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Monitorizar cultivos con precisión como si fueran atletas

  • La digitalización permite elegir el momento más adecuado para cosechar
  • El campo tiene en sus manos la posibilidad de innovar para diferenciarse
  • Combinan la sensorización de los cultivos con imágenes de satélite
Madrid

El internet de las cosas gracias a sensores de larga vida interoperables, la ciencia de datos, el análisis geoespacial a gran escala o la visión artificial forman parte de la última revolución agrícola.

Los agricultores ya tienen a su alcance instrumentos de fácil manejo escalables a explotaciones de cualquier tamaño y de rápido retorno económico. Esta industria 4.0 en la que se ha convertido la agricultura, permite conocer con la precisión de un electrocardiograma el estado de salud de los cultivos a los que se monitoriza como a los atletas de alto rendimiento, disponer de una máquina del tiempo del campo para viajar 20 años atrás o saber el estado de maduración para elegir el momento de la cosecha.

En un contexto de incremento de la población mundial, recursos naturales finitos y consumidores más exigentes y concienciados es necesario reflexionar sobre si lo que estábamos haciendo sigue siendo válido y si está en nuestras manos innovar para marcar la diferencia.

Compañías como Vodafone están participando en proyectos agrícolas como la sensorización de bodegas, cursos asistidos de podas de frutales con 5G o la 'Montanera Life', la retransmisión en vivo de la crianza en libertad del cerdo ibérico.

¿Cómo se monitorizan y acompañan los cultivos para hacer predicciones que faciliten la toma de decisiones? El viaje empieza por los sensores en los cultivos que, combinados con imágenes de satélite multiespectrales de alta resolución capturadas durante todo el ciclo de la cosecha, permiten medir factores ambientales claves: la humedad, la temperatura, la conductividad del suelo y la absorción de agua, así como el vigor y la salud de las propias plantas.

La gestión se traslada al tiempo real, con tecnología sensórica de última generación y cámaras de visión artificial que permiten, por ejemplo, el conteo de frutos para determinar el momento óptimo para la cosecha.

En el ámbito de los satélites, al final de este año se podrá revisitar 15 veces al día cada punto de la Tierra con una resolución de 30 centímetros. Esto abre una ventana para recorrer 20 años hacia atrás. Una máquina del tiempo digital en la que comparar cómo se han comportado nuestras tierras a largo plazo. E incluso detectar cambios en tiempo real con mayor precisión que el ojo humano. También permitirá registrar si se está produciendo estrés hídrico, la intensidad de la fotosíntesis o el índice vegetativo.

A toda esta información se incorpora también la que aportan no solo la AEMAT, sino la que ofrecen los 98 satélites que generan predicciones meteorológicas a nivel de un kilómetro.

En total, se generan más de 30 índices biofísicos y bioquímicos que suponen hacer un electrocardiograma a las plantas. Se monitoriza su comportamiento, como si fuesen atletas de élite.

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