Economía

Irlanda se sitúa en el punto de mira tras el Brexit

  • El 31 de diciembre acaba el periodo transitorio y se impondrá a todos los efectos el Brexit de la mano de Boris Johnson
Fuente: iStock
Madrid

Lo que se celebró en enero con campanadas en Reino Unido está empezando a tener repercusiones, no solo políticas, también económicas. Uno de los focos más problemáticos está en la República de Irlanda, donde se sitúa la frontera física más grande que hay entre la Unión Europea y Reino Unido.

En primer lugar, tiene consecuencias porque Gran Bretaña ya estaba integrada económicamente en la Unión Europea pese a que había mantenido sus reservas, su moneda propia, ciertas decisiones autónomas o una contribución diferente, pero se beneficiaba de su permanencia.

"A quien va a perjudicar más esta salida abrupta va a ser a Reino Unido, va a tener un costo y repercusiones económicas muy graves para ellos", aseveró Mario Ojeda Revha, internacionalista e investigador del Centro Coordinador y Difusor de Estudios Latinoamericanos (CIALC-UNAM).

Existe la posibilidad de que, en el comercio trasatlántico entre EE. UU. y la Unión, Dublín pueda aprovechar esta nueva condición y reemplazar a Londres

En cuanto al sector financiero, la salida de una serie de bancos y entidades financieras de Londres y el traslado de sus sedes y sucursales a ciudades como Frankfurt o París es notoria. "Se han visto fortalecidos como centros financieros, cabe esperar que muchas más lo hagan, es mayor incentivo el mercado europeo que el británico aislado", explicó Ojeda.

El vicepresidente de la Fundación Alternativas, Diego López Garrido, matizó: "la salida de estas entidades no es una deslocalización, es una relocalización. Una empresa tiene sede en Londres, pero abre otra sede importante en Dublín para poder trabajar dentro del mercado interior, tener un pasaporte financiero"

Por otro lado, Irlanda ha desarrollado un auge económico propio que ha sido auspiciado, en parte, por su pertenencia a la Unión Europea, pero también por su relación con el mercado estadounidense, por lo que se puede beneficiar del Brexit. Existe la posibilidad de que, en el comercio trasatlántico entre EE. UU. y la Unión, Dublín pueda aprovechar esta nueva condición y reemplazar a Londres como el interlocutor europeo con Washington.

Asimismo, la República de Irlanda se ha beneficiado y ha experimentado un crecimiento enorme en los últimos meses. Muchas empresas se están instalando para poder desenvolverse dentro de un mercado interior de la Unión Europea.

Además, tienen un impuesto sobre sociedades del 12,5% y le hace competencia desleal al resto de países de la UE. "Ese bajísimo impuesto de sociedades hace que atraigan muchos capitales allí porque pagan menos impuestos", informó el vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas.

En cuanto a los posibles efectos negativos, Bruselas y Dublín se pueden ver afectadas si Reino Unido acoge una regulación inflexible en temas clave, como en el derecho de los trabajadores. "Reino Unido podría adoptar una legislación mucho más laxa, menos protectora para rivalizar fuertemente con la Unión Europea porque en el futuro se va a convertir en un fortísimo competidor", declaró López Garrido.

Además, la República de Irlanda durante estos años se ha relacionado económicamente con la Unión a través de Londres mediante cadenas de valor que unen a ambas partes, como por ejemplo la fabricación de automóviles. "Ahora que Reino Unido no va a estar, Dublín va a tener que reestructurarse y establecer ya unas relaciones más directas con la Unión, eso va a hacerles sufrir", apostilló.

Reavivación del conflicto

Para comprender las tensiones que puede provocar el Brexit entre ambos Estados hay que remontarse primero un siglo atrás. Tuvo lugar una guerra que resultó en la independencia de lo que hoy en día es la República de Irlanda. Por otro lado, Reino Unido creó una nueva entidad política sin precedentes en la isla.

"La partición de las dos partes de Irlanda fue una táctica típica de la geopolítica tardo imperial. La provincia septentrional de Ulster, de nueve condados, fue dividida entre Irlanda del Norte, 6 condados, y el resto de Irlanda, los 3 condados restantes", informó Sean Golden, investigador senior asociado del CIDOB.

