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¿Por qué se dispara el número de robos en el campo? Ya se producen 31 al día

  • Los delitos han aumentado especialmente desde el inicio de la pandemia
  • No todos los hechos son denunciados, debido a la carga burocrática que supone
  • Lo que más roban es lo que tiene cobre, pero también frutas, verduras y hasta ganado
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Si la crisis climática, los costes de producción o el conflicto con los precios en los supermercados no fueran suficientes problemas, el campo se enfrenta a otra importante crisis: las oleadas de robos que se extienden por toda la España rural. Así lo denuncian las organizaciones agrarias, y los propios agricultores afectados, desde hace muchos meses. Una situación que, además, genera inseguridad, ansiedad y estrés entre agricultores y ganaderos, que exigen desesperadamente ayuda para acabar con esta lacra.

De hecho, los robos en el campo han aumentado un 3,5% en 2023, hasta alcanzar una media de 31 robos al día, según las estadísticas del Ministerio del Interior, analizados por la Unión de Agricultores y Ganaderos. En concreto, la organización denuncia el incremento de robos que se vienen produciendo desde 2020, pasando de 8.911 hechos denunciados a 11.376.

Por comunidades autónomas, Andalucía sigue siendo una de las regiones con mayor número de robos (3.660 de un total de 11.376 a nivel nacional) sobre todo en Sevilla, Almería y Córdoba a nivel provincial, seguida por Castilla-La Mancha (1.507 robos, que principalmente se producen en Toledo y Ciudad Real) y la Comunidad Valenciana (1.385 robos), con robos principalmente concentrados en la provincia de Valencia.

Atendiendo al mayor incremento de robos conocidos en 2023 es Galicia la que destaca por este empeoramiento, con un incremento del 57%, sobre todo por un alza en las denuncias en Lugo (131%) y Pontevedra (70%), mientras que en el lado contrario, se aprecian las mayores reducciones en País Vasco (-31%), Baleares (-19%) y Cataluña (-16%).

Aunque si se analiza también la situación por cada 1.000 explotaciones, donde las Islas Canarias son las que representan el índice más alto con 24,95 robos y hurtos por cada 1.000 explotaciones, seguida de Murcia (23,23), La Rioja (19,48), Navarra (16,71) y Madrid (15,89)

Sin embargo, hay que tener en cuenta que estos datos se refieren solo a hechos denunciados, y hay que tener en cuenta que no todos los sucesos se llevan a comisaria, debido a la carga burocrática que supone presentar una denuncia. Por eso desde las asociaciones piden que sea un proceso más ágil, que incentive a los agricultores a querellarse, para contar con un mapa más real y fidedigno de la situación de los robos, así como poder estudiar con más precisión los recursos que hacen falta para atajarlos.

Consecuencias económicas

Además del miedo y la inseguridad, los robos en el campo también tienen consecuencias económicas de todo tipo. Por un lado, por las propias pérdidas que acarrean las sustracciones, y que afectan a todo tipo de producción, especialmente a las más caras, como han podido ser los melones y sandías, almendras, cítricos o aceitunas en los últimos meses. Incluso se están llevando ganado.

Pero lo realmente grave, por sus costes y sus consecuencias, tiene que ver con los productos tecnológicos que se llevan. Y es que lo que más roban es todo lo que tiene cobre. Y eso incluye desde transformadores eléctricos, bombas de riego y de extracción y hasta placas fotovoltaicas.

Agente de la Guardia Civil
Un agente del Equipo ROCA de la Guardia Civil, especializado en robos en el campo.

Productos todos de gran coste, que pueden llegar a costar hasta 10.000 euros, a pesar de que luego los ladrones los venden por unos míseros 300 o 400 euros en las chatarrerías. Y el problema no es solo el coste, es que además son básicos para poder trabajar con normalidad, y sustituirlos lleva tiempo, con su consiguiente lucro cesante.

También hay que sumar los daños que provocan en las propiedades para tratar de robarlas, que en ocasiones puede llegar a ser superior al propio valor de las herramientas sustraídas.

Bandas profesionales y violentas

Hay que tener en cuenta que detrás de estos robos no está una persona en una moto, con un saco, para robar unos kilos de aceitunas. Se trata de bandas profesionales, que cuentan con material profesional, adquirido en el mercado negro, que incluye incluso tijeras neumáticas, como las que tienen los bomberos, para romper barrotes o postes metálicos.

También es importante destacar que son delincuentes que no tienen problema en recurrir a la violencia, por lo que se recomienda no enfrentarse a ellos, pues no tienen problema en amenazar o atacar a los propietarios si intentan evitar un robo, o destrozar vehículos si les estorban en sus planes delictivos.

En esta situación, ¿qué piden desde el sector agrícola? Para empezar, una mayor coordinación entre los organismos públicos y el sector, para desarrollar estrategias efectivas de prevención y protección. Pero, sobre todo, piden una mayor presencia policial en las zonas rurales, para disuadir a los ladrones y poder responder a los robos en caso de que se produzcan.

Más policía, penas más duras y medidas disuasorias

Una medida que pasa por el refuerzo del grupo ROCA, que es como se denomina a los efectivos policiales que se dedican a la protección del campo. Este departamento de la Guardia Civil se puso en marcha en 2013, y sus efectos se notaron positivamente desde el principio. Pero el número de agentes se ha reducido un 13% en los últimos años, y el campo piden que vuelva a reforzarse.

La implementación de tecnologías de vigilancia y detección, como cámaras de seguridad, sistemas de alarma y GPS, también puede contribuir significativamente a la seguridad en el campo. Para ello, es necesario proporcionar apoyo financiero y recursos adicionales a los agricultores y ganaderos para que puedan invertir en medidas preventivas. En esta línea, también se incluye la instalación de cercas perimetrales, iluminación adecuada y sistemas de seguridad avanzados.

Y, por último, también piden endurecer las penas, ya que los agricultores consideran que las actuales son irrisorias, lo que hace que robar en el campo no tenga muchas consecuencias penales.

En definitiva, el sector exige un enfoque integral, que convine medidas de prevención, endurecimiento de la ley y más efectivos policiales, para garantizar la seguridad y el bienestar en las zonas rurales, y preservar su futuro.

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