Opinión

¿Es posible una sana competencia entre China y EEUU?

China es ahora más vulnerable ante una prolongación de la guerra comercial con EEUU

Casi no pasa un día sin que surjan más pruebas del incremento de tensiones económicas entre China y EEUU, las dos economías más grandes del mundo. El impacto inmediato de este creciente antagonismo será mayor para el país asiático, con el impulso que el desacople bilateral confiere a un proceso general de desglobalización que ya está en marcha. Y los efectos derrame negativos para una serie de países a los que denomino "economías con doble opción" pueden ser muy significativos.

Incluso desde un punto de vista puramente económico, cuesta imaginar una reducción duradera de las tensiones chinoestadounidenses en el futuro cercano. Y eso sin tener en cuenta las cuestiones de seguridad nacional, por no hablar de tecnología y derechos humanos.

Las derivaciones económicas y financieras de la COVID?19 llevan a tres sectores de la economía estadounidense a un desacople simultáneo respecto de China. Nada indica que esta dinámica vaya a debilitarse en lo inmediato; antes bien, se dará un fenómeno de retroalimentación mutua en el que uno, más uno, más uno suma más de tres.

Para empezar, hace poco el gobierno de los Estados Unidos intensificó una larga guerra de reciprocidades, con la imposición de sanciones económicas y financieras bilaterales a China, medida que contó con respaldo bipartidario explícito del Congreso. Las acusaciones mutuas por la pandemia contribuyen a reforzar el endurecimiento de la postura estadounidense, que a todas luces continuará, pase lo que pase en la elección presidencial y legislativa de noviembre.

Otro motor del desacople será el sector corporativo estadounidense, en la medida en que cada vez más empresas locales buscarán aumentar la resiliencia a costa de la eficiencia. Esto supone un proceso de near shoring, reshoring o relocalización, que implica sacar de China las cadenas de suministro occidentales. Y es probable que algunas industrias (por ejemplo la farmacéutica y la tecnológica) reciban presiones oficiales en ese sentido (en EEUU y otros países).

No quiere decir esto que las multinacionales occidentales vayan a irse de China de un día para el otro, sino más bien que en general tratarán de adoptar un modelo de producción "en China para China". Pero esto reducirá su involucramiento en el país y las hará más vulnerables y menos capaces de influir en acontecimientos que las afectan.

También contribuirá al desacople la situación de los hogares estadounidenses. La probable lentitud de la recuperación tras la profunda recesión inducida por el coronavirus y el hecho de que la economía global se encuentra en una fase de alta desincronización permiten prever que una parte del incremento reciente del desempleo en EEUU será difícil de revertir en lo inmediato.

Este multifacético proceso de desacople creará condiciones económicas desfavorables tanto para EEUU como para China, pero es probable que el efecto sea asimétrico. En concreto, la vulnerabilidad de China es mayor, porque su impresionante proceso de desarrollo sigue dependiendo de la economía global. Lo que está en cuestión no es tanto el desempeño inmediato de China en materia de crecimiento (puesto que ya hay en marcha una recuperación en forma de V), sino que el desacople económico puede complicar la muy difícil transición china hacia la condición de país de ingresos medios, que en muchas otras economías ha resultado la etapa más compleja del proceso de desarrollo.

El desacople también le hará más costoso a China sostener algunos de sus últimos proyectos económicos internacionales, por ejemplo la emblemática iniciativa Belt and Road (un masivo programa de inversión transnacional en infraestructura) y el otorgamiento a gran escala de préstamos a numerosos países en desarrollo. En particular, al gobierno chino no le resultará tan fácil contrarrestar la narrativa según la cual muchas de estas alianzas son de naturaleza transaccional y unilateral, e insuficientemente estratégicas.

Finalmente, el aumento de las tensiones chinoestadounidenses puede tener importantes consecuencias para países como Australia y Singapur, que mantienen vínculos de igual solidez con EEUU en materia de seguridad nacional y con China en materia económica. Si bien hasta ahora el costo de esta doble opción estratégica no ha sido grande, todo indica que aumentará (un proceso que ya se está acelerando en el caso de la tecnología). Estos países tendrán que considerar la posibilidad de verse obligados a elegir entre las dos grandes potencias globales (algo para lo que, sospecho, no tienen voluntad ni están preparados). Pese a ser la cuestión de política exterior más importante a la que se enfrentan numerosos gobiernos, todavía no ha generado mucho debate.

Todos estos factores preanuncian un panorama macro y microeconómico extraordinariamente incierto, cada vez más vulnerable a errores de formulación de políticas y sacudidas en los mercados. El mejor resultado para todos sería lo que el ex director ejecutivo de Google Eric Schmidt denomina una "sociedad de rivales" entre Estados Unidos y China, en la que una sana competencia no impida la cooperación y la asunción conjunta de responsabilidades, dos elementos cruciales para hacer frente a grandes desafíos globales como el cambio climático y las pandemias. Lo difícil será evitar nocivas interrupciones durante el largo y complicado proceso hacia ese objetivo.

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