Tecnología

La posible invasión de Taiwán, la puerta de China al trono mundial de los chips

  • Los dos estados llevan años de batalla económica por los chips
  • China quiere ser el mayor productor mundial en 2025
Foto: Dreamstime

"La reunificación tendrá lugar antes o después". Con esta frase el presidente de China dejaba claro el pasado jueves que la posibilidad de una invasión sobre Taiwán es real, especialmente después de que el líder asiático declarase el pasado mes de octubre que su país estaría en condiciones de llevar a cabo la operación en 2025. El ejército del estado isleño ha ejecutado la última semana de julio las maniobras más extensas e importantes de todo este año ante la posibilidad de que las tropas del ejército popular atraviesen el estrecho de Formosa y se hagan con el control del territorio en el que se refugió el viejo Kuomintang, los perdedores de la guerra civil china que ganó el Partido Comunista en el resto del país.

Los motivos de China para querer hacerse con la isla son múltiples y desde Pekín remarcan la voluntad política por 'reunificar' la nación. Sin embargo, a pesar de que se trate de una pequeña isla de apenas 36.197 kilómetros cuadrados frente a los 9,5 millones que ya domina China, hacerse con el control de la región ofrecería a Xi Jinping un arma económica que podría cambiar al mercado mundial: el control casi absoluto de los semiconductores.

Taiwán es el rey absoluto de los chips a nivel mundial. Solo la principal compañía del territorio, TSMC (Taiwan Semiconductor Manufacturing Company) controla el 56% del mercado mundial de los chips de alta gama. Sin embargo, UMC (United Microelectronics Corporation) también tiene un peso importante con un 5%del mercado. La segunda del mundo en cuanto a producción es la surcoreana Samsung, que controla el 17%.

Respecto a la producción total de chips, Taiwán y Corea del Sur luchan por ser las principales fabricantes mundiales, según los datos de 2020 de la Asociación de la Industria de Semiconductores (SIA). La isla desarrolla un 22% de todos los chips, seguida de cerca por Seúl, con el 21%. Detrás, China y Japón con el 15%, EEUU con el 12% y Europa, a la cola, con el 9%.

China ha realizado una apuesta creciente por la industria de los chips debido a que es el mayor consumidor mundial de este producto desde el año 2005. El país asiático ha pasado de encargarse de menos del 4% de los chips que se fabrican en el mundo a elevar su dominio hasta el 15,9% en solo un lustro. Sin embargo, aún tiene que importar el 80% de los chips que consume. Debido a ello, Pekín ha emprendido un plan para crecer exponencialmente en este sector, lograr el 70% de la capacidad nacional en 2026 y lograr la autosuficiencia en 2035.

El resultado de esas ayudas ha sido reducir el coste efectivo de construir fábricas de semiconductores en el país asiático. Según los datos de la SIA, las subvenciones chinas reducen en un 40% la multimillonaria factura de una fábrica. En Taiwán y Corea del Sur, las ayudas estatales alcanzan el 25-30% del coste, mientras que en Alemania y EEUU, las subvenciones apenas rondan el 10-15%.

Búsqueda de autosuficiencia

El gigante oriental ha visto especialmente el motivo de alcanzar la soñada autosuficiencia después de las sanciones contra las tech chinas por parte de Estados Unidos en 2020. Con la importancia de este producto, quedó claro que tocaba mirar al interior del país para abastecerse. Desde la imposición de esas restricciones 19 de los 20 fabricantes de chips que más han crecido en el mundo son chinos. Y la SIA espera que el gigante asiático se sitúe en la cabeza de la producción mundial en 2025, con un 24%, relegando a Taiwán al 21% del mercado y a Corea del Sur al 19%.

Sin embargo, al margen de estimular la producción local, si China se hiciese con el control de la industria taiwanesa se produciría un giro copernicano. No solo tendría poder para abastecerse de golpe, avanzaría a ritmos agigantados en la tecnología para desarrollar su industria y se convertiría en el rey de las exportaciones de este material clave para productos eléctricos como coches u ordenadores. Con esta industria bajo su paraguas, tendría un arma económica única en una era de guerras comerciales como la ya vivida entre China y Estados Unidos o la que todo Occidente ha emprendido contra Rusia por la invasión de Ucrania.

Pero el factor clave es que la cantidad, en sí, no basta. También es clave la calidad, ya que los aparatos más punteros requieren de chips cada vez más pequeños, rápidos y eficientes. La inversión en I+D es fundamental para el sector, y en este campo TSMC está muy por delante de sus competidoras. La empresa taiwanesa va una o dos 'generaciones' por delante de la mayoría de sus rivales. Y la dificultad y el coste (en tiempo y dinero) de dar un salto de calidad hace que esa ventaja sea muy complicada de recortar por sus rivales. La mejor forma de hacerlo es hacerse directamente con la firma.

Precisamente por ello, China y Taiwán llevan unos años librando una guerra económica por los empleados de la firma. Pekín ofrece enormes contratos y recompensas económicas a los empleados de empresas de chips taiwanesas que se muden al país, llevando consigo toda su experiencia y conocimiento. El Parlamento de Taipei, por su parte, está debatiendo condenar a los empleados que acepten esas ofertas con hasta 12 años de cárcel y multas de entre 1 y 3 millones de dólares. Obviamente, en caso de una invasión, China tendría a su disposición las propias fábricas, ahorrándose gran parte del esfuerzo.

Occidente, a remolque

Europa y EEUU están inmersos en su propia 'independencia' de chips, pero parece que va a tardar. El país liderado por Joe Biden ha aprobado en sus dos cámaras una ley para fomentar la producción de semiconductores dotada de unos fondos de más de 52.000 millones de dólares. Sin embargo, el despegue de una eventual industria de los chips en territorio norteamericano requerirá aún de años, tal vez más de un lustro, en ejecutarse.

Desde la Unión Europea también se han lanzado ambiciosos planes para liderar la producción de este producto estratégico. Bruselas ha lanzado su 'EU chips Act' en la que han comprometido 43.000 millones de euros, 11.000 de ellos basados en ayudas directas a través de los fondos de la Unión. Ambos planes van a tardar un tiempo en llevar a sus regiones la independencia con respecto a los semiconductores. Un periodo de tiempo que, en caso de ser dominado por China como principal productor del mundo, implicaría un gran riesgo. Tras la crisis de suministros basada en la escasez de semiconductores, el mundo ya sabe que chips del tamaño de un grano de arroz pueden paralizar continentes.

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