Opinión

Los impuestos para ricos son buenos para el turismo

  • Actualmente un tercio de los europeos no viaja por falta de recursos
Fotografía de una playa en Valencia, España, en la temporada de verano.

En la reunión anual de Jackson Hole (buena estación de esquí) - a la que acuden autoridades nacionales y organismos internacionales del mundo financiero- se ha discutido sobre los nuevos ingresos fiscales necesarios para financiar las crecientes necesidades de los estados. El asunto también se ha planteado en la reunión del G20 en Nueva Delhi, donde el presidente Macron señaló la necesidad de reducir las desigualdades. Un grupo de 300 multimillonarios, entre ellos una heredera de Disney, economistas como Piketty y políticos de izquierdas mandaron una carta a los dirigentes reunidos, pidiendo una mayor tributación para ellos mismos, con idéntico objetivo.

El notable incremento de la deuda pública para atender a gastos generados por la pandemia: atención sanitaria, vacunación masiva, apoyo a empresas , familias y trabajadores, exige cantidades cada vez mayores para el pago de esta, mientras que los ingresos no suben en la misma medida al disminuir la actividad económica.

El envejecimiento de la población, cada vez hay más viejos y menos jóvenes, aumenta el número de los que cobran pensiones que, además, gastan en sanidad, mientras disminuye el de los que pagan que, asimismo, tienen salarios cada vez menores.

La invasión rusa de Ucrania y la prepotencia de China están obligando a los miembros de la OTAN, en la que estamos tanto nosotros como nuestros principales clientes turísticos, a acercarse al gasto del 2% del PIB en defensa, como se habían comprometido, pero que solo EEUU, Gran Bretaña y los países bálticos cumplen. Los países limítrofes con Rusia dedican un porcentaje cada vez mayor de su presupuesto a esta materia. Suecia lo aumentara este año un 30%.

Los compromisos de los países de la UE con la agenda verde exigen fuertes inversiones de administraciones y empresas de los países ricos, aunque a algunos como a Gran Bretaña le ha entrado el miedo y quiere ir más despacio de lo programado. Si tienen éxito y aumenta notablemente el número de automóviles eléctricos y el uso de energías renovables, disminuirán los ingresos por impuestos a los combustibles y a los beneficios de las sociedades, debido a las deducciones fiscales y a los incentivos correspondientes obtenidos por individuos y empresas.

Finalmente, la inflación, con la consiguiente subida de los tipos de interés succiona recursos, especialmente de las familias de clases medias que son las que más viajan a España.

La conclusión a la que llegaron las eminencias reunidas es que el consenso neoliberal con el que hemos vivido desde los tiempos de Thatcher y Reagan, basado en estado pequeño e impuestos bajos, ha saltado por los aires y que el crecimiento económico no bastará para financiar las crecientes necesidades por lo que será necesario buscar nuevas fuentes de ingresos fiscales o disminuir los servicios públicos.

Ese consenso se había basado en atender a las necesidades con ingresos procedentes sobre todo de las rentas del trabajo y de los impuestos especiales con una mínima participación de los gravámenes al capital, con lo que la desigualdad entre los que tienen capital y los que no lo tienen, ha aumentado.

Los gobiernos ya se están viendo obligados a buscar en los beneficios extraordinarios de las empresas nuevas fuentes de financiación. De momento dicen que, con carácter transitorio, aunque ya sabemos lo que esto significa en política. Todavía no se atreven con la riqueza privada, pero tendrán que hacerlo cuando la necesidad asfixie las finanzas públicas.

Por supuesto se trata de un paso arriesgado. Algunos multimillonarios pueden abandonar su país para buscar acomodarse en paraísos fiscales, como ocurrió en Noruega , pero los partidarios aseguran que se trata de un pequeño porcentaje. También existe un rechazo extendido a los impuestos de Sucesiones y Donaciones por motivos que van más allá de los puramente económicos.

Hay que plantearse la moralidad de una sociedad en la que los que menos tienen, como los jóvenes sin activos, tienen que financiar a los que tienen ingresos por pensiones, fondos de jubilación y viviendas con las que los otros solo pueden soñar. Habrá que empezar a pensar cómo se puede transferir riqueza de los mayores a los mas jóvenes, pero los mayores son ruidosos y votan.

Cuando esto ocurra, porque va a ocurrir, los ricos de verdad seguirán viajando, aunque paguen más impuestos mientras que las clases medias evitarían un incremento del esfuerzo fiscal y la consiguiente reducción de la renta disponible que es el factor fundamental a la hora de decidir si viajar o no.

Actualmente un tercio de la población europea no viaja, en general por falta de recursos. Si cada vez más gente tiene menor capacidad de gasto, por mayores impuestos, aumentará el número de los que se quedan en casa y disminuirá el turismo a España. Todo esto no ocurrirá si los nuevos ingresos necesarios se extraen de las fortunas de los que más tienen.

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