
Google ha hecho, en los últimos años, un uso sistemático de las técnicas de ingeniería fiscal que permiten vaciar de actividad real a sus filiales y transferir sus ingresos a territorios de baja tributación.
En concreto, Bermudas fue el destino para 34.000 millones acumulados por la multinacional, en concepto de beneficios, entre 2016 y 2018. Se trata de una práctica legal que las autoridades de la UE no podrán combatir mientras carezca de armonización del Impuesto de Sociedades.
Sin embargo, los Estados tienen pleno derecho a reclamar que toda actividad que se desarrolle en su territorio tribute allí. Google da así un primer paso al anunciar que ya no gestionará sus licencias por propiedad intelectual desde Bermudas. Es una tendencia que debe continuar.