Opinión

Asalto a la democracia en América

Para el autor, el presidente Donald Trump debería dimitir ya.

"Y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no desaparecerá de la Tierra." Así concluyó Abraham Lincoln su famoso discurso de Gettysburg en 1863. Ayer, una horda de trumpistas asaltó el Capitolio, la sede del Congreso de los Estados Unidos. Lincoln es el fundador del "Grand Old Party", el partido republicano, y también el presidente que mantuvo la Unidad de los Estados Unidos frente a la secesión de los estados sudistas. El miércoles pasado, los partidarios del último presidente republicano tomaban el Capitolio al asalto.

Merece la pena recordar algunos hechos. Efectivamente, los norteamericanos no eligen directamente al presidente de los Estados Unidos sino a 538 miembros del Colegio Electoral que son quienes eligen al presidente y al vicepresidente. En función de la población de cada Estado se determinan el número de compromisarios que lo representan en este órgano. Casi todos los Estados funcionan por el sistema de que el ganador se lleva todos los compromisarios. Precisamente por ese hecho, hace cuatro años Trump perdió las elecciones en voto popular, pero tuvo una clara mayoría en el Colegio Electoral. Esta mayoría la obtuvo Trump al ganar por menos del 1% en Florida, Wisconsin, Ohio, Michigan y Pensilvania.

Toda la argumentación de Trump lleva siendo vergonzosa desde la misma noche electoral

Entonces, como el miércoles, también se reunieron en sesión conjunta el Senado y la Cámara de Representantes para certificar los resultados del Colegio Electoral. Esto no deja de ser una formalidad. Y en cualquier democracia son los jueces los que resuelven las reclamaciones electorales. En estas pasadas elecciones norteamericanas, de hecho, se han resuelto, desestimándolas, centenares de reclamaciones de Donald Trump y su equipo en las que se cuestionaban los resultados electorales. Todos los jueces sin excepción han rechazado las reclamaciones de Trump, incluyendo aquí al Tribunal Supremo en el que Trump ha nombrado tres de los nueve jueces.

Toda la argumentación de Trump lleva siendo vergonzosa desde la misma noche electoral, como ya venimos contando en elEconomista desde hace meses. Y de esos polvos vienen estos lodos. No se puede admitir que los resultados "falsos" y "manipulados" son exclusivamente los que no le gustan al presidente saliente. Por ejemplo, Trump ganó por menos del 1% en Carolina del Norte y perdió por un porcentaje similar en Wisconsin. Pero, por supuesto, los resultados "falsos" son solo los de Wisconsin. Como también le hacía falta ganar en Michigan, ahí también los resultados debieron haber sido manipulados, aunque sólo fuese porque Trump ahí también ganó por los pelos hace cuatro años. Pero, en cualquier caso, si se quiere cuestionar un resultado hay que aportar pruebas y no limitarse a dar discursos incendiarios, y mucho menos intentar presionar a las autoridades de los distintos Estados para que "encuentren los votos" que Trump "necesitaba" para ganar.

Una vez los norteamericanos han votado, eligiendo un Colegio Electoral, y ese Colegio se ha reunido y elegido presidente y vicepresidente, sólo cabe una actitud democrática, aceptar el resultado. El Congreso de los Estados Unidos, es decir el Senado y la Cámara de Representantes, no pueden suplantar la voluntad de los votantes y elegir a otro presidente. Esto no solo es antidemocrático, sino que supone, lisa y llanamente, alterar por completo la Constitución norteamericana por cauces distintos a los previstos en la propia Constitución. Y ésa es precisamente la definición de golpe de Estado que daba el gran jurista Hans Kelsen.

Por esta razón, y siendo muy suaves, no se entiende el voto en contra de algunos senadores y representantes a los resultados electorales en algunos Estados. Esto viene a decir que lo que votan los ciudadanos de Georgia o Arizona sólo son válidos si votan lo que a mí me gusta. Y los representantes o senadores no son jueces y tienen que respetar que los jueces han determinado un resultado válido. Pero, por encima de todo, lo primero que se le pide a cualquier representante electo es que respete la voluntad de los electores, la voluntad mayoritaria del pueblo, aunque no le guste. Que esto se haya hecho después de que se haya asaltado violentamente la sede del Congreso, el Capitolio, precisamente con ese objetivo es... le dejo la calificación al lector.

Los hechos no deberían quedar sin castigo ya que ponen en riesgo el modelo Occidental

Trump no ha aceptado su derrota pese a haber obtenido 7 millones de votos menos que Biden. Además, el todavía presidente había llamado a la movilización frente al Congreso. La movilización y posterior asalto impidió durante unas horas la certificación de los votos del Colegio Electoral. Evidentemente, como saben todos los lectores, el intento de golpe fracasó. Este tipo de intentonas reciben varios nombres en español: golpe, asonada, pronunciamiento... Irónicamente en inglés, el término se tiene que traducir del francés: "coup d'État" porque en Gran Bretaña y Estados Unidos esto no tiene precedente desde la época de Oliver Cromwell.

Cuando hace unos días todos los ex secretarios de Defensa vivos de los Estados Unidos advertían públicamente sobre el riesgo de utilizar la violencia, o incluso, las fuerzas militares para retrasar o impedir la alternancia en el poder pensé que exageraban. La realidad es que, desgraciadamente, no estaban nada desencaminados. El pasado miércoles fue un día bochornoso en la historia de la democracia norteamericana. Toda esta actuación no debería quedar sin castigo por muchas razones, entre ellas que ha ocasionado cuatro muertos y decenas de heridos. Además, tristemente, crea un precedente gravísimo que pone en riesgo no sólo la democracia norteamericana, sino el modelo occidental y el traspaso pacífico y ordenado del Poder.

Y sin entrar en otras consideraciones, Trump debería dimitir, o ser destituido de acuerdo con la enmienda XXV de la Constitución de los Estados Unidos. Creo que esperar hasta el 20 de enero no es una buena idea. Cada día que pasa Trump en la Casa Blanca es un peligro para él mismo y también para Estados Unidos, como se ha demostrado.

Días complicados con los que empieza este año. Feliz 2021 y que les sea mejor que este 2020 de sombra y dolor que dejamos atrás.

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