Opinión

Los mercados que necesitamos

Peligrosa desconoexión entre los mercados financieros y la economía real

Desde los mínimos de marzo, las bolsas y los mercados de renta fija de crédito se han recuperado del crack provocado por el Covid-19 a un ritmo nunca visto. La recuperación en forma de "V" es ya un hecho. Pero cuando se examina la rapidez de la remontada, es fácil entender que existe una importante desconexión entre los mercados financieros y la economía real.

¿Y por qué? Esta recuperación exprés se debe en gran parte a la confianza ciega de los inversores en que la Reserva Federal estadounidense y el Banco Central Europeo harán todo lo necesario para situar los tipos de interés en el nivel que ayude a las bolsas a recuperar una senda alcista. Lo hacen porque consideran los mercados financieros como un servicio esencial.

A su entender, los mercados son "necesarios" porque de ellos depende la viabilidad de enormes sistemas de pensiones. También se "necesitan" rentabilidades positivas para alentar al creciente número de futuros jubilados a mantener sus actuales aportaciones complementarias. Por otro lado, los directivos de muchas empresas cotizadas "necesitan" un buen comportamiento de sus acciones en bolsa para garantizarse su bonus. Y en el ámbito de las percepciones, muchos políticos "necesitan" ver las bolsas al alza porque saben que los medios de comunicación –y, con ellos, la opinión pública—, creen que la evolución de los mercados refleja la buena o la mala marcha de la economía.

Desconexión entre los mercados financieros y la economía real

Esta concatenación de "necesidades" auspiciadas por los bancos centrales y las nuevas políticas fiscales tiene un efecto indeseable: se proporciona financiación y acceso a los mercados de deuda a empresas y sectores deficitarios, fomentando la existencia de compañías "zombis" en las que el coste de la deuda es superior a su EBITDA, poniendo en riesgo la recuperación de la economía real.

Y con todo ello, nos vamos alejando del objetivo básico que sustenta la existencia de los mercados financieros: proporcionar un espacio que conecta a los ahorradores (inversores) con los creadores de riqueza (empresas) que necesitan capital para sus proyectos. En su lugar, ahora muchos piensan en los mercados como un mecanismo para obtener la rentabilidad que se "necesita".

Todo ello implica un cambio sutil pero fundamental: nos arriesgamos a orientar el capital hacia proyectos menos necesarios pero que garanticen el retorno esperado, en detrimento de proyectos que realmente necesitamos como sociedad.

En otras palabras: ¿cómo vamos a apostar por iniciativas indispensables para nuestro futuro como el Pacto Verde Europeo o el Green New Deal estadounidense si las políticas monetarias favorecen la supervivencia artificial de proyectos innecesarios que otorgan mayor rentabilidad?

En España, a medida que pasan los días, se va conociendo el destino de algunos de los fondos europeos que vamos a recibir, ya sea en forma de créditos o de ayudas directas. Por el momento, sabemos que España recibirá unos 21.000 millones de euros del fondo SURE para financiar los ERTE en forma de crédito a 15 años. Por otro lado, se conoce el nombre de dos de las primeras empresas que han solicitado su rescate al fondo de rescate de empresas estratégicas, dotado con 10.000 millones, Air Europa y Duró Felguera. Dado que las empresas que se acojan a este fondo no podrán abonar dividendos ni pagar primas ni retribución variable a sus consejeros, veremos cuantas y de qué sectores acuden.

La política monetaria no puede mantener artificialmente la supervivencia de proyectos innecesarios

Existe margen todavía para que una parte significativa de los 140.000 millones del fondo de reconstrucción europea que negoció España se destinen a lo que se espera de ellos, modernización de estructuras productivas, cambios estructurales que doten de mayor robustez a la economía y nuevas iniciativas de largo plazo que efectivamente contribuyan a la recuperación post pandemia.

En caso contrario, si seguimos por esta senda y optamos por primar en el corto plazo las rentabilidades que "necesitamos" a costa de dejar de invertir en los proyectos de largo plazo, los esenciales, la "V" que hoy vemos en los mercados a la larga podría tornarse en una eterna "W". Así, el futuro que nos espera está cada vez más claro: nuestros hijos serán más pobres y el mundo que hereden será un lugar menos próspero.

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