Opinión

¿Puede una fusión redefinir la función de la banca en la sociedad?

Las concentraciones suponen una oportunidad para que el sector cambie su rol en la sociedad

Estamos en una etapa de crisis, cambios, retos y esfuerzos. Una etapa en la que las compañías de este país, y del resto del mundo, han demostrado su compromiso a la vez que responsabilidad como agentes sociales activos y determinantes en la construcción de un nuevo futuro, hoy todavía incierto. Dentro de este contexto económico y social, la banca española durante esta crisis ha tenido la oportunidad de reconectar con la sociedad, de acercarse a ella y apoyar en aquellos momentos más difíciles para muchos, logrando sanar, parcialmente, la herida de resquemor y desconfianza que se generó en la anterior crisis económica.

En esto contexto, vemos como el sector afronta una nueva etapa de concentración bancaria, donde las fusiones en banca parecen o se presentan como algo inevitable y siguiendo la estela y tendencia de los últimos 12 años en los que hemos pasado en España de 62 a 10 bancos.

Comienzan este camino CaixaBank y Bankia, de dos grandes gigantes financieros cuya fusión levanta ríos de tinta por el impacto económico y social que puede tener en nuestro país. Más allá de los beneficios financieros y la lógica en términos de eficiencias operativas, hay otras dimensiones que deberán ser entendidas y gestionadas en este proceso. Desde la percepción, no solo de los clientes sino de toda la sociedad, ante la sombra del oligopolio, a la inquietud de los miles de empleados de ambas entidades frente a lo que les deparará el futuro. Una situación de incertidumbre que, sin embargo, ofrece a la vez y como suele ser habitual, una gran oportunidad.

Este proceso puede afrontarse desde una mirada limpia hacia el mañana en el que, más allá de la parte financiera u operativa, se mire hacia adelante dejando atrás aquello que no aporte valor o que haya que justificar. Es una gran oportunidad para romper esquemas tradicionales, repensar el rol y relación del sector respecto a la sociedad y que esto no sea solo una "simple" fusión, sino el nacimiento de una nueva banca con un propósito firme, sólido, creíble y sobre todo, real.

Al final, lo realmente importante en esta fusión es el significado y razón de ser del resultado, la filosofía y valores que abandere. El compromiso y contribución que adquiera la nueva entidad respecto, no solo a sus clientes, sino a toda la sociedad. Y todo esto se conjuga, define y defiende desde el propósito corporativo. Definir y activar este propósito es la tarea de importancia estratégica e ilusionante que tiene por delante la nueva Caixabank, y todos los "nuevos" bancos que están por venir.

Porque la definición de un propósito corporativo que vincule los objetivos de negocio con un impacto social, ético y medioambiental se ha convertido en una prioridad para los directivos de todo el mundo. Los líderes corporativos más avanzados entienden el propósito corporativo como un elemento estratégico de gestión, transformación, innovación y liderazgo, que tiene que estar presente en el día a día del negocio de las organizaciones, formando parte tanto de su cultura como del proceso de toma de decisiones y principios de actuación (negocio responsable).

Este enfoque no solo facilitaría conectar de forma más profunda con clientes y no clientes, sino que se convertiría en un motor de alineación para toda la organización bajo una cultura común y compartida de la que todos los empleados puedan sentirse orgullosos. Y más si pensamos que uno de los factores principales en el fracaso de las fusiones suele ser la desalineación de culturas corporativas, con el lógico impacto negativo que esto genera en la operativa en el corto plazo y competitividad en el largo.

Por eso, en este contexto el propósito puede convertirse en esa «fuerza motivadora y transformadora» que enmarca todo lo que hacemos y que inspira a la acción. Un filtro para las decisiones, la comunicación y las acciones, generando un comportamiento y una narrativa auténticos, coherentes e íntegros en todos los niveles. Porque el propósito corporativo, va más allá de las palabras y guía los comportamientos, influye en la estrategia, trasciende a los líderes y perdura en el tiempo, constituyéndose como elemento de diferenciación respecto a los competidores y como la plataforma de conexión con los grupos de interés.

Hoy existe la oportunidad de convertir miedo en ilusión, de transformar pasado en futuro, y de fortalecer la responsabilidad y compromiso bajo una mirada y enfoque empresarial con un propósito fuerte, acorde al cambio que estamos viviendo y nos queda por venir.

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