Opinión

El plan antiguerra también impulsa el IPC

El 30 de marzo me pilló en Madrid. Me encontraba impartiendo un curso de gestión de riesgos financieros a un grupo de ejecutivos de una de las principales empresas de alimentación del país.

Estaba yo con los últimos ajustes técnicos para proyectar mi presentación, cuando una notificación en el ordenador me dejó helado. La inflación se había disparado hasta el 9,8%. Un dato de tal magnitud, que casi consigue que pierda la concentración durante el resto de la sesión.

Para hacernos una idea de por qué me afectó tanto, pensemos que si la subida de precios del mes de marzo, que ha sido de un 3%, fuera igual para cada uno de los siguientes 12 meses (hasta febrero del año 2023) nos enfrentaríamos a una inflación interanual del 42,6%. Suficiente como para quitar el hipo.

El dato aparecía, además, justo después de que el Gobierno presentara, el día 29, el plan de respuesta a la guerra para, en palabras del propio presidente del Gobierno, "atajar los efectos de la crisis causada por la guerra de Putin".

La pregunta que me surge a mí, cuando combino ambas informaciones, es si las medidas contenidas en ese plan ayudarán asimismo a limitar la inflación, o por el contrario serán un acicate para que ésta siga subiendo a tasas cada vez más aceleradas.

Para ello, lo primero que tenemos que determinar son las razones por las que se produce inflación, que a grandes rasgos son dos principalmente.

Primero por un exceso de demanda sobre la oferta de bienes y servicios, producido normalmente por un exceso de liquidez (la denominada inflación de demanda). O segundo, por una reducción de la productividad (entendida no como la producción por hora trabajada, sino como los costes necesarios para producir un bien o prestar un servicio) que obliga a las empresas a subir precios, aunque la demanda no pueda absorberlos, para evitar vender con pérdidas (la inflación de oferta).

Dicho de otra manera. Cuando incrementamos la liquidez sin incrementar la producción de bienes y servicios de una manera análoga, la inflación tiende a aumentar.

De la misma manera, cuando aumentamos los costes de producción (mano de obra, energía, trabas administrativas), la inflación tiende también a aumentar.

Pues bien, si analizamos el efecto que el plan de respuesta frente a la guerra puede tener sobre la inflación, le pasa como al tiempo en primavera. Que tiene nubes y claros.

Por un lado tenemos medidas que ayudan, claramente, a limitar la crecida de los precios.

En primer lugar, los veinte céntimos con que se subvenciona cada litro de combustible. Sin entrar en si es suficiente o no, lo cierto es que esa rebaja de precios ayudará a relajar tensiones inflacionistas.

También ayudan en ese sentido el mantenimiento de la rebaja de los impuestos de la electricidad, el plan ibérico para fijar el precio del gas, o el límite a la subida de los precios de los alquileres. De nuevo no entro en si este límite es justo o injusto para inquilinos y propietarios, pero desde luego ayudará, temporalmente, el incremento de los precios. Y digo temporalmente porque cuestión aparte es si este límite, de mantenerse en el tiempo, acabará teniendo el efecto contrario sobre los precios, al desincentivar la entrada de viviendas de alquiler en el mercado.

Además, como decíamos, el plan contiene también medidas que pueden mantener e incluso acelerar el incremento de los precios, como son los avales ICO y las ayudas directas.

Se trata de medidas encaminadas a evitar un deterioro importante de los sectores más afectados, que no discuto que sea necesario llevar a cabo, pero sí que tienen un efecto inflacionista por lo que suponen de incremento de liquidez.

Lo que quiero decir, es que no estoy en contra de un plan de choque contra los efectos de la crisis causada por la guerra. Pero sí que, a tenor de los últimos datos, un plan de choque para ralentizar esta subida de precios, que cada vez parece menos coyuntural, deviene no ya urgente, sino prioritario.

Y eso que no hemos hablado de tipos de interés. Si al final la inflación se desboca a nivel de la Unión Europea y el Banco Central Europeo se ve obligado a subir tipos, entonces ya puede ser el crujir de dientes del que hablaba San Lucas.

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