Jesús Alcoba González

Director de la escuela de negocios La Salle, en Madrid.
opinión

Resulta llamativa la cantidad de talleres que hoy día consisten básicamente en colocar post-its sobre una plantilla. Da la sensación de que tenemos esquemas para todo tipo de problemas y proyectos, ya se trate de organizar ideas o de encontrarlas. Así, si el objetivo es repensar nuestro modelo de negocio, podemos recurrir al ya decano Business Model Canvas. Si es una cuestión de toma de decisiones una buena opción es Cynefin y, si buscamos coherencia, sorprendentemente la encontraremos en el fondo de una tartera japonesa, según el modelo Bento. Y por supuesto, si andamos a la búsqueda de nuestro propósito, el Golden Circle, el mal llamado diagrama de Ikigai o su antecesor Hedgehog, podrán acudir en nuestra ayuda.

opinión

Los cantos de sirena de la tercera revolución industrial comenzaron mucho antes, pero no fue hasta los años 2007-2008 cuando realmente irrumpió en nuestras vidas el irresistible fulgor de la ubicuidad tecnológica. Cuando comenzaron a convencernos a todos de que la verdadera y buena vida estaba en las redes sociales, en compartirlo todo y en desnudarse por completo en el torrente público y efímero de la vanidad digital. Cuando se persuadió casi a cada ciudadano para que creara su audiencia, muchas veces más imaginaria que real, y se pasara más horas que menos haciéndose selfis. O, peor, exhibiendo irresponsablemente al mundo la vida de sus hijos. Cuando, en fin, los apóstoles de la falsa democratización de la tecnología nos colaron el concepto de vida digital. Anzuelo que tanto la generación Y como la Z, y algún ya talludito early adopter, engulleron con la boca llena, a grandes mordiscos y casi con ansia. Al menos al principio.

formación

De un tiempo a esta parte se están multiplicando las convocatorias y publicaciones que tienen que ver con la oratoria. Desde escritores a expertos en comunicación, pasando por actores y profesionales de la formación, la comunicación verbal vive un auge inesperado.

opinión

Es muy probable que, en la arena empresarial, relacionar los procesos de formación con el amor resulte chocante. Fundamentalmente porque seguimos atrapados por concepciones arcaicas sobre los procesos de aprendizaje.

Empresas

Pese a la abundante complejidad e insistente incertidumbre que parece que nos rodea, el éxito de cualquier organización depende de dos hechos bastante sencillos de explicar: por un lado, los clientes valoran las experiencias más que los productos o servicios. Por otro lado, las experiencias están formadas por dos componentes: la existencia de un relato identitario compatible con la narrativa biográfica del cliente y la presencia de una emoción positiva y suficientemente relevante.

Economía del envejecimiento

Muchos de los temas predominantes sobre el envejecimiento se sitúan hoy día en torno a las pensiones y al retraso de la jubilación. Sin soslayar el hecho de que se trata de asuntos acuciantes y graves, lo cierto es que, al centrar el diálogo en esos dos temas, se olvidan muchas otras cuestiones interesantes que rodean a este fenómeno.

PERSONAS, CIENCIA Y MANAGEMENT

Conforme el mundo avanza se hace más incierto y, conforme más incierto se vuelve, más certezas queremos tener. Es por eso que buscamos incesantemente gurús, principios o recetas. Escrutamos el horizonte, que es cada vez más laberíntico, esperando encontrar hojas de ruta, caminos iluminados o, al menos, una brújula que nos diga dónde está el norte. Y, al hacerlo, no nos percatamos de dos hechos importantes. El primero es que la certeza como valor es algo que pertenece al siglo pasado. El segundo es que, en lugar de intentar que las cosas se queden quietas, lo que deberíamos estar haciendo es aprender a amar la incertidumbre.

PERSONAS, CIENCIA Y MANAGEMENT

"En el punto álgido de un conflicto nos parecemos más a nuestros enemigos cuanto más creemos distinguirnos de ellos", decía Dietrich Schwanitz. Un pensamiento que recoge de manera certera la tendencia del ser humano a alejarse de la empatía y la negociación racional para refugiarse en ese obstinado e improductivo "tener razón". Un empeño que, cada vez más, tiene menos cabida en nuestra era.

PERSONAS, CIENCIA Y MANAGEMENT

En la legendaria Ruta 66, en una destartalada cafetería de algún punto de Arizona hay un cartel que reza: "No hay religión más elevada que el servicio a las personas. Trabajar por el bien común es el credo más importante". Que volcarse en los demás es una aspiración y una habilidad casi tan antigua como la humanidad es algo que no precisa demostración pues, desde tiempos inmemoriales, ha habido profesiones como la enseñanza, la medicina y muchas otras, que han orientado todo su conocimiento y vocación a hacer a otras personas la vida más sabia, más sana o más profunda. O simplemente más fácil. Sin embargo, como también ocurre con muchas otras habilidades, da la impresión de que, en un mundo donde la excelencia de los servicios camina hacia la perfección, donde la automatización satura de eficacia cualquier interacción y donde la digitalización facilita anticiparse a los deseos de los consumidores, la antigua vocación por los demás es algo del pasado. Una impresión falsa, como tantos otros espejismos de la era digital.

PERSONAS, CIENCIA Y MANAGEMENT

Cuando pensamos en tomar decisiones, habitualmente consideramos que es un proceso que persigue escoger entre una serie de alternativas, y asumimos que en la información que poseemos hay un espacio de incertidumbre. Cuando solo hay una alternativa no hay toma de decisiones posible y, por otro lado, si se conoce la información de manera exhaustiva en realidad tampoco, porque siempre habrá una opción que destaque sobre las demás. Habitualmente se considera también que la toma de decisiones es una función ineludible del liderazgo, y que por tanto son los dirigentes de las organizaciones y equipos quienes más a menudo tienen que ejercerla. Sin embargo, es muy probable que, en la situación actual de mercado, ambas suposiciones no sean completamente ciertas.