Opinión

Exigente adaptación a la transición ecológica

Las dificultades que deben encararse para superar el gran desafío de nuestro tiempo

En la UE, el apoyo a la lucha contra el cambio climático es muy fuerte. Según una encuesta reciente, casi todos los ciudadanos (93%) consideran que es un problema grave, y el 79% lo considera muy grave. Los europeos quieren que sus Gobiernos hagan más para pasar a una energía más limpia. Un asombroso 92% -y más de ocho de cada diez personas en cada país de la UE- está de acuerdo con los objetivos del Acuerdo Verde Europeo.

Con el Green Deal, que es sin duda la iniciativa más ambiciosa de este tipo a nivel mundial, la neutralidad climática se alcanzaría en 2050. Para lograrlo es necesario reducir al máximo las emisiones de gases de efecto invernadero y eliminar las que queden de forma natural o incluso mecánica. Este objetivo requiere el esfuerzo de todos.

En cuanto a las medidas internas de arriba abajo para llegar a la meta, la UE tiene previsto acelerar su reducción de emisiones y dedicar una gran parte del dinero de la recuperación económica tras el coronavirus a los objetivos del Pacto Verde. Pero la mitigación del cambio climático requiere fundamentalmente la cooperación mundial. Los reguladores y los mercados tienen que trabajar juntos para fijar el precio del carbono, financiar las inversiones verdes y eliminar gradualmente los activos más sucios. Y todo ello debe hacerse garantizando que esta transición sea justa, tanto entre los países como dentro de ellos, de modo que la carga del ajuste no recaiga sólo en unos pocos, sino que sea proporcional a los medios de todos.

El gran impulso de la sostenibilidad generará, sin duda, incentivos para que consumidores e inversores adopten comportamientos más ecológicos. Pero, ¿es eso suficiente? ¿Pueden los incentivos de precios ser suficientes para generar cambios de comportamiento? ¿Necesitamos cambios drásticos en nuestro estilo de vida para poder cumplir nuestras ambiciones en 2050?

De hecho, en la misma encuesta en la que se constató el apoyo a la acción climática, casi todos los encuestados (93%) afirmaron que apreciaban la necesidad de ajustar los estilos de vida y que ya habían "tomado al menos una medida específica para luchar contra el cambio climático". Este ajuste se produjo sobre todo en forma de reciclaje o de reducción del consumo de artículos desechables. Pero, ¿puede el reciclaje de plástico o la eliminación del uso de pajitas ser la base de la adaptación de nuestros estilos de vida?

Los esfuerzos para promover el necesario cambio de estilo de vida en EEUU, la UE, Canadá y Australia se han centrado hasta ahora en acciones que consiguen un ahorro de emisiones más bien mínimo en términos de huella de carbono individual. Cosas como mejorar las bombillas o reciclar, que tienen un impacto relativamente bajo. Las acciones de alto impacto requieren cambios de comportamiento mucho más sustanciales.

El mayor impacto, con diferencia, por un factor de casi 30 en comparación con el segundo más alto, se puede conseguir, paradójicamente, teniendo menos hijos. De hecho, el mundo desarrollado puede estar envejeciendo, pero según el Pew Research Center, la población mundial seguirá creciendo hasta finales de siglo. China acaba de introducir una política de tercer hijo para hacer frente a su problema de envejecimiento y hay quien asegura que tendrá consecuencias sobre el clima.

Reducir el uso de los coches, o al menos cambiar a coches energéticamente eficientes, puede suponer una diferencia tangible. La acción más impactante después de tener menos hijos es abandonar los coches por completo. Conseguirlo a una escala significativa requiere replantear las infraestructuras, desde las redes de transporte público hasta cómo y dónde construir las zonas residenciales. No es una tarea fácil. Pero cualquier política que fomente el cambio a coches más eficientes o eléctricos puede suponer un ahorro de emisiones tangible. Y lo que es más importante, un cambio gradual puede ayudar a los individuos a adaptar su estilo de vida.

Otras acciones que ofrecen grandes beneficios en términos de reducción de la huella de carbono personal son evitar los vuelos de larga distancia, comprar energía verde y cambiar a una dieta basada en plantas. No todas son tan fáciles de incentivar ni requieren el mismo esfuerzo en términos de cambio de estilo de vida. Pensemos en la dieta. En Europa, el 10% de la población se considera vegetariana. Pero también vemos que el 50% de los consumidores europeos están reduciendo activamente su consumo de carne, aunque hay que reconocer que también por razones de salud. ¿Puede el cambio de dieta hacerse a escala suficiente para impulsar la sostenibilidad necesaria?

En la categoría de impacto medio se encuentra el reciclaje, una acción muy popular y ampliamente aplicada. Pero también son de impacto medio acciones como lavar la ropa con agua más fría y secar la ropa al aire. Si tienes una familia y vives en un país del norte de Europa, eso supondría un cambio de estilo de vida muy radical.

¿Hasta qué punto estamos dispuestos no sólo a responder a los incentivos de precio que ofrece el gobierno, sino también a cambiar radicalmente nuestro estilo de vida en cualquiera de las formas mencionadas, para afrontar el reto más grave que tenemos por delante?

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