Opinión

La economía invisible y la fuente de riqueza olvidada en la construcción

En 2021 se crearon 840.700 empleos y el paro cayó hasta el 13,33%, es decir, su nivel más bajo en 14 años. Por su parte, la recaudación fiscal batió el récord con 223.382 millones de euros, gracias fundamentalmente al tirón del mercado laboral y de una economía que, por momentos, podría equipararse con un cubo de rubik.

Porque mientras ciertos indicadores proyectan un cierto despegue tras el derrumbe provocado por la pandemia, otros como el PIB ofrecen unos datos bastante diferentes. Positivos, pero mucho menos de lo esperado por el efecto rebote.

Algunos expertos en análisis económico han apuntado que una parte de estos desajustes se encuentran en la construcción. Algo extraño sucede entre los datos de su aportación al PIB y lo que por otra parte ha sido 2021 para el sector.

El gato de Schroringer parece visitarnos: si miras hacia un lado lo ves en negativo, si miras hacia el otro lo ves en positivo. El sector está a la vez creciendo y decreciendo. Este gato habita, además, una vivienda que derrocha mucha energía y apenas cumple con los requerimientos de confort que debieran ser exigidos por norma, porque ya forman parte de las demandas de los usuarios. Por cierto, una nueva oportunidad perdida por parte del legislador en el Plan Estatal de Vivienda 2022-2025…

El PIB de la construcción cayó un 5% en 2021, al tiempo que la masa total de empleo a diciembre creció un 4% frente al año anterior. Aunque todo sea dicho, el empleo equivalente a tiempo completo se contiene y crece al 1,4%. Visto lo visto, ¿qué está ocurriendo realmente?

Esta contradicción parece estar ligada con la productividad. ¿Estamos ante una caída a plomo de este factor o ante otras causas invisibles a los modelos clásicos de medición del PIB en construcción?

En este sector la productividad está asociada a la escala del proyecto concreto, por lo que esta contradicción podría resolverse apuntando a un mayor número de proyectos de pequeña o muy pequeña escala. Obras que se ejecutan en un terreno invisible para los modelos de medición del PIB generado por la construcción pero que, sin embargo, generan riqueza.

En un contexto estable la evolución de la actividad de construcción asociada a proyectos de nueva planta o rehabilitación edificatoria es relativamente fácil de prever. Los visados de hoy son las construcciones de mañana. Hoy podemos tener mucha actividad, pero si caen los visados, mañana caerá la actividad.

Además, el sector responde a otra demanda, los arreglos y las reformas, que no dejan trazabilidad alguna.

Tradicionalmente esta actividad era poco representativa sobre el conjunto y podía estimarse como una constante. Pero cuando ya no se está en un mercado en expansión sino en modo conservación y mejora del hogar (parque de viviendas envejecido, sociedad que también envejece, aparición de nuevas necesidades, tendencias sociales, etc…) y surge un factor exógeno como la pandemia que cambia hábitos de consumo -con toda seguridad de forma transitoria-, los modelos se tensionan.

Como consecuencia de la pandemia, los españoles hemos pasado en casa más tiempo que nunca, lo que nos ha permitido percatarnos de algunas deficiencias para mejorar las casas y con ello, nuestro confort y bienestar. Muchas obras, muy pequeñas. Muy baja productividad, pero un gran valor añadido tanto económico como humano.

Si tiramos del hilo, el crecimiento anual del comercio del hogar fue del 10,9% a precios constantes. En paralelo, nuestros datos internos de ventas del comercio profesional de materiales de construcción y equipamiento de vivienda se sitúan en el 15,2% también a precios constantes.

En definitiva, a la hora de resolver este peculiar cubo de rubik habría que prestar especial atención a las obras de rehabilitación y reforma, que vienen a mostrar su importancia y peso en el conjunto de la economía española.

La gran crisis de 2008-2013 lo puso en evidencia, pero el derrumbe fue tan grande que apenas se reparó en ello. Si la construcción hubiera caído realmente un 90% (como lo hizo la obra civil o la edificación), no tendríamos hoy industria. Muchas empresas murieron y se perdieron cerca de 1,5 millones de empleos, en torno a un 60%. Por lo tanto, ya entonces había un suelo que incluso en lo peor de la crisis financiera, pese a resentirse, sirvió de pulmón para el sector.

El valor de los materiales y empleo asociado a estas obras individualmente resulta muy pequeño, agrupado es enorme. De hecho, estimamos un valor de mercado próximo a los 19.000 millones de euros en 2021, que crece año a año a medida que envejece la población, las viviendas y que surgen nuevas necesidades.

Y esta es la importancia de un sector, desgraciadamente, abandonado. El Plan Estatal de Vivienda 2022-2025 vuelve a dejar de lado a una gran parte del sector y de la sociedad. Cuando el peso de esta actividad era pequeño, el error resultaba menor; ahora que el peso relativo es tan importante, urge poner en valor la fuente de riqueza olvidada en la construcción.

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