Opinión

Mejorando, pero expectantes

Brotes verdes, también en la recuperación económica española

Pues, nada, que ya era hora de que pudiéramos oír noticias reconfortantes que nos alegraran un poco la vida y nos insuflaran aires optimistas, de los que andábamos faltos durante tantos meses. No hay nada nuevo bajo el sol que no palpáramos e intuyéramos pisando las calles, eso sí, con cuidado por las de Barcelona que los ladrones de relojes atacan con fuerza y eso resta atractivo turístico a una ciudad necesitada de visitantes. Sería bueno que las autoridades locales comprendieran que la delincuencia supone un impedimento para que Barcelona reactive su tirón turístico.

Vayamos a lo nuestro. Si lo dice el Banco de España, credibilidad a raudales por más que luego se alcen voces iconoclastas o acaso negacionistas para llevar la contraria. Y el Banco de España prevé una mejoría en nuestra situación económica para 2021, esencialmente porque se advierte más empuje y el segundo semestre tendrá más fuerza que en el primero que de hecho ha sido desde el 9 de mayo cuando el sesgo ha empezado a variar. El empleo se va reactivando, la mayor movilidad implica retomar algo de normalidad

Remontamos el vuelo económico, sí, más o menos gallináceo porque después del derrumbe económico de 2020 costará lo suyo, y mucho tiempo, volver a volar a vista de pájaro. Quedémonos con lo bueno: se acelera la actividad en el corto plazo, mejora la situación de la pandemia, el consumo se anima, el turismo puede recobrar ímpetu esta temporada veraniega, las expectativas empresariales se fortalecen a corto y medio plazo, y luego ya llegará el dinero de Europa.

Por tanto, mejora de las perspectivas para 2021 e inflación atemperada, con parte del ahorro embalsado estos meses que podría desaguar en afanes consumistas. Por el momento, la financiación de hogares y empresas se encuentra en niveles y costes aceptables, aunque la selección de préstamos se endurece.

Y crucial para nuestra economía es el descenso de la incidencia acumulada de la pandemia y que apunta a factible que a finales de agosto el 70% de la población esté vacunada en nuestro país.

Así que si las cosas van de cara el PIB podría crecer el 6,2% este año. Y si 2021 enfila ese camino favorable, entonces para 2022, con el Banco Central Europeo manteniendo su política monetaria expansiva, la llegada de los fondos europeos, los mercados exteriores recuperándose, mayor movilidad, un entorno global más pacífico y animoso, el PIB avanzaría sobre el 5,8%, aunque después, en 2023, se moderaría al 1,8%.

Ahora bien, todo eso dicho sea con las cautelas de recibo porque las incertidumbres sobre las previsiones económicas todavía son elevadas en función de cómo evolucione la crisis sanitaria. No obstante, el paro en 2021 rondará el 15,6%, el déficit público sobre el -8,2%, dependiendo de las medidas que se adopten tales como las ayudas directas y la extensión de los ERTE, y la deuda pública por encima del 120% del PIB.

El capítulo de las incertidumbres es amplio tanto en el marco económico como en el sanitario. En este último depende de cómo evolucione la pandemia, las medidas de contención, el grado de inmunización atendiendo al ritmo de vacunación y la amenaza de lo que algunos expertos consideran la quinta ola que llegaría a partir de las próximas semanas.

En el plano estrictamente económico muchas consideraciones: desde la política fiscal de Estados Unidos, las condiciones de financiación a nivel internacional, la política fiscal que se implemente en España, la efectividad del dinero europeo, los temores que perduran sobre las consecuencias del Brexit y hasta la hoja de ruta del G-7 con un deje de conflictividad hacia China. En el orden interno, las cosas dependen de que cristalice la animosidad del consumo privado y parte del ahorro forzoso fluya, que el turismo responda y que el sector exterior vuelva por sus fueros.

Como incertidumbres más destacadas a medio plazo el Banco de España pone el acento en la velocidad de disposición de los fondos europeos y su efecto multiplicador sobre la actividad, los efectos persistentes de la crisis sobre el crecimiento potencial en función del panorama del mercado laboral y la destrucción de tejido productivo y en un extremo clave: que se favorezca la reasignación de recursos e impulse la transformación estructural de nuestra economía.

comentarios0WhatsAppWhatsAppFacebookFacebookTwitterTwitterLinkedinlinkedin