Opinión

Fuera de la realidad y fabulando

A hora que vamos despacio vamos a contar mentiras. Valga esta primera estrofa de la popular cancioncilla infantil para valorar y definir la comparecencia de Pedro Sánchez el miércoles en La Moncloa para hacer balance del año y de lo que llevamos de legislatura.

Una homilía plagada de quimeras, verdades a medias y autobombo en la que, en contra de los datos, informes y pronósticos de todos los organismos internacionales, con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la OCDE y el Banco de España a la cabeza, el presidente, afirmó sin ningún tipo de vergüenza y de sonrojo que la economía española encara un fuerte crecimiento y que "las últimas previsiones sitúan a España en 2022 y 2023 con un diferencial positivo de crecimiento de la economía española respecto a la media de la Unión Europea" .

Y lo hizo sólo 24 horas después de que The Economist calificara a la economía española como la peor de la OCDE desde que empezó la pandemia hasta la fecha, situando a España en el puesto 23, de los 23 países analizados, en cuanto a la evolución del PIB y de la renta per cápita, por detrás de todos nuestros competidores europeos y mundiales. Un día también antes de que nos enteráramos -él ya conocía el dato- de que la inflación se había disparado al 6,7% en diciembre, el máximo en 30 años. Y justo también cuando Axesor Rating, se suma a la pléyade de instituciones y analistas que rebajan sensiblemente las previsiones de crecimiento para el año próximo, que sitúan en el 5,7% casi punto y medio por debajo del augurio del Gobierno.

Presumía también el Presidente de las políticas adoptadas para hacer frente a la pandemia como la estrategia de vacunación, cuando sus estados de alarma han sido declarados inconstitucionales, las vacunas las compran la Unión Europea y la gestión y la logística de su inoculación la realizan las comunidades autónomas. Sabiendo que los ERTE son una herencia de la reforma laboral de Fátima Báñez, que el 66% de los autónomos sigue sin recuperarse del efecto de la pandemia en sus negocios y siete de cada diez suspende el paquete de medidas del Gobierno. Mientras que decir, como dijo, que la pandemia ha sido un acelerador de la modernización de España es un desprecio al sufrimiento de los afectados y un insulto a las víctimas y a sus familias.

Y respecto al presunto cumplimiento del compromiso de que los españoles pagarían en 2021 la misma factura de la luz que en 2018, una primera trampa es que la última estadística de precios eléctricos en los países de la UE, a la que se refería Sánchez, corresponde al primer semestre de 2021 cuando el precio de la electricidad era muy inferior al actual. Al tiempo que cuando habla de un recibo medio anual de 613 euros está descontando el impacto de la inflación, lo que anula gran parte de la subida que si se añade elevaría el coste real a 640 euros, 32 euros más que hace tres años.

Con todo esto y conociendo sus antecedentes y el valor de su palabra Sánchez se atrevía a pedir a la oposición "respeto, sentido de Estado y buena educación". Como dice el refranero, dime de qué presumes y te diré de qué careces.

Por cierto, que hablando de sentido del Estado, no se entiende el rechazo frontal de Pablo Casado y el PP a apoyar el sucedáneo de contrarreforma laboral que, como ha reconocido públicamente el presidente de la Xunta de Galicia Alberto Núñez Feijóo, no supone "de facto una derogación" de la reforma de Rajoy, sino simplemente "modificaciones en algunos párrafos", por lo que se muestra partidario de valorar la abstención en el Parlamento si la norma se tramita como proyecto de ley.

Un Casado que también parece fuera de la realidad si, como se desprende de su discurso de balance cree que el haber conseguido ir por delante en las encuestas de intención de voto es, de verdad, mérito suyo y no de Isabel Díaz Ayuso con la inestimable colaboración de los deméritos de Sánchez. ¡País!

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