Banca y finanzas

La suma de BBVA y Sabadell junto a CaixaBank y Santander coparían el 74% del crédito

  • El nuevo grupo coparía un tercio de las sucursales en Cataluña y el 80% junto a los otros dos bancos
  • El 75% de las oficinas del banco catalán están a 500 metros o menos de sucursales del vasco
  • El grado de concentración del sector supera al de países como Alemania, Francia, Italia o Portugal

La fusión de BBVA y Sabadell crearía el segundo mayor banco del país después de Santander, con más de 656.000 millones de euros en activos solo en España, y agravaría la ya elevada concentración de negocio en manos de pocas entidades financieras. Si triunfa la opa del grupo vasco, entre el nuevo gigante, CaixaBank y Santander se repartirían casi el 74% del crédito otorgado a clientes en España (roza los 931.500 millones de euros), el 64,99% de los activos del sector financiero y el 35% de las sucursales bancarias. En Cataluña y Valencia, los tres grandes bancos coparían más del 80% de las oficinas bancarias, siendo un tercio del total propiedad del grupo que surgiese de la nueva fusión.

Se trata de una situación que se ha colado entre las principales preocupaciones expresadas por diferentes autoridades y el Gobierno. La puso sobre el tapete el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, al mostrarse partidario de analizar cómo debería ser el grado adecuado de concentración en el país, sin querer entrar a valorar en sí la potencial fusión entre el banco vasco y el catalán.

Avisó sobre ella la presidenta de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), Cani Fernández, con la advertencia de que si sale adelante la unión tendrán que asumir compromisos como ocurrió con los "precedentes" de las integraciones de CaixaBank y Bankia y Unicaja y Liberbank. Y es uno de los principales riesgos señalados desde el Ejecutivo, bajo la tesis de que introduciría "efectos lesivos" sobre el empleo y en la prestación de servicios.

Cuota del 20%

BBVA minimiza, por su parte, los problemas en este ámbito bajo el argumento de que la concentración y la competencia no son excluyentes si persiste la rivalidad comercial. Su presidente, Carlos Torres, resaltó en el encuentro informativo para explicar la operación que el grupo resultante tendría una cuota de mercado del 20% (14% de BBVA y 8% de Sabadell), por debajo del porcentaje de tarta de mercado que gestiona CaixaBank.

Antes de lanzar la oferta el banco vasco ha estudiado, con apoyo de expertos, cómo y con qué criterios analizaría la CNMC la integración y qué puede exigir según sus demandas en fusiones previas, con la conclusión en palabras de Torres de que el nuevo grupo llegaría "a cuotas moderadas, inferiores en casi todos esos ámbitos que digo de nacional, provincial o código postal inferiores a los que tendría el hoy líder de mercado que es CaixaBank", resumió.

La unión a CaixaBank de Bankia, propiedad entonces del Estado a través del Frob, contó con el favor en su día del Gobierno, en un momento en que las incertidumbres producto de la pandemia propiciaron el penúltimo impulso a la oleada de fusiones bancarias vivida en España en las últimas dos décadas. Se gestó la unión de Liberbank y Unicaja, y tuvieron también lugar las conversaciones frustradas entre BBVA y Sabadell en el año 2020.

El fuerte grado de concentración actual es fruto precisamente del intenso proceso de concentración sufrido a raíz de la crisis financiera, primero, y de esa última oleada por miedo a las repercusiones en la economía y, por extensión, en la banca de la crisis sanitaria del Covid-19.

Para medir si falla la competencia se utiliza el índice Herfindahl-Hirschman, situado a finales de 2022 en 1.327 puntos, casi triplicando el umbral previo a la crisis financiera internacional. Su avance está ligado a la acumulación de mayores cuotas de mercado entre cada vez un número inferior de proveedores.

Entre 2007 y ese 2022, el porcentaje de los activos propiedad de los cinco mayores bancos subió del 40% al 70%, de acuerdo a datos del Banco Central Europeo (BCE). Si Sabadell se integra en BBVA, el porcentaje subiría al 74% en ese top cinco, pero solo los tres principales grupos bancarios aglutinarían el 69%.

El índice Herfindahl-Hirschman añadiría 226 puntos a su referencia, hasta alcanzar un rango de 1.553, muy superior al que presentan mercados como Alemania (era de 326 puntos en ese mismo 2022, con el 35% de los activos entre sus cinco mayores entidades); al de Francia (606 puntos en el indicador y un 46,44%), a Italia (760 puntos) o a Portugal (1.204 puntos, aunque sus cinco principales bancos copaban algo más de negocio, con un 72,2%).

