Economía

La lenta negociación del estímulo en EEUU arriesga medio millón de empleos

  • Las diferencias entre demócratas y republicanos retrasan el plan más allá de julio
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Reuters
Nueva York

Con las propuestas republicanas y demócratas sobre la mesa, el próximo paquete de estímulo fiscal en Estados Unidos será crucial para determinar el rumbo que pueda tomar la mayor economía del mundo. Sin embargo, las diferencias alrededor de los subsidios adicionales por desempleo, las ayudas a los gobierno estatales y locales así como la asistencia para inquilinos o propietarios inmobiliarios han generado un cisma entre los legisladores de ambos partidos.

Una situación que probablemente dificultará que un proyecto de ley definitivo llegue a la mesa del Despacho Oval para ser rubricada por el presidente de EEUU, Donald Trump, antes del próximo 31 de julio. Para entonces, los 600 dólares semanales que los ciudadanos en el paro cobran además de los subsidios por desempleo convencionales, que suelen cubrir una media del 45% del salario dependiendo del estado, expirarán dejando a muchos al borde del conocido como precipicio fiscal.

Es por ello que, de no extenderse esta medida, los desempleados pueden enfrentar problemas a la hora de costear sus alquileres, hipotecas y demás facturas. La propuesta ya aprobada por los demócratas en control de la Cámara de Representantes, cuyo coste total supera los 3 billones de dólares, aboga por prorrogar los 600 dólares adicionales hasta enero.

No obstante, los senadores republicanos, en coordinación con la Casa Blanca, optan por recortar estas ayudas hasta los 200 dólares semanales hasta septiembre. Una medida que servirá de puente hasta que los gobiernos estatales puedan encontrar un sistema en el que los subsidios por desempleo cubran hasta un 70% de los salarios con un máximo de 500 dólares semanales.

"Si esto se convierte en ley, se perderán casi un millón de empleos para finales de año y la tasa de paro será 0,6 puntos porcentuales más alta", estima Ryan Sweet, economista de Moody's Analytics. "Con un desempleo de doble dígito, esto es una mala elección", añade.

Los republicanos, abanderados por el líder de la Cámara Alta, Mitch McConnell, presentaron el lunes un plan de estímulo adicional por valor aproximado de un billón de dólares. Además de reducir las ayudas adicionales a los desempleados, su propuesta vuelve a apostar por un pago directo de 1.200 dólares, 2.400 dólares por familia y 500 dólares por familiar dependiente independientemente de su edad. Medida que también incluye el proyecto demócrata.

El 'peligro' del ahorro

Un cheque cuya meta es impulsar el consumo. Dicho esto, Paul Donovan, economista jefe de UBS, considera que si se reducen los subsidios por desempleo, los ciudadanos optarán por ahorrar la inyección directa a los contribuyentes que ingresen menos de 75.000 dólares al año. "El miedo entre quienes todavía trabajan puede aumentar, por lo que esos 1.200 dólares probablemente se ahorrarían en lugar de gastarse", concreta.

El proyecto republicano tampoco ofrece fondos adicionales para los gobiernos estatales y locales, limitándose a ofrecer una mayor flexibilidad en el gasto de lo 150.000 millones de dólares procedentes del estímulo de 2,2 billones de dólares aprobado a finales de marzo. Los demócratas por su parte han incluido 500.000 millones de dólares para los estados y otros 375.000 millones de dólares para las ciudades en su propuesta.

"Los presupuestos estatales están bajo una enorme presión y sin apoyo federal adicional habrá recortes de gastos, servicios y despidos significativos", avisa Sweet. Las diferencias entre republicanos y demócratas indican que un plan final podría no materializarse por lo menos hasta el 7 o el 10 de agosto.

Cae la confianza del consumidor

La disputa entre demócratas y republicanos llega en un momento en que los casos de coronavirus en Estados Unidos superan los 4 millones, un hito para una pandemia que ha acabado con la vida de casi 150.000 personas en el país y ha dejado a decenas de millones de personas sin trabajo. En estas circunstancias, la confianza del consumidor disminuyó en julio según la Conference Board que indicó el martes que su índice bajó a 92,6 este mes desde los 98,3 en junio.

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