Mirenchu del Valle, secretaria general de Unespa (la patronal de las aseguradoras) ha destacado esta mañana el papel de la industria del seguro como inversor institucional en sostenibilidad: "Desde hace 25 años el sector invierte cada día 22 millones de euros en la economía, generalmente con vocación de largo plazo.  Somos un aliado natural en el Pacto Verde europeo, y en esta transición hacia una economía más sostenible. Estamos dispuestos a invertir en estos activos verdes", pero esa intención no necesariamente se traducirá en una "enorme" inversión "si los emisores no ponen [en el mercado] un número suficiente de activos que cumplan estos criterios de sostenibilidad a nivel europeo". En definitiva, existe "una intención de invertir, pero necesitamos que haya activos" para ello, ha insistido Del Valle, que ha realizado estas declaraciones en el evento online Implicaciones del sector asegurador en la inversión sostenible, organizado por Spainsif (plataforma para la promoción de la inversión responsable en España).

La inversión sostenible vive un momento clave. Por un lado, en 2020 demostró que cae menos en momentos de pánico. Por otro, el deseo de los inversores de impactar positivamente con su dinero en cuestiones ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) es cada vez mayor. A ello se suma que en marzo entrarán en vigor las obligaciones europeas de divulgación, y las entidades deberán aclarar a sus clientes si sus productos integran o no estos criterios, y cómo lo hacen. Además, a finales de año tendrán que empezar a preguntar a sus clientes si desean dar a su cartera un sesgo sostenible. De este viraje nos habla Sonsoles Santamaría, directora general de negocio de Tressis, firma especializada en gestión de patrimonios que lleva años integrando la sostenibilidad en sus carteras.

Con la temporada de resultados a punto de arrancar en España -Bankinter será la primera en presentar los suyos, el próximo 21 de enero-, los analistas descuentan que el Ibex ha salvado casi sin pérdidas el año de la pandemia.

La fiebre por la sostenibilidad ha creado una gran oportunidad para productos como el que desarrolla Kompuestos. Esta química catalana, que preside Ignacio Duch, produce y comercializa unas resinas biodegradables con las que otras empresas fabrican, por ejemplo, las bolsas de plástico en las que metemos la fruta cuando vamos al súper (pero solo las biodegradables, que ya ofrecen conocidas cadenas de supermercados españolas). Esta pata de negocio es en realidad la más pequeña en Kompuestos (cuyo resultado bruto ascendió a 3,7 millones de euros en 2019), pero la que más interés levanta entre los inversores. La empresa lleva un año cotizando en BME Growth, el antiguo MAB. El primer semestre de 2020 lo cerró con unos ingresos de 22,4 millones de euros, un 8,2% menos que en el mismo periodo del año anterior, por los efectos de la pandemia sobre la demanda de fabricantes pertenecientes a actividades no esenciales.

Uriel Saragusti, gestor especializado en crédito de la firma francesa de stock picking (selección de valores) La Financière de l'Échiquier, nos explica qué segmentos tienen más atractivo y cómo evolucionará la deuda sostenible.

Los últimos serán los primeros, se afirma en un pasaje bíblico. Algo así está ocurriendo con las grandes cotizadas del Ibex 35 (las que capitalizan más de 10.000 millones de euros, que son 16 compañías). Las más bajistas en 2020 fueron Telefónica, Repsol, Santander y CaixaBank. Y tres de ellas (los bancos y la teleco) son precisamente las líderes de las subidas en este arranque de año. En el otro lado de la balanza, las mayores caídas en este grupo de grandes las están sufriendo Ferrovial y Amadeus.

Los dividendos que las empresas del Ibex 35 repartan en 2021 notarán en sus carnes los estragos del coronavirus. La pandemia segó los beneficios de las integrantes del índice en 2020, lo que, sumado a las limitaciones al reparto de dividendos que el Banco Central Europeo ha planteado a la banca, tiene mucho que ver con que la rentabilidad por dividendo del índice haya caído del 4,2% al 2,8% en 12 meses (a pesar, incluso, de la caída cercana al 30% que ha sufrido el índice en un año, lo que, en sí mismo, debería elevar la rentabilidad).

Justo antes del crash del coronavirus, en febrero de 2020, CAF (Construcciones y Auxiliar de Ferrocarriles) cotizaba relativamente cerca de sus máximos históricos. Cayó a plomo cuando se desató la pandemia y, pese a que desde entonces recupera mucho (un 57%), sigue sin regresar a su precio pre-Covid. Durante los últimos once meses, marcados por el coronavirus, la recomendación que recibe por parte del consenso de mercado que recoge FactSet ha mejorado, aunque ya era un comprar desde el año 2018. Consulte aquí el calendario de los próximos dividendos.

Relevo en la Casa Blanca

La Administración del presidente electo norteamericano, Joe Biden, pondrá contra las cuerdas a las empresas tecnológicas, con una mayor supervisión -que se suma a las actuales demandas antimonopolio-, y un previsible incremento de la presión impositiva, en línea con lo que sucede en la UE. Por el contrario, las compañías con intereses en negocios ligados a la energía, el clima y las infraestructuras sostenibles, como las renovables o las líneas férreas de alta velocidad, experimentarán un fuerte impulso: el próximo presidente quiere que sean piezas clave del paquete de estímulo de dos a tres billones de dólares durante los próximos cuatro años para recuperar la economía de la crisis de la Covid-19.

Llega a caer más de un 10%

Las órdenes de venta sobre las acciones de Solaria en el arranque de la sesión de este viernes 8 de noviembre fueron tantas que durante algunos minutos no encontraron compradores suficientes para formar un precio. Finalmente, la compañía de energía solar se anotó la mayor caída desde el crash de marzo, tras acumular una subida del 330% desde el inicio de 2020 por el apetito de renovables desatado ante el sesgo verde de la recuperación económica tras la pandemia de coronavirus. Al cierre de la sesión, se dejaba un 13,5% hasta los 26,76 euros por título.