Opinión

La tercera vuelta de las elecciones en Francia

Las elecciones presidenciales francesas se basan en la idea de Charles de Gaulle de que el presidente se debía elegir por sufragio universal. Que no debían mediar ninguna de las cámaras parlamentarias, sino solo la voluntad del pueblo. Poco se imaginaba De Gaulle que, 60 años después, el panorama político francés se situaría en un escenario en el que, si bien al presidente lo ha elegido el pueblo, aunque sea a regañadientes, las políticas de futuro van a depender, y mucho, de cómo se configure la Asamblea Nacional en las próximas legislativas

El resultado del domingo no representa a Francia. Si en 2017 Macron consiguió, desde su puesto de outsider, despertar un movimiento de esperanza e ilusión, en 2022 su figura encarna un sentimiento totalmente diferente: desapego, decepción e incluso disgusto. Ayer ganó porque su rival parecía un mal mayor. Muchos de los que votaron a Macron lo hicieron con una pinza en la nariz, en especial, todos aquellos que votaron a la izquierda más radical, a Melénchon Roussel o Jadot en la primera vuelta. Algunos votantes de Mélenchon incluso optaron por la papeleta de Le Pen, tal es el hastío de cierta parte de los franceses con el presidente reelegido. Tampoco fue plato de buen gusto para los votantes de Pécresse o Hidalgo, las dos representantes de la derecha y la izquierda clásicas cuyos partidos están achicando agua a toda prisa de dos barcos que se hunden. Todo esto, sumado a una abstención del 28% -la segunda mayor de la Quinta República- deja claro que ayer Francia votó porque tocaba votar, pero sin ganas, sin motivación.

El futuro galo no lo va a personificar su recién reelegido presidente sino, probablemente, la Asamblea Nacional que se va a elegir los próximos 12 y 19 de junio en unas elecciones legislativas con aroma a tercera vuelta. Actualmente, la mayoría de la cámara la tiene el partido de Macron, La République en Marche, pero lo cierto es que los resultados de ayer y, más concretamente, los de la primera vuelta parecen indicar que no va a ser tan fácil que se repita esa mayoría. Los más de siete millones y medio de votos que obtuvo Jean-Luc Mélenchon, líder de La France Insoumise le ponen en una excelente posición para ser decisivo en el futuro de Francia. El domingo mismo, justo cuando se conocieron los resultados, el líder de la izquierda radical hizo un llamamiento a los franceses para que le "elijan primer ministro". Macron va a nombrar a esa figura en breve, pero requiere la aprobación de la Asamblea. Si, tras las legislativas, las mayorías cambian, el líder de la oposición, que podría ser Mélenchon, o, por qué no, la propia Le Pen, podrían hacerse con el cargo provocando una situación de cohabitación, como ya pasó entre Mitterrand y Chirac y entre Chirac y Lionel Jospin.

Y a partir de ahí, el encaje de bolillos. Por más que Macron hablara en su discurso de su vocación de reagrupar a los franceses de toda ideología, ser capaz de poner en la misma frecuencia de onda a las políticas de Mélenchon y a las suyas no será tarea fácil. Entre otras cosas porque Mélenchon, en una posición de fuerza, no se lo pondrá para nada fácil y porque en las filas de Macron también pueden aparecer frondeurs, es decir, diputados críticos con su partido que se alineen en las votaciones con otras formaciones, ya que LREM es un partido compuesto por todo tipo de sensibilidades.

Especialmente difícil puede ser llegar a acuerdos en lo económico, porque el enfoque liberal de Macron puede chocar frontalmente con las propuestas socialmente garantistas de Mélenchon, enfocadas a aumentar el salario mínimo a 1400 euros, situar la jubilación a los 60 años, reducir los impuestos de las rentas bajas y reinstaurar el ISF, el impuesto de solidaridad a la fortuna, incluyendo un plus a las empresas altamente contaminantes.

Para saber cuán gobernable o ingobernable será Francia falta algo más de un mes. La sensación que dejan estas elecciones, desde luego, es que es un país dividido en el que no todos encuentran la voz que les represente. Que sirva de alerta para esta Europa convulsa.

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