Peor que Alemania o Francia

Este indicador (más conocido como HHI, por las siglas en inglés) es una de las herramientas que utilizan las autoridades para verificar el grado de concentración en los diferentes sectores de actividad, a fin de detectar si hay riesgo de deterioro en la competencia. Para su cálculo toma de base las cuotas de mercado individuales y a menor índice mejor es la competencia en la industria, siendo los 10.000 puntos un monopolio absoluto. Se considera que por debajo de 1.500 el mercado es competitivo y a partir de 2.000-2.500 saltarían las alertas, pero no es el único indicador que se utiliza para análisis y algunos expertos sitúan el umbral a vigilar más próximo a los 1.200.

La fusión impulsada por BBVA con Sabadell llega con el umbral ya en techos altos y frente a un alud de retractores, que se han alineado con el rechazo frontal que expresó el consejo de administración del banco catalán alegando, en su caso, que infravalora su proyecto y optando a sacar el mayor provecho a su estrategia de manera independiente.

La falta de competencia en cualquier industria se traduce en peores servicios para el consumidor y, en el caso de la banca el Gobierno ya la ha denunciado, mucho antes de plantearse esta fusión, como la causa detrás de la falta de retribución en los depósitos.

Menos crédito y más caro

Y en este caso las empresas catalanas, a través de la patronal Foment, han expresado su preocupación por una restricción en la provisión de crédito, sobre todo a pymes, pese al compromiso asumido por BBVA de, incluso, reforzar su actividad en la región. La Generalitat de Cataluña reiteró a su vez ayer el temor a que encarezca el crédito y repercuta en la remuneración de los depósitos.

Para evitar falta de competencia, la CNMC ha impuesto en otras fusiones limitar posiciones y ha exigido garantías de servicios y permanencia en territorios donde la integración podría acarrear el abandono de posiciones en previsión de un riesgo de exclusión financiera.

Se da la circunstancia de que el 42% de las oficinas del banco catalán (unas 490) se encuentran a menos de 200 metros de una sucursal del banco vasco y el porcentaje sube al 75% en distancias de 500 metros, lo que afectaría a 880 locales de considerar que son redes redundantes por su proximidad y querer echar la persianilla, con el consiguiente efecto para el empleo.

Las regiones con este mayor solapamiento en el radio de 200 metros son Cataluña (168 locales), Comunidad Valenciana (76) y Andalucía (37). Por ciudades, la mayor concentración corresponde a Barcelona (31), Madrid (13) y Alicante (11). La oferta hostil de BBVA se tropieza, además, con el rechazo del Gobierno.

El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, aseguró ayer que el Ejecutivo "va a hacer todo lo que esté en su mano" para que la opa "no salga adelante". "Puede ser un paso atrás en nuestra agenda de inclusión financiera, que es particularmente importante en el mundo rural", agregó desde otro foro el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, quien ya avisó a Torres de la posición del Gobierno antes de que lanzase la opa. El Ejecutivo no puede impedir que BBVA lance la opa y compre Sabadell, si así lo deciden sus accionistas, pero sí vetar la fusión, quitando interés a la transacción.

Entre los grandes motivos para la operación el grupo vasco argumentó el potencial de combinar negocios tan complementarios, donde Sabadell agrega una posición privilegiada en pymes y BBVA en banca comercial, pero también la ganancia de escala. Según sus cálculos, la unión permitiría sacar 850 millones de euros en sinergias y un aumento del beneficio por acción del 3,5% al integrar ambas enseñas y, sobre todo, eliminar redundancias como las dos plataformas informáticas, algo difícil de ejecutar si la fusión societaria se frustra.

Con riesgo de ser considerado sistémico

Una de las derivadas de la fusión sería que el nuevo BBVA podría ser considerado como entidad de importancia sistémica global o G-SIB, rango que actualmente solo tiene Santander en España. La inclusión en esta categoría, en la que hoy figuran 29 instituciones internacionales, implica que tienen que asumir exigencias de capital suplementarias para cubrir el riesgo en el sistema por su tamaño porque un eventual colapso tendría consecuencias importantes para el resto del sistema financiero.

Cuando más grande es una entidad más difícil es reemplazar sus actividades y servicios por otros proveedores y más complicado resulta además adoptar medidas coordinadas en los territorios donde opera para coordinar su resolución.

La unión de BBVA y Sabadell colocaría al nuevo grupo como número 11 en el ranking europeo por activos totales, con más de un billón de euros frente a la posición 18 y 38 que hoy ocupan. Santander es el cuarto tras HSBC, BNP Paribas y Credit Agricole.

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