Opinión

Crecer como un tigre asiático

El tigre simboliza una estrategia de crecimiento económico por la que aboga el autor

Casi todas las economías mundiales van a salir de la actual crisis con un elevado nivel de endeudamiento público. ¿Constituye este hecho un problema? ¿Cómo puede irse resolviendo?

El valor actual de la deuda pública (bonos, por simplificar) refleja las expectativas de que esa deuda llegue a pagarse en el futuro; un Estado será capaz de pagar sus deudas si consigue generar los suficientes excedentes presupuestarios (ingresos menos gastos) en el futuro. Los economistas Christoper Sims, premio Nobel 2011, y John Cochrane, Universidad de Stanford, propugnan usar la sencilla fórmula:

(B/P) = sumatorio de Ei

B representa el valor nominal de los bonos (por ejemplo, mil dólares), P es el nivel de precios; el cociente B/P refleja, pues, el valor real de esos bonos. Los Ei son los excedentes primarios (antes del pago de intereses) que se esperan en los presupuestos futuros, traducidos a valor presente mediante el tipo de interés. El valor real de la deuda pública (la izquierda de la ecuación) refleja las expectativas sobre la capacidad de pago del Estado (la derecha).

La fórmula tiene ciertas limitaciones: considera solo una generación de bonos, presupone una política monetaria de acompañamiento y requiere cierta modificación para ser aplicada a la deuda en moneda extranjera o en euros. Pese a ello, pone perfectamente de relieve dos aspectos que me parecen cruciales en la hora actual. En primer lugar, en cuanto surgen dudas respecto a la capacidad de pago del Estado, el valor de los bonos se derrumba. El derrumbamiento puede producirse mediante una disminución del valor nominal B (los ceses de pagos, Argentina 2001; las quitas, Grecia 2015; las bancarrotas, Felipe II, 1557), pero lo más frecuente es que la reducción del valor real (B/P) se produzca como consecuencia, no de la caída de B, sino del aumento del nivel de precios del denominador, P.

Me parece claro que la crisis actual se resolverá en alguna medida mediante un incremento del nivel mundial de precios. De hecho, ya lo estamos viviendo: sube el mineral de hierro, faltan microprocesadores para los automóviles, contenedores para el transporte, suben los fletes, etc. A cada uno de esos fenómenos puede atribuírsele una causa concreta, pero lo más probable es que tras ellos subyazca un renacer de la inflación mundial.

El que ese recrudecimiento de la inflación sea más o menos fuerte dependerá de la confianza del público en la capacidad de los Estados para lograr excedentes en el futuro. Una forma de generar excedentes consiste en aumentar los impuestos y reducir el gasto, las llamadas políticas de austeridad. Y aquí viene la segunda consideración: esa austeridad puede ser útil o contraproducente. Si Carlos I hubiera sido austero y hubiera limitado sus gastos militares, su hijo, al que no faltaban ingresos fiscales, no hubiera necesitado declarar bancarrota al llegar al poder. Pero en situaciones de crisis grave, la austeridad puede ser contraproducente al coadyuvar al hundimiento de la economía. Si la austeridad agrava fuertemente la crisis, los ingresos disminuyen, los gastos aumentan y el Estado no obtiene los excedentes deseados. Esa fue la experiencia de muchos países de la zona euro durante el interminable periodo de austeridad fiscal que siguió a la crisis de 2008. Una estrategia alternativa consiste en generar un máximo de crecimiento económico, que tiende a acelerar los ingresos, a contener las prestaciones de desempleo y las subvenciones y, por esa triple vía, a generar excedentes. Cochrane, que tiene una visión de altura pues es experto piloto de planeadores, ofrecía a una Grecia en eterna depresión la siguiente receta alternativa: seguir en el euro, abrir completamente su sistema bancario, realizar reformas del lado de la oferta, abrir (mercados) como loca y crecer como un tigre asiático.

Me parece importante resaltar que la aceleración del crecimiento económico potencial es un objetivo prioritario en la situación actual al que no siempre se presta adecuada atención. En España se propugnan algunas medidas –vuelta al control de alquileres, marcha atrás en la reforma laboral, nuevas trabas a la enseñanza en el idioma nacional, obstáculos a ciertas transacciones financieras y a los planes de pensiones– claramente contrarias al crecimiento a largo plazo. En Europa, el Plan UE Nueva Generación propugna, cierto, el crecimiento económico, pero en su generosidad no olvida arroparlo con la transición digital, la climática, los nuevos impuestos e incluso… ¡la PAC! También la OCDE y el FMI están poniendo de relieve esa necesidad de crecimiento, pero sus recomendaciones se encuentran tan envueltas en loables menciones a otros objetivos (crecimiento inclusivo, sostenible, igualador de géneros, reductor de desigualdades, etc.) que a veces se pierde el mensaje fundamental.

Son formulaciones muy correctas, pero prefiero la de crecer como un tigre asiático.

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