Economía

Sánchez aparta a Iglesias de los asuntos sensibles y de Estado

  • la opción de ERC sólo se mantiene "por si fallan los naranjas"
  • Sánchez prioriza el acuerdo con Ciudadanos para los Presupuestos
El vicepresidente de Asuntos Sociales, Pablo Iglesias. EP

A Pablo Iglesias "ya no le consultan ni los menús de los aperitivos en Moncloa". De esta forma ironizaba un destacado dirigente del PSOE cuando se le inquiría sobre por qué Sánchez no había informado a su vicepresidente segundo sobre la fusión entre Bankia y CaixaBank. Una operación mercantil que en la sede socialista de Ferraz interpretan como una "bofetada política" al todavía líder podemita y a sus aspiraciones de controlar una banca pública, al estilo de los regímenes totalitarios.

Ninguneo de Sánchez a su socio de gobierno sobre el proceso de creación del que será el primer banco del país, que ni es el primero, ni será el último. Desde la dirección del PSOE y varios ministros socialistas han advertido ya al Presidente del riesgo de mantener la coalición con un partido en declive electoral y judicialmente investigado, además de sobre la conveniencia de mantenerle alejado de los grandes temas de Estado, como es este de la fusión bancaria, al que no van a poder vetar desde el Ejecutivo porque el visto bueno a la operación no exige un acuerdo del Consejo de Ministros. Basta con el plácet de la ministra de Economía, Nadia Calviño, para su culminación.

Y de nada sirve la rabieta de Iglesias y de su mentor económico, Nacho Álvarez, que de inmediato han reaccionado registrando en el Congreso una proposición de ley para derogar la reforma laboral. Una obsesión podemita a la que desde el ala socialista del Gabinete sólo han accedido a modificar en parte -ultractividad, subcontratación, descuelgue y priorizar los convenios sectoriales además ser otro de los capítulos más sonados en el sumario de descalificaciones de Sánchez a Podemos, al dejar en papel mojado el acuerdo firmado con EH Bildu para abolir la normativa del PP.

Desdeño que se produjo también con ocasión de la decisión del Rey Emérito de abandonar España, de la que los ministros de Unidas Podemos se enteraron por los medios de comunicación, y que posteriormente tuvo una segunda derivada en el Congreso cuando el Grupo Socialista se opuso, junto al PP y Vox a crear una Comisión de Investigación sobre las actuaciones de don Juan Carlos I tras su abdicación, en relación con la adjudicación del contrato del AVE a La Meca que habían pedido los diputados de Podemos con los independentistas y los herederos políticos de ETA.

La "guerra" de los Presupuestos

Otro asunto clave en el que el Presidente a relegado a Iglesias y a Podemos del papel de socio de gobierno al de convidado de piedra es la negociación y el contenido de los Presupuestos. Sánchez ni consultó a los morados su intención de acordar las Cuentas del Estado con Ciudadanos, ni les invitó a las reuniones iniciales con el partido de Arrimadas. Cierto que Iglesias sigue insistiendo en aislar a los naranjas y alcanzar un pacto presupuestario con la mayoría de la investidura. Sin embargo, portavoces socialistas apuntan que Sánchez prioriza el acuerdo con Ciudadanos, a los que necesita para presentar un proyecto que pase la criba de la UE. La opción de ERC sólo se mantiene "como alternativa por si fallan los naranjas", aseguran.

Como tampoco ha contado el jefe del Gobierno con los podemitas para aplazar, al menos hasta 2023, las subidas de impuestos que acordaron en el pacto de gobierno. El IRPF, Sociedades y las grandes fortunas no se tocan. Compromiso que ha contraído Sánchez con los grandes del Ibex, y en contra de los criterios de su socio.

A Pablo Iglesias "ya no le consultan ni los menús de los aperitivos en Moncloa"

Tampoco ha tenido oídos Sánchez para las reivindicaciones de su vicepresidente morado sobre Cataluña cuyas tesis están en sintonía con las de ERC. Iglesias es favorable a indultar a los golpistas y el presidente del Gobierno lo descarta y prefiere hablar de revisar el delito de sedición en el Código Penal, aunque sólo como declaración de intenciones y sin fijar plazos.

Y, ni siquiera en los temas que Podemos ha podido sacar adelante, como el Ingreso Mínimo Vital, los ministros socialistas con el Presidente al frente, están poniendo entusiasmo alguno en acelerar su cumplimiento. Dos meses después de su aprobación, el Ingreso Mínimo Vital ha llegado a sólo 80.000 hogares pese a haber recibido más de 700.000 solicitudes, y de esas 80.000, alrededor de 75.000 se aprobaron de oficio, al tratarse de prestaciones por hijo a cargo que se reconvirtieron al nuevo subsidio.

Son agravios que para cualquier dirigente político que antepone la dignidad y el compromiso con sus electores a su proyecto personal serían suficientes para romper la coalición. Pero en Moncloa están convencidos de que Iglesias no lo hará. Unidas Podemos ha sido imputado como persona jurídica en la causa que investiga la financiación de la formación morada por presunta malversación de fondos y administración desleal. Delitos de corrupción que, unidos a otras causas abiertas como el caso de Dina Bousselham o el edificio de la nueva sede obligan al vicepresidente segundo a refugiarse en el Ejecutivo. "Está desprestigiado. Sólo su permanencia en el Gobierno le mantendrá al frente de su partido, le permitirá mantener su actual nivel de vida y le facilitará los apoyos que necesita de la Fiscalía. Por eso votará lo que le digan y asumirá los ajustes sociales que le impongan", afirman desde la bancada socialista.

El aviso a los okupas

El último desaire de Sánchez a las quimeras de Podemos lo protagonizaba esta misma semana la Fiscal General del Estado, Dolores Delgado, al anunciar durante la ceremonia de apertura del Año Judicial que en los próximos días dictará una instrucción que aborde el tratamiento por parte de los fiscales del tema de las "ocupaciones de morada", al que calificó de "fenómeno delictivo". Sabido es el apoyo de la formación morada a los okupas con la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, como abanderada, llegando incluso a calificar la okupación como un problema que no existe. Los barones socialistas saben que la indignación de la calle contra los okupas se extiende y puede suponer un serio hándicap para sus aspiraciones electorales y la paz social.

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