Opinión

¿Es posible un Bitcoin estable y predecible?

Muchas dudas aún ofrece el Bitcoin como medio de pago.

En este mismo mes, el Gobierno de El Salvador se convirtió en el primero del mundo en reconocer al Bitcoin como moneda de curso legal. Esto significa que ahora puede utilizarse para realizar pagos y saldar deudas, si las empresas disponen de tecnología para manejarlo. Es importante destacar que una de las implicaciones de este cambio legal es que si los acreedores no aceptan la liquidación de deudas en Bitcoin, entonces esa deuda se cancela.

Cabe mencionar que El Salvador está totalmente dolarizado desde 2001, es decir, no tiene moneda propia, sino que depende totalmente del dólar estadounidense. La reciente ley significa que el Bitcoin operará ahora junto a la divisa estadounidense.

¿Pero qué significa esto en la práctica? ¿Puede realmente el Bitcoin superar al dólar en popularidad y convertir a El Salvador en el primer Estado que opera enteramente con una moneda privada?

El dinero tiene tres funciones: es una unidad de cuenta, un medio de intercambio y un depósito de valor. Para que un artículo se considere dinero, debe cumplir las tres funciones. El Bitcoin se negocia en los mercados internacionales, lo que lo convierte en una medida de valor común, o unidad de cuenta, para bienes y servicios. Y como moneda de curso legal en El Salvador, el Bitcoin debe ser aceptado a nivel nacional para el pago de bienes y servicios, lo que lo convierte en un medio de cambio válido.

Pero es la tercera de estas funciones, la de almacenar valor, la que es crucial para conseguir un dinero "bueno" y "popular". Un valor estable y predecible es lo que hace que el dinero sea aceptable y ampliamente utilizado. Para entender la capacidad de las criptomonedas para ser un buen almacén de valor, debemos diferenciar entre el Bitcoin como activo y el Bitcoin como medio de pago.

El valor del Bitcoin medido en dólares ha aumentado mucho desde 2014. Si usted hubiera invertido en Bitcoin antes de 2020, tendría hoy un activo que se ha apreciado muy por encima de lo que usted pagó entonces. Por lo tanto, visto como una inversión, el Bitcoin habría sido una buena opción. Sin embargo, a partir de 2020, no es así y el momento en que se hace la inversión importa mucho. Por lo tanto, como activo, el Bitcoin no es diferente a cualquier otra clase de activos. La evaluación de la volatilidad, el momento y el horizonte en el que se invierte son factores que determinarán si cualquier inversión es rentable.

Examinemos ahora la capacidad de la criptodivisa para almacenar valor y actuar como medio de pago.

Por ejemplo, el 4 de julio de 2021, el valor del Bitcoin en relación con el dólar estadounidense se redujo un 12% en comparación con su valor un mes antes. El 4 de agosto de 2021 se recuperó en un 8%, no todo el valor que había perdido el mes anterior. Si uno hubiera optado por tener su salario denominado en Bitcoins, como de hecho pueden hacer los salvadoreños a partir de ahora, entonces dos cosas habrían ocurrido. Primero, que el valor de su paga mensual habría fluctuado entre el 180% y el -65% desde 2014 y segundo, que esa fluctuación habría sido muy volátil a lo largo de este periodo de 6 años.

Todo esto es relevante si los precios en El Salvador siguen estando denominados en dólares, por lo que la conversión entre ambos sigue siendo diaria. El país está totalmente dolarizado desde hace 20 años y, al menos por el momento, dos tercios de los salvadoreños no son partidarios de utilizar el Bitcoin. Además, dado que el país tiene un déficit comercial persistente con su principal socio comercial (Estados Unidos), seguirá necesitando dólares para financiar ese comercio. Es difícil, por tanto, ver cómo va a disminuir el uso del dólar.

Sin embargo, hay un área en la que el Bitcoin puede marcar la diferencia: facilitar las remesas. Los salvadoreños en el exterior envían cada año el equivalente al 20% del PIB en remesas, normalmente a través de servicios como Western Union. Si el Bitcoin se pone de moda, podría inducir una considerable reducción de los costes de las remesas, que ascienden a 400 millones de dólares al año según algunas estimaciones.

Hay muchas otras cuestiones que están siendo muy debatidas, desde la motivación que hay detrás de este experimento, pasando por cuestiones de protección de datos en el diseño de los monederos electrónicos, hasta las intenciones políticas de este movimiento. Todos estos factores influyen en la confianza y, en última instancia, para que una moneda se haga popular es necesario que se confíe en que su valor se gestionará para garantizar que se mantenga estable y predecible. Por el momento, no se dan las condiciones para que esto ocurra.

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