavía, sinónimo de más consumo de crudo.

La fuerte apuesta por las energías renovables en los países desarrollados está arrinconando a un petróleo (más bien a la industria petrolera de occidente) que aún no ha dicho su última palabra. Uno de los motivos para argumentar que la inflación ya ha tocado techo es que el crudo comenzó a recuperarse en mayo y junio de 2020 (en abril de ese año llegó a caer por debajo de los 20 dólares), por lo que el impacto en el IPC anual en junio de este año sería inferior (menor efecto base). Aunque eso es totalmente cierto, quizá no estaba en las previsiones que el barril de Brent rozase los 74 dólares en junio de 2021.

La otra cara de la moneda

La otra cara de la moneda de esta situación se encuentra en las ventas minoristas y el consumo en general. El encarecimiento de las materias primas y la escasez de bienes intermedios (las cadenas de suministro están desbordadas) no solo están impulsando los precios, también están generando problemas a unos productores que no logran generar todos los bienes que se están demandando en la economía.

Los datos de las ventas minoristas de abril y mayo sugieren que, a medida que la economía se reabre, el gasto de los consumidores en servicios (en particular, servicios de alimentos, hostelería y viajes) se está recuperando rápidamente, mientras que las ventas de bienes están enfriando, pero no por falta de apetito en los consumidores. Las ventas minoristas cayeron un 1,3% en mayo respecto a abrirl.

Sin embargo, el enfriamiento de las ventas de bienes no se produce porque los consumidores estén dejando de comprar, sino que es el reflejo, en gran parte, de las restricciones a las que se enfrenta la oferta y a unos inventarios insuficientes. Esto es muy evidente en los vehículos de motor, pero también en los inventarios de muebles para el hogar, tiendas de artículos electrónicos y electrodomésticos, materiales de construcción y equipos de jardinería, que se encuentran bajo mínimos, aseguran desde Berenberg.

Desagregando las ventas minoristas hubo caídas generalizadas en muebles (-2,1%), materiales de construcción (-5,9%), mercancías en general (-3,3%), otros bienes (-5%) y electrónica (-3,4%), que son los sectores que están sufriendo con más intensidad la escasez de inputs y los cuellos de botella.

"La producción industrial está aumentando, pero las tensiones de la cadena de suministro revelan que los fabricantes están luchando por intentar seguir el ritmo de los pedidos. En un entorno de fuerte demanda de los consumidores, esto está provocando cada vez más escasez y el riesgo de precios cada vez más altos", aseguran James Knightley, economista internacional jefe de ING.

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