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La nueva consola de Nintendo se encuentra a su mayor villano: el Banco de Japón

Estatua de Bowser, archienemigo de Mario y Luigi.

El yen está en mínimos de 1990, en las 154 unidades por dólar, y el Banco de Japón está barajando la posibilidad de intervenir en el mercado de cambios para frenar la caída de su moneda, que ha perdido un 13% de su valor en el último año. Unos movimientos de política monetaria que pueden haber impactado de lleno en el mercado de los videojuegos, y que pueden ser una de las claves detrás del retraso de la próxima consola de Nintendo. Todo indicaba que la sucesora de su actual consola, la hipotética Switch 2, saldría al mercado cerca de la campaña navideña, pero la política monetaria del Banco de Japón se ha convertido en el mayor enemigo de los planes de la compañía nipona y puede haber dejado sin regalo estrella a muchos jugadores estas navidades.

La Nintendo Switch, que salió al mercado hace ya siete años, está llegando al final de su ciclo de vida. La consola cerró 2023 rondando los 140 millones de unidades vendidas, situándose en el tercer escalón del podio histórico. Por delante solo quedan la histórica PlayStation 2 (unos 155 millones) y la Nintendo DS, la portátil de dos pantallas que se quedó pisándole los talones a la sobremesa de Sony (154 millones).

Y todas las señales indicaban que la hora de un recambio ya había llegado. El calendario de lanzamientos de la compañía está prácticamente vacío para lo que queda de año, y no hay ningún gran estreno anunciado hasta 2025. Además, la firma desactivó este mes la jugabilidad online de las consolas de la generación anterior, Wii U y Nintendo 3DS, finiquitando lo que quedaba de sus sistemas más antiguos. Una señal de que estaría preparando ya los servidores online para su próxima generación.

Sin embargo, el pasado mes de febrero, un rumor empezó a circular entre los expertos del sector: la salida al mercado de la nueva consola estaba paralizado hasta el próximo año. Y la agencia Bloomberg confirmó que las grandes compañías de videojuegos que estaban trabajando en futuros lanzamientos para ese nuevo sistema habían recibido el mensaje: la Switch 2 se retrasaba hasta primavera de 2025.

La razón de Nintendo: anular a los acaparadores

La explicación que dio la compañía es que quería acumular suficientes consolas para el lanzamiento para poder batir a los acaparadores. Este no es un problema nuevo para la compañía ni para el sector. La consola Wii tuvo una enorme escasez de unidades a la venta tras el éxito de su lanzamiento, y la Switch tuvo que venderse en Japón mediante loterías durante su primer año, dado que la demanda superaba ampliamente el 'stock' de unidades que podía producir Nintendo. Y la PlayStation 5 de Sony pasó tres años siendo poco menos que un fantasma en las tiendas: se producían tan pocas que todas las que salían a la venta volaban en segundos.

En todos esos casos, el efecto siempre era el mismo: una buena parte de las pocas consolas vendidas acababan en tiendas de segunda mano, a un precio superior al oficial, con lo que los jugadores que no pueden esperar para disfrutar de los nuevos juegos tienen que acabar pagando una 'comisión' a los que tuvieron la suerte (o las tretas) para cazar esas consolas.

La inflación y el yen, los peores enemigos de Mario

Lo cierto es que la explicación más probable de por qué Nintendo se ha visto empujado a guardarse las balas es el desplome del yen. El cruce de la divisa nipona frente a la moneda estadounidense ha llegado esta semana hasta los 154,46 yenes por cada dólar, un nivel que no se veía desde junio de 1990, gracias al movimiento 'hawkish' de la Reserva Federal estadounidense, que ha aplazado el recorte de tipos previsto para junio y ha revalorizado al dólar por el camino.

Esta es una situación doblemente perniciosa para la compañía, que está ocupada en producir consolas en este momento para satisfacer la enorme demanda que se puede esperar en el lanzamiento de su nuevo sistema. El bajo tipo de cambio significa que las piezas y la mano de obra extranjera cuestan ahora muchos más yenes que en otro momento, lo que supone que poner la 'fábrica' de consolas a toda máquina estos meses le saldría mucho más caro que hacerlo más adelante.

