Javier Collado Sánchez

Redactor de elEconomista.es

La pandemia ha perjudicado a casi todos los sectores económicos, pero el ocio ha sido uno de los más castigados. 2021 arrancaba como el año de la esperanza, con los primeros suministros de vacunas llegando a Occidente con la promesa de volver a la normalidad, pero la industria cinematográfica se ha quedado lejos de recuperar las cifras de negocio prepandemia.

Tras 134 años en circulación, la peseta dejaba paso al euro en el año 2002. La divisa española que se estrenó en 1868 decía su último adiós hace apenas unos meses, cuando el Banco de España dejó de admitirlas para su cambio por la moneda europea. De hecho, desapareció más tarde de lo previsto, puesto que el Gobierno prorrogó seis meses su fecha límite para cambiarlas por euros como consecuencia de la pandemia de coronavirus. Menos de un mes después se creaba La Peseta Digital, una criptodivisa que pretende recordar a las monedas que durante tanto tiempo llevamos en el bolsillo.

Dos meses de huelga, y contando. Esa es la situación por la que atraviesan varias fábricas de Kellogg, la compañía estadounidense famosa especialmente por su producción de cereales como Choco Krispies, All-Bran o Corn flakes y de marcas como Pringles. Un desacuerdo en los sistemas de remuneración de los empleados ha llevado a una situación que se tensa por momentos y que está afectando a la cadena de producción de la compañía.

Bitcoin, ethereum, dogecoin... Miles de criptodivisas han surgido en los últimos años a rebufo del avance tecnológico y de diversas teorías de la conspiración contra el sistema capitalista centralizado. Pero aunque estos tokens se han convertido en un producto para especular, la volatilidad que les ha caracterizado no es apta para todos los corazones. Por eso recogemos otras posibilidades para apostar por el auge de estos activos de formas mucho más tradicionales y sin necesidad de comprarlos.

Cathie Wood es una de las personalidades de la inversión más destacadas de los últimos años. Su arriesgada apuesta por tecnologías disruptivas le ha granjeado pingües beneficios a ella y a quienes han invertido en alguno de los fondos que ella dirige bajo la firma de Ark Invest. Estas son las tácticas principales que emplea para multiplicar su capital:

Queda menos de un mes para que Estados Unidos caiga en una situación de impago de sus deudas. Al igual que con el presupuesto federal, el país vuelve a verse constreñido por una lucha partidista que se produce cada poco tiempo y que mantiene la economía de la nación en jaque. La catástrofe está a la vuelta de la esquina y los legisladores no parecen dispuestos a ceder en sus posturas. Pero la solución puede ser tan sencilla como tramposa: acuñar una 'supermoneda'.

Es una vieja historia en el mundo del cómic. Los creadores, considerados durante décadas autores de un género menor, eran malpagados y, lo que es peor, no poseían los derechos sobre sus creaciones, que pasaban a ser propiedad de la editorial. Esto generó no pocas revueltas -e incluso la fundación de editoriales como Image en 1992-, pero aún el mundo del cómic no generaba los ingresos que genera actualmente. Y ese dinero es un aliciente poderoso para retomar la batalla.

El inversor minorista se ha convertido en uno de los activos más codiciados por las nuevas firmas de tecnología financiera (fintechs). El ahorro que han acumulado durante los confinamientos forzosos por la pandemia de coronavirus es un capital que ha ido incorporándose a los mercados en los últimos meses, y todos los operadores quieren aprovechar la ocasión. El objetivo final, como lo ha sido siempre para el sector bancario, es que el usuario pueda hacer cualquier tipo de transacción -inversión tradicional, operaciones con criptomonedas, pagos de todo tipo- sin salir de la plataforma.

Su popularidad ha caído a mínimos históricos. Los problemas se amontonan en su puerta. La política exterior se le vuelve en contra. Y las perspectivas para los próximos meses no son mucho mejores. Así enfrenta el presidente de los Estados Unidos las últimas semanas, las más duras desde que se sienta en el Despacho Oval. Joe Biden se encuentra ante su primer gran punto de inflexión y llega sin las mejores cartas en su mano.