Política

El calendario electoral y el judicial amenazan a ERC: ¿se le volverá a escapar a Junqueras la hegemonía del independentismo en el último segundo?

Carteles electorales de ERC para el 28-A. Foto: EP

A nadie se le escapa que el desborde del independentismo en todos sus cauces responde a la loca carrera que CDC y ERC emprendieron en su momento. Como la histórica Convergencia no terminaba de morir y la creciente ERC no acababa de llegar a la cima, ambos se coaligaron con el pacto tácito de que el primero que se parase, mirase atrás y ya no digamos retrocediese acabaría muerto o, peor aún, sería tildado de traidor -'botifler'-. Eso ha sido y eso sigue siendo el procés: una lucha por la hegemonía política catalana agravada por encontrarse en 'empate técnico' y expuesta a cualquier volantazo del calendario electoral y/o judicial.

Mucho se especula con qué pasaría si esa hegemonía cambia al fin de mano y llega a ERC. En las elecciones catalanas del 21-D los republicanos estuvieron a punto de alcanzar el soñado 'sorpasso'. Un Oriol Junqueras ya en prisión preventiva rozaba con la punta de los dedos quedar por delante de JxCat -uno de los miles de nombres de la 'neoconvergencia'-.

Las encuestas iban a su favor y la primera presidencia de la Generalitat a manos de Esquerra podía darle un giro a la política independentista. Pero el hombre de Waterloo, el huido Puigdemont, salvó in extremis los muebles. Un poco de prestidigitación desde Bruselas y la hegemonía -si bien alejada de las mayorías de antaño- seguía en los herederos -políticos- de Jordi Pujol.

Pasado esta oportunidad, ERC hizo introspección y empezó a conciliar el 'chicken game' -afortunado símil del procesólogo Guillem Martínez- con unos tintes de pragmatismo -investidura de Sánchez y apelación a "ensanchar la base social" antes de nuevas aventuras-. Esto le ha dejado de nuevo reventando en las encuestas (ganarían las generales en Cataluña y se comerían a JxCat en las catalanas, según el último CEO o CIS de la Generalitat). También les ha situado en una centralidad política bastante envenenada porque les convierte en protagonistas de todo y eso no es siempre bueno.

Ya sufrió en sus carnes ERC el dejar pasar los Presupuestos de Sánchez por no alejarse de la consigna. Ahora el fragmentado espacio electoral y las buenas encuestas les puede dejar de nuevo en la tesitura de ser decisivos en una nueva investidura del candidato socialista. Una de esas situaciones tan comunes en política en las que cualquier decisión es un problema. Hasta Gabriel Rufián ha tenido que salir esta precampaña a decir que su política en el Congreso no va a ser la del bloqueo continuo. "No habrá líneas rojas ni cheques en blanco", dice la dirección del partido, toda una idea de por donde van los tiros.

El desgaste que pueda suponer apoyar al socialista no será desaprovechado por el universo 'neoconvergente', que por supuesto echará más leña al fuego recordando que los de Junqueras se han negado sistemáticamente a conformar una lista unitaria para las municipales.

El juicio del procés y lo que siga

A todas estas trampas electorales en el camino de ERC se suma el propio calendario del juicio del procés y las vicisitudes propias de la jurisprudencia. El precario escenario que ahora mismo baraja el desinflado Govern de Torra -mitad JxCat, mitad ERC- era y es convocar elecciones catalanas en otoño aprovechando una sentencia desfavorable del Supremo y capitalizando un descontento que aumentaría significativamente.

Sin embargo, ha querido la coyuntura que una sentencia de la Sala III del Supremo conocida la pasada semana haya fijado que los condenados por rebelión no puedan ser candidatos electorales incluso cuando esta sentencia condenatorio no sea firme. Esto supone una serie grieta para ERC, ya que de ser condenado por este delito e independientemente de lo que acabe pasando con el seguro recurso, Junqueras no podría presentarse a estas autonómicas. El partido perdería así su más importante reclamo -el único, ironizan los gags del Polònia- de cara precisamente a las elecciones en las que de verdad se dirime la hegemonía del independentismo.

El problema para ERC es que tendría muy difícil explicar la razón de adelantar estos comicios sin haber una sentencia todavía. Eso sin contar que el botón para convocarlas lo tiene Torra, es decir, Puigdemont. A la ecuación se suma la variable Parlament: la CUP ha puesto tierra de por medio y la tradicional mayoría independentista ya no lo es. La Cámara ruge contra Torra, la oposición lo acorrala y ERC tiene que defenderle con la boca pequeña. Las hojas del calendario decidirán.

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