Zhang Jun

Decano de la Escuela de Economía de la Universidad Fudan y Director del Centro Chino de Estudios Económicos

En los últimos 20 años han surgido en China varias empresas de tecnología que son muy prósperas. Esto ha suscitado muchas especulaciones sobre la destreza científica y tecnológica del país, así como sobre su capacidad para innovar. Algunos afirman que China ya le está pisando los talones a Estados Unidos en estos ámbitos, y que se ha convertido en líder mundial en algunos sectores. Otros aseveran que China no está tan lejos como aparenta estar, y que la aplicación severa de medidas regulatorias a las empresas tecnológicas por parte de su gobierno impedirá su progreso continuo. ¿Cuál de estas afirmaciones es la correcta?

Este año, el Comité de Asuntos Exteriores del Senado estadounidense respaldó oficialmente la propuesta de Ley de Competencia Estratégica de 2021, que califica a China como un competidor estratégico en una serie de áreas que incluyen el comercio, la seguridad y sobre todo la tecnología. Puesto que cuenta con los votos de ambos partidos (algo excepcional en los Estados Unidos en estos días), estaba claro que el Congreso la aprobaría y que el presidente Joe Biden está preparado para firmarla. Con ello, el antagonismo estadounidense hacia China quedaría consagrado en las leyes.

Las grandes potencias de la historia suelen coincidir en algo: el tamaño. Un mercado voluminoso puede no ser garantía de dominio en otros ámbitos, pero es indudable que ayuda (tal vez más que cualquier otro factor aislado). Esto valió para Estados Unidos, y ahora vale para China. Además de ser una importante potencia económica y comercial, China se está convirtiendo cada vez más (en forma inexorable) en una potencia financiera global.

Tras su reciente toma de posesión, el presidente electo de los Estados Unidos Joe Biden iniciará una transformación integral de la política de su país. Una excepción notable es China. Sin embargo, sería un error que Biden mantenga la estrategia confrontativa del presidente Donald Trump hacia la segunda economía más grande del mundo.

A pesar de haberse visto seriamente afectada por los confinamientos como consecuencia del Covid-19, la economía de China ha dado pruebas de resistencia. Sin embargo, no se ha recuperado plenamente: algunas actividades, especialmente en el sector de servicios, siguen sin reactivarse. Aun así, a diferencia de gran parte del mundo, parece poco probable que China termine empantanada en una recesión prolongada, gracias a su rápida transformación digital.

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