Economía

Holanda exige una estrecha vigilancia de las reformas para conceder la ayuda

  • Sánchez choca con Rutte por el veto que pide en la gestión del fondo europeo
  • Los 'cuatro frugales' buscan reducir el volumen del plan de reconstrucción
El Consejo Europeo celebró este viernes, en Bruselas, la primera cumbre presencial de la pandemia. Reuters
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Las cumbres europeas se prestan a las hipérboles y grandes declaraciones. Pero todo se queda pequeño cuando Europa encara la mayor pandemia en un siglo, la crisis económica más profunda en las siete décadas de vida de la UE y busca aprobar el mayor estímulo económico de su historia. Los 27 líderes llegaron este viernes a Bruselas para su primera cumbre presencial desde 'el gran confinamiento', para intentar cerrar un acuerdo sobre el paquete de recuperación de 750.000 millones de euros y el presupuesto plurianual comunitario de 1,074 billones para 2021-2027, según la última propuesta sobre la mesa.

Se trata de una cumbre "histórica", como remarcó ya desde la entrada el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. "Es nuestro proyecto europeo el que está en juego para muchos", avisó el presidente francés, Emmanuel Macron.

Porque los miles de millones de euros dan una idea sobre cómo saldrá Europa de la crisis, su esfuerzo para controlar el cambio climático y su empuje para no perder la carrera tecnológica y, en definitiva, su peso en un mundo más convulso.

"Estamos obligados a lograr un acuerdo", remató Sánchez. Sin embargo, tal y como admitió una de las grandes protagonista de la jornada, la canciller alemana, Angela Merkel, "las diferencias son todavía muy grandes", por lo que esperó "unas negociaciones muy difíciles".

La canciller cumplió este viernes 66 años, y recibió regalos de algunos como el búlgaro Boyko Borissov o Macron. Pero Merkel sobre todo aspiraba a que el peso económico de su país y el capital político que había invertido en la negociación sirvieran para cuajar un consenso entre los 27 líderes.

Pero este regalo era más difícil que llegara. Porque no eran muchas las posibilidades de cerrar un acuerdo durante la cumbre, que nadie sabe en qué momento del fin de semana terminará. "Menos del 50%", dijo al llegar el primer ministro holandés, Mark Rutte. Y pocos pueden saber la respuesta mejor que él, porque el holandés bloquea el progreso en uno de los puntos clave del paquete: la gobernanza de los fondos de la recuperación.

Rutte esta dispuesto a ayudar a los países del Sur, más golpeados por la pandemia y con una situación económica más complicada. Más aún, ahora se abre a conceder ayudas a fondo perdido, cuando antes se oponía junto con el resto del bloque de Frugales. Pero a cambio exige un control férreo de los desembolsos a través de una aprobación por unanimidad, o cualquier otro mecanismo que le permita tener derecho de veto.

"Si los préstamos tienen que convertirse en cierta medida en ayudas a fondo perdido, entonces las reformas son aún más cruciales, y también la garantía absoluta de que se han llevado a cabo", subrayó Rutte a su llegada.

Añadió que conseguir una "Europa fuerte" en el mundo, como todos quieren, también significa que "los países no se quedan atrás con las reformas en pensiones o en el mercado laboral".

Esta insistencia en el derecho de veto, que defiende Rutte en solitario, va más allá de la aprobación por mayoría cualificada de las ayudas que propuso Michel para intentar salvar las distancias.

Para varios países, entre ellos España e Italia, la unanimidad que quiere imponer Holanda no solo plantea problemas desde el punto de vista jurídico, además complicaría enormemente un desembolso rápido de las ayudas, una prioridad para Madrid.

Según explican fuentes diplomáticas, Sánchez y el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, discreparon con Rutte sobre este punto de la gobernanza. Las mismas fuentes señalan que los dos socios mediterráneos se opusieron a ir más allá de la propuesta inicial de la Comisión, en la que el Ejecutivo comunitario lleva. la voz cantante en la gestión de las ayudas, aunque con una opinión vinculante de los Estados miembros a través de un oscuro proceso tecnocrático (comitología).

Los líderes también discutieron otra docena de puntos controvertidos durante el día. Intentaron acercar sus posturas respecto al tamaño del presupuesto comunitario, al que los Frugales quieren meter más la tijera, y los 'cheques' que estos países reciben, alegando que obtienen un retorno menor de la UE. El resto de países quiere eliminarlos, con Macron liderando la carga contra estas devoluciones, mientras que los Frugales quieren incluso aumentarlos.

Otro asunto importante fue los 750.000 millones de euros del paquete de recuperación, que combina medio billón de euros en ayudas a fondo perdido y 250.000 millones en préstamos. Por la presión de los Frugales, se exploraron diferentes maneras para reducir el volumen, evitando meter la tijera en el fondo para las inversiones y apoyar las reformas, la mayor parte del paquete (560.000 millones de euros).

Ya entrada la tarde, discutieron sobre el Estado de Derecho como condicionalidad para acceder a los fondos comunitarios. Un punto en el que coincide la gran mayoría excepto Polonia y, sobre todo, Hungría, que amenaza con bloquear el acuerdo sobre el fondo y los presupuestos si se incluye.

También intentaron consensuar una nueva fórmula para el reparto de los fondos para las inversiones y reformas, dado que pocos quedaron contentos con la propuesta de la Comisión. Su modelo, por el que España se quedaba con 140.000 millones de euros entre ayudas no reembolsables y préstamos, daba demasiado peso al desempleo de los últimos años, y menos al impacto de esta crisis del covid. Algo que intentó Michel corregir con una nueva fórmula que retocaba el reparto para un 30% del total.

Nuevos impuestos

Por último, los líderes también hablaron sobre los nuevos tributos, como a los plásticos o la tasa digital, que se quieren crear para financiar los 750.000 millones que se tomarán prestados en los mercados. Este punto resulta esencial para que el Parlamento Europeo otorgue su consentimiento.

Algo antes de las 6 de la tarde, Michel decidió hacer una pausa para continuar la discusión a partir de las 8.30pm, durante la cena. Momento en el que se aprovecharía para continuar las negociaciones de manera bilateral, como hizo el belga con Rutte, o en grupos más pequeños, junto con Merkel y Macron.

A pesar de las enormes diferencias, la temperatura no subió dentro de la sala, comentó un diplomático. "Parece que los líderes están reservando su energía para lo que vendrá el sábado", añadió.

Quedará en la memoria como la cita de las mascarillas, la distancia social, los saludos con los codos y otras medidas excepcionales

Aunque el acuerdo será difícil este fin de semana, una mayoría de líderes quiere cerrar el acuerdo este mes, para que quede margen suficiente para las ratificaciones parlamentarias en los países y la Eurocámara. Así, los fondos puedan estar disponibles a principios del próximo año.

La cumbre de este fin de semana es histórica no solo por el fondo, sino también por la forma. Quedará en la memoria como la cita de las mascarillas, la distancia social, los saludos con los codos y otras medidas excepcionales, como la reducción de las delegaciones de los primeros ministros en un 75% hasta los 5 miembros y la ausencia de los periodistas en el edificio del Consejo para cubrir la cumbre.

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