Pero lo peor es la incertidumbre y el riesgo de que el Banco de Japón contraataque. Todas las expectativas de los mercados apuntan a que el banco central nipón puede intervenir el yen para impulsar su precio al alza y frenar su devaluación. Si eso ocurre, el efecto sería el de disminuir el precio de venta de los productos exportados. En otras palabras, Nintendo importaría piezas y mano de obra hoy a un tipo de cambio caro y vendería las consolas ya fabricadas en unos meses a un tipo de cambio más barato. Y por el camino, solo por el cambio en el valor del yen, se perderían unos ingresos fundamentales para la empresa en pleno salto de generación.

Adiós al efecto pandemia: ahora se juega menos

Todo esto ocurre en un momento en el que el panorama en la industria de los videojuegos invita a Nintendo a ser conservadora. El mercado 'gamer' ha bajado de marcha: se estima que crezca un 2,7% entre el final de 2023 y 2026, una cifra inferior al 7,2% de crecimiento registrado entre 2015 y 2021, según datos de Newzoo. Parece que, definitivamente, el efecto pandemia que impulsó tanto a la industria ya se ha evaporado: de 2021 a 2023, el tiempo de juego medio a nivel trimestral cayó un 26%.

Esta reducción del tiempo de juego mermará el crecimiento orgánico de la industria de los videojuegos. Por otro lado, el 60% de ese tiempo de juego total en 2023 se concentró en juegos que tenían seis o más años, como Fortnite, Roblox o Minecraft. En este sentido, solo el 8% de ese tiempo se dedicó a juegos completamente nuevos y no anuales (como FIFA/EA Sports FC o Pro Evolution Soccer). Esto quiere decir que los usuarios optan por videojuegos interactivos que están asentados y que conocen desde hace tiempo. Esto plantea un obstáculo para las firmas de videojuegos, que se ven obligadas a no arriesgarse con nuevas historias y apostar por títulos ya consolidados para lanzar 'blockbusters', cuyos costes, por otro lado, se han disparado.

Sin margen para juegos de éxito: Xbox abandona la exclusividad

Así, el coste de producción de Skyrim, uno de los juegos más exitosos de todos los tiempos, alcanzó los 85 millones de dólares en 2011. Sin embargo, God of War Ragnarok (2022) costó 200 millones de dólares. Dadas las circunstancias actuales, para sostener estas cifras, la industria parece que deberá abandonar la elaboración de videojuegos que puedan jugarse en una única consola. De hecho, Microsoft, creadora de Xbox, fue más lejos y recientemente anunció que rescatará cuatro títulos exclusivos para su consola con el objetivo de ofrecerlos en plataformas como PlayStation y Switch. El plan de Microsoft es mejorar las ventas, especialmente después de los casi 68.700 millones de dólares invertidos en la adquisición de Activision Blizzard.

Nintendo, sin embargo, lleva desde el primer día siguiendo una filosofía completamente distinta: mantener la exclusividad de sus juegos en sus propias consolas. Sin la posibilidad de lanzar un Mario, un Zelda o un Pokémon en plataformas de la competencia, las ventas de sus sistemas se hacen aún más importantes, dado que lo que vendan sus juegos dependerá exclusivamente de cuántas personas hayan comprado su consola previamente. Una posición que aumenta la importancia del lanzamiento de sus plataformas.

Miles de despidos en la industria de los videojuegos

Por otro lado, el factor que refleja el momento que experimenta la industria de los videojuegos son los recortes de personal en el sector. En lo que llevamos de 2024, se estima que 8.000 trabajadores han sido despedidos. Entre ellos se encuentran asalariados de firmas importantes como Activision Blizzard (1.900), Unity (1.800), la rama PlayStation de Sony (900) o Electronic Arts (670). Estos despidos se suman a los 10.500 de todo 2023 y a los 8.500 acumulados en 2022.

Por su parte, Nintendo no ha ejecutado ninguna oleada de recortes de empleo similar, apoyándose en el éxito de Switch para mantenerse a flote en plena tormenta de la industria de los videojuegos. Ahora, la firma nipona quiere que Switch 2 sea el revulsivo que le impulse sobre sus competidoras, como la estrellita en las carreras del Mario Kart. El problema es que el 'subidón' del dólar les está obligando a dar una vuelta más de lo previsto. Los jugadores que tengan que esperar un año más para jugar al próximo gran Mario pueden echarle la culpa a Jerome Powell y a la inflación de EEUU.

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