Asimismo, esta segmentación garantizó una mayoría de población unionista, pero el resultado inmediato para Irlanda fue una guerra civil. "Para el Norte de Irlanda resultó en la creación de un Estado sectario hasta la intervención británica a partir del año 1972", declaró Golden.

El legado histórico de este conflicto entre ambos fue el "antagonismo estructural entre una comunidad con privilegios adquiridos y otra con derechos denegados". A pesar de todo, se puede ver que, a su manera, ambas comunidades son mayoritariamente unionistas -una prefiriendo la unión con Gran Bretaña, la otra con la República de Irlanda-. 

En primer lugar, hay que resaltar la importancia del Acuerdo de Viernes Santo, firmado en 1998 que ponía fin puso fin a treinta años de violencia política y enfrentamientos entre católicos y protestantes en esas regiones. Se inició así un proceso de paz que iba camino de transformar las relaciones entre las dos partes de Irlanda y entre la República y el Reino Unido. "El Brexit supone un retroceso al estatus quo ante y un empeoramiento de las relaciones mutuas", denuncia Golden.

El proceso de paz lleva en marcha desde finales de los años noventa. "En este sentido, Irlanda del Norte representa un problema histórico mal resuelto", comenta el investigador del Cidob. Las relaciones entre Irlanda y el Reino Unido sufren una turbulencia dinámica como consecuencia.

"Si, como parte del Reino Unido, Irlanda del Norte deja de seguir las normas de la UE, vuelve automáticamente una frontera"

El tratado de paz suscrito por ambos países estaba bajo el paraguas de la Unión Europea que tenía un papel clave en la garantía del cumplimiento de los tratados y el desarrollo de otros. Ahora, por causa del Brexit, se cuestiona que el acuerdo sea respetado.

La organización internacional se convirtió en mediadora y la excusa perfecta para eliminar las fronteras entre las dos partes, ayudando a que las economías de ambos de integrasen y floreciera la estabilidad. Los partidarios del Brexit no priorizaron ni entendieron el escenario particular de Irlanda del Norte.

"Si, como parte del Reino Unido, Irlanda del Norte deja de seguir las normas de la UE, vuelve automáticamente una frontera que requiere controles aduaneros, un paso retrógrado que deshace todas las mejoras del proceso de paz y despierte los fantasmas de la violencia política", apostilló.

La frontera, un punto clave

La frontera es la terrestre más grande que hay entre Reino Unido y la Unión Europea, pero es, a su vez, una de las claves de las tensiones entre ambos Estados. "Cabe esperar que la UE endurecerá las condiciones de libre flujo de mercancías y que Londres tratara de restringir la libre circulación de personas y eso agudizara el conflicto", argumentó Ojeda, "además de que se pongan fronteras y se reinicie el problema". Aun así, todavía no se sabe con certeza si será necesario gestionarla.  

El gobierno británico propone la máxima facilitación del comercio a través de las nuevas tecnologías y de la realización en origen de los trámites aduaneros. La República debería elegir entre formar parte del mercado único, y tener el deber de controlar la frontera, o abandonarlo. Para la República, queda bastante claro que no puede permitirse la segunda opción y muchos sectores de la economía de Irlanda del Norte comparten este análisis. 

Escocia

En el tintero está también la cuestión escocesa, donde ya se celebró un referéndum en el que, muy precariamente, se impuso la voluntad de permanecer con Londres. A pesar de la victoria, queda el precedente de que en la votación un porcentaje muy elevado del electorado -el 49%- se manifestó a favor de la independencia.

Es un número muy alto. El Partido Nacionalista Escocés (SNP) gobierna el Parlamento en Edimburgo. Hay una voluntad por parte de la primera ministra escocesa, Nicola Sturgeon, de convocar uno nuevo, pero Johnson se niega. 

La postura de Bruselas y de varios Estados miembros -como España- a una independencia no era favorable por obvias razones. No es por simpatía con Londres, sino porque temen que se produzca un efecto contagio, según explico Ojeda. Además, que logren la celebración de la consulta y la separación, no garantizaría una incorporación a la Unión Europea.

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