Opinión

El choque de Musk y los sindicatos suecos

  • El resultado de la lucha entre Tesla y las centrales del país nórdico tendrá efectos mundiales

El 20 de diciembre de 1938 se firmaron en el Grand Hotel del balneario de Saltsjöbaden, en el archipiélago de Estocolmo , los acuerdos que llevan ese nombre. Los firmantes fueron la Confederación de Sindicatos LO y la patronal SAF.

Las partes decidieron acordar entre ellas las condiciones de trabajo en cada sector, incluyendo los salarios, sin intervención estatal. La dirección de LO se arroga el poder de decidir en cuestión de huelgas y contratos sectoriales incluso en contra de la voluntad de los trabajadores. El despido es libre y no hay salario mínimo. Con pequeñas modificaciones sigue funcionando en la actualidad. Es una de las patas del modelo sueco extendido después al resto de los países nórdicos. Se complementa con altos impuestos con los que se atiende a una amplia cobertura de seguridad social, gestionados en gran medida por los municipios.

El sistema político, al menos hasta recientemente, se acomodaba a esa realidad con un partido socialdemócrata, dominante en la izquierda, financiado por LO y uno conservador, en torno al que se unía el centro derecha, apoyado por la SAF.

Los principios igualitarios que propició la socialdemocracia siguen vigentes. La sociedad globalmente es socialdemócrata, aunque el gobierno sea conservador.

Las grandes empresas, como Volvo, Scania, SKF, ABB, Atlas Copco, Saab, Electrolux, etc., están satisfechas con el sistema que les garantiza paz laboral, necesaria para la exportación y cooperación, positiva para la productividad. En las pymes hay división de opiniones. En el sector tecnológico, muy poco sindicalizado mundialmente, tanto Spotify como la nueva estrella del mercado de baterías para coches Northvolt han aceptado funcionar con esas normas.

Otros fracasos previos

Los intentos de algunas empresas extranjeras de funcionar al margen de la negociación colectiva han fracasado. El intento más conocido fue el de Toys R Us, en los años 90, que nunca la había aceptado en ningún país. Las huelgas de solidaridad forzaron su mano.

Ahora es Elon Musk quien lo intenta. Tesla no fabrica allí sus coches eléctricos, sino que los importa de su fábrica en Alemania. Cuenta con solo unos centenares de empleados. A finales de octubre 130 mecánicos empleados en los talleres de reparación se declararon en huelga para exigir la negociación colectiva. Musk no cedió y llegó a calificar la huelga de locura. Inmediatamente los sindicatos pusieron en marcha huelgas de solidaridad de los estibadores que descargaban los automóviles importados, limpiadoras de las oficinas o empleados de correos que se niegan a entregar las matrículas. También se han unido estibadores de Dinamarca y Noruega.

La huelga fue convocada por el mayor sindicato de Suecia, IF Metall, que cuenta con 300.000 afiliados y de donde procede el exprimer ministro socialdemócrata Stefan Löfven. Cuenta con el apoyo del sindicato alemán IG Metall , el más poderoso y numeroso del país, pero en Alemania las huelgas de solidaridad no están autorizadas.

Aunque, como en toda Europa la sindicalización ha bajado con la digitalización, en Suecia es importante con más de un 60% de afiliación. Los sindicatos aseguran que se han visto obligados a intervenir para mantener el status quo. Si pierden esta batalla, sienten que habría que repensar todo el sistema.
Todavía está caliente la victoria sindical en la huelga iniciada por el sindicato americano United Auto Workers que logró importantes aumentos de sueldos y mejoras de Ford, Stellantis y GM. Los obreros de Tesla no fueron a la huelga, pero ahora los que trabajan en Estados Unidos o Alemania empiezan a afiliarse.

En Estados Unidos la posición antisindical de Musk la comparten muchos ejecutivos que creen que Tesla luchará fuerte porque se juega su modelo de funcionamiento.

Los sindicatos suecos tienen dinero para mantener la huelga durante años. Incluso pagan a los huelguistas el 130% de su salario, para cubrir el fondo de pensiones. Al frente del sindicato metalúrgico se encuentra , por primera vez, una mujer, Marie Nilsson, que tiene fama de pragmática. Nilsson asegura que " todo el modelo económico está en riesgo". Aunque el sindicato es conocido por su flexibilidad nadie confía que ceda en este asunto.

Tesla es una empresa grande en el mundo, aunque pequeña en Suecia, pero en el conjunto de los mercados nórdicos vende más que en su primer mercado: Alemania. Lo que aquí ocurra tendrá repercusiones mundiales.

Algunos empresarios y miembros del Gobierno de centro derecha apoyan a Musk y creen que Nilsson está yendo demasiado lejos. Creen que la sindicalización es una forma de proteccionismo. Sin embargo, 16 grandes inversores institucionales con activos de casi un billón de euros han pedido a Tesla que respete la negociación colectiva.

Los fabricantes de vehículos eléctricos quieren desplazar a los tradicionales que fueron lentos al aplicar nuevas tecnologías. Esta batalla es solo el inicio de un enfrentamiento que va a dirimir el futuro de la industria automovilística.

WhatsAppTwitterTwitterLinkedinBeloudBeloud