Opinión

¿Nos ponemos las pilas?

El coche eléctrico, una oportunidad industrial para nuestro país

Hace tres años Teresa Ribera, ministra para la Transición Ecológica en aquel momento y actual Vicepresidenta Tercera del Gobierno de España, manifestaba que el diésel tenía los días contados. Un mensaje que aunque generó y sigue generando rechazo, se reforzaba con el establecimiento por parte de varios países y ciudades de fechas para la prohibición de la venta de vehículos diésel y gasolina y con el Pacto Verde Europeo en 2019 que fijaba dicha fecha en 2035.

Pero ha sido el pasado 14 de julio, con la aprobación del paquete climático "FIT for 55", donde por primera vez la Comisión Europea plantea como medida vinculante que en dicho año se dejen de vender turismos y furgonetas de combustión permitiendo solo los eléctricos puros y de hidrógeno.

Y es que los objetivos a alcanzar los conocemos desde hace ya tiempo. A nivel europeo y con ello a nivel nacional, tenemos fijado el objetivo para 2050 de ser climáticamente neutros y alcanzar un 90% de reducción de emisiones generadas por el transporte. Para ello, tenemos como objetivo intermedio alcanzar una reducción del 55% de emisiones de CO2 en 2030, lo que para España supondrá tener 5 millones de vehículos libres de emisiones, un punto de recarga cada 60 km y un surtidor de recarga de hidrógeno cada 150 kilómetros. Y en dos años, en 2023, deberemos tener más de 250.000 vehi?culos ele?ctricos matriculados y entre 80.000 y 110.000 puntos de recarga desplegados. Sin embargo, en todos estos indicadores, estamos a la cola en comparación con el resto de países europeos. Lo que evidencia que aún existen barreras para el desarrollo del vehículo eléctrico en España.

El pasado 13 de julio, se aprobaba el primer Proyecto Estratégico para la Recuperación y Transformación Económica (PERTE), destinado en este caso al desarrollo del Vehículo Eléctrico y Conectado (PERTE VEC).

Con una previsión de inversio?n total en el periodo 2021-2023 de ma?s de 24.000 millones de euros, el PERTE VEC supone una gran oportunidad para acelerar la consecución de los objetivos mencionados. Pero debemos tener presentes al menos varios puntos clave.

El primero, que para aprovechar la financiación pública que se estima en 4.295 millones de euros, las organizaciones/proyectos que opten a dichas ayudas han de tener la capacidad para aportar la inversión restante, un total de 19.714 millones de euros y justificar tanto la inversión total como los resultados y objetivos alcanzados, ya que de lo contrario corremos el riesgo de que las cantidades asignadas tengan que devolverse y no las aprovechemos en un momento en el que cada ayuda cuenta.

También es clave, el apoyo de la administración que permita la agilización en los trámites y cumplimiento de plazos y requisitos establecidos por Europa. Y aunque estaremos atentos a la aplicación del Real Decreto-ley 36/2020, como ejemplo, también el 14 de julio se cumplía el plazo para la activación de las ayudas MOVES III para la compra de vehículos eléctricos e instalación de puntos de recarga, dotado con 800 millones e incluido en el PERTE VEC, y sólo siete comunidades autónomas las convocaban en plazo.

Y al mismo tiempo es clave posicionar al usuario en el centro de la movilidad si queremos que exista un verdadero cambio, tal y como se recoge en el white paper "Posicionando al usuario en el centro de la movilidad eléctrica". Establecer ayudas directas al usuario, mejorar su experiencia en el momento de la recarga y garantizar la interoperabilidad al igual que ya existe en Europa, minimizaría la incertidumbre actual que hace de freno a la hora de dar el salto a la movilidad eléctrica.

Es el momento de ser conscientes de que tenemos la oportunidad de posicionarnos en un sector en plena revolución tecnológica y conceptual y sobre el que actuando también conseguiremos reducir en gran medida el impacto ambiental. Hemos de ser conscientes de que formamos parte de un todo, y que cada vez más ante muchas decisiones, no podemos más que adaptarnos. Porque ya decía Darwin que no sobrevive el más fuerte, sino el que mejor, y añadiría que también más rápido, se adapta al cambio